¡Odio los chismes!Ayer al mediodía estuve tomando unas cañas con la solterona Maripili, que me contó, con todo lujo de detalles, el divorcio de la confitera Alejandra. También vi a la Isabel, la dueña de la ferretería del barrio; sí, esa tía que es mu religiosa, y me habló de los rezos a la Virgen, y también de las cosas impías que sucedieron en la Batalla de Lepanto, y por último del rollo macabeo de la puta mulata del barrio, ¡que otra cosa no, pero cuerpazo tiene la tía!
Sobre las nueve, mientras uno de mi amantes y yo estábamos en plena faena haciendo, bueno… “haciendo eso”, hablábamos del oficio de puta, que, desde luego, es una gran putada; esas pobres mujeres están sometidas a los caprichos sexuales de los hombres; y, al final, tampoco es que ganen pasta como para tirar cohetes.
Ya en mi casa, después de almorzar, salió a relucir el tema de la herencia de mi abuelo, que se quedó sin ella por mor de mi tío Camilo. Hablamos también de la finca de campo de mi abuela, que iba a ser para mí, pero mis hermanos Apolonio y Torcuato se oponían, y también salió a escena el serial ese del cadáver de Franco, que si lo sacan del agujero, que si no lo sacan, que donde lo meten, que adónde lo van a llevar...
¡Harta ya de tanto chismes, qué los odio a muerte, me levanté de un tirón de la silla y me fui de nuevo a la calle!
Casi anocheciendo, estuve con la guapa gitana Chari, y me largó eso que le ha pasado al bailarín Amargo, del que dicen en la jerga de calle que es drogata y que lo van a meter en la trena
A las doce, y ya en mi cama, no podía dormir. La verdad es que estoy hasta el coño de tantos dimes y diretes. Me dieron las cinco de la madrugada esperando a Morfeo, que seguro estaría de cachondeo.
Me he levantado esta mañana a la ocho, totalmente embotada, y más aburrida que un matrimonio nonagenario de ostras, porque ahora son las diez de la mañana y no veo a nadie en el barrio para que me cuente un chisme.
A Chávez LópezSevilla may 2026