Hola a todos,
Para los que me conocen y han visto mis escritos de pronto no les he contado esto. Pero desempolvando mis viejos escritos encontré una novela completa que había dejado en el olvido. Mas de 100.000 palabras muestra el contador. Se puede considerar una obra colosal y considero haberle dedicado 5 o más años de mi vida. En este punto te estarás preguntando ¿Cómo puede ser posible que un escritor haya olvidado algo así? Pues radica en el género en el cual está escrito... Oh sí, esta obra tiene un alto contenido erótico al nivel de ser el más común porno de cabecera que abunda en el internet.
Para allá voy... No pienso llenarme de excusas acerca de lo que escribí en mis inicios y considero que no es mi mejor obra, sino mi primer intento. ¡Recuerdo que se vendía bien! Muchos comentarios y personas me aplaudían la astucia. Pero no he llegado al meollo del asunto... a la parte más... bueno me dejo de rodeos y digamos que está basado en una historia real... más o menos. Claro que tomé medidas y ciertas circunstancias y nombres fueron cambiados, pero dicho contenido, solo recomendado para adultos tiene sus bases en algo real.
Han pasado los años y me he arrepentido de haber escrito eso... como muchos otros (si hablo de tí, Reyes querida) pero vaya que no sé... Opiniones son bienvenidas.
Comentarios
oye, en serio, no tiene nada de malo. Al volver a leerlo, ¿qué te parece? ¿Qué impresiones tienes, independientemente del género?
Si crees que está muy subido de tono, te podemos ayudar a ponerlo en un término medio, considerando que lo pondrás 'para mayores de 18 años'.
Nada es desperdiciable si sabes manejarlo y transformarlo, así como tus otros textos. Solo hay qué encontrar tu nicho de mercado y tu público objetivo.
Muchas personas que lo leyeron se sorprendían y me decían que le parecía todo muy real... recibí críticas negativas también, pero la mayoría fueron positivas. Una chica se volvió como loca cuando me habló del personaje principal, diciendo que era una chica igual a ella...
Tengo buenos recuerdos de un muchacho que me dijo que nunca había leído nada en su vida, pero leyó la primera parte (porque la dividí en 3 partes) en un día.
Carlos: pues es que el tema principal de la historia es tres jóvenes que quieren hacer un trío... no sé como bajarle el tono a eso...
Tendré que subirlo para que lo lean y me digan... supongo.
Igual si pones una advertencia previa?
En mi caso si lo que subía era muy turbio (ya no por lo sexual sino pues no sé, abordando algún tema fuerte) solía poner algo como: "Advertencia: algunas escenas en esta narración podrían herir la sensibilidad del lector", y luego adjuntaba como "tags" o etiquetas los trigger ("suicidio", "anorexia", "violencia", lo que fuera).
En el caso del sexo... creo que lo que ponía era: "Advertencia: este relato contiene escenas de sexo explícito, lenguaje vulgar (porque je, yo no era de las que literariamente ponían "pene" o "vagina", aunque me inventaba eufemismos metafóricos muy interesantes xd pero ya me entiendes), etc".
Así con ese warning previo pues... quien no le seducía esa temática, pasaba de largo (xDDD o sea nadie xDDDDD, todos al morbo xD).
la estrategia de marketing con psicología inversa¿??
Tres somos multitud
1- William - "El virgen"
– ¿Podrías hacerme sexo oral? – Me preguntó.
Su voz alta y serena retumbó en las paredes de la sombría biblioteca.
Laurel despegó sus ojos aceitunados del libro que sostenía en las manos. Su sonrisa era tenue, pero parecía más una mueca forzada para ocultar una rabia incontrolable. Su voz me frenó en seco a unos pasos de la mesa donde se había sentado. Volvió al libro mientras me acercaba para tomar un asiento a su lado. Mis manos temblaban temiendo otro comentario soez.
– Ese es el libro que dejó el profesor Bigotes para el parcial– agregué sin perder mi tono de voz aburrido-cortés.
Laurel estaba sentada en una de esas incómodas sillas de madera, en una mesa marrón tan amplia que bien cabrían seis personas y sus libros, pero se había sentado sola.
La biblioteca de la universidad era un amplio compendio de libros y casi siempre tenían muchas copias del mismo ejemplar, lo cual era muy útil, sobre todo cuando se trataba de un libro clave para un parcial. Me había demorado en llegar hasta la biblioteca por andar divagando concentrado en cosas sin importancia como siempre me solía pasar y la última copia se la habían prestado a ella, me había dicho el bibliotecario.
El semestre apenas empezaba y ya me habían advertido que este profesor era el más complicado de todos.
– Te llamas Laurel ¿Cierto? Yo soy…
– William – Me interrumpió.
Miré sus verdes ojos una vez más. Esta vez no cabía la menor duda del fuego en ellos.
– Eres un imbécil, William. – Se aseguró de enfatizar mi nombre.
– ¿Por qué?
Ella soltó un suspiro.
– El hecho que hagas esa pregunta te hace un imbécil.
– Pero…
– Come mierda y vete de aquí.
No podía irme de ahí sin ese libro. El parcial sería difícil y ella lo sabía.
– ¿Hay alguna manera de que me lo prestes cuando termines?
– Ya te dije. – La miré extrañado, ella torció los ojos un momento, luego se recostó al espaldar de su silla y lanzó una maldición. Todo esto sin soltar el libro de sus manos. Luego se acercó a mi hombro para decir en voz baja – Primero debes hacerme sexo oral.
Un sudor frío recorrió mi espalda en ese momento. La miré y pude notar cómo se divertía.
No entendía por qué me trataba así, pero no iba a permitir que se quedara con el libro que necesitaba.
– Mira enana cuatrojos, no me importa si tienes el periodo, necesito el libro; no tengo tiempo para discutir contigo…
– ¿Eres gay?
– No. – Respondí extrañado.
– Vuelve con tu mami a llorarle. Dile de paso que te dé un beso, se nota que te hizo falta que te besaran de niño.
¿Cómo puede saber algo como eso? Pensé para mis adentros. Empecé a perder la cabeza, si no es que ya la había perdido.
– No entiendo, solo hice un pedido razonable… – Dije, tratando de volver al tono conciliador.
– Muy bien señor tucán – interrumpió mi discurso dejando caer dramáticamente el libro
sobre la mesa – todo tuyo, tómalo.
¡Vamos idiota! ¡Di algo! – Dijo una voz en mi cabeza, pero no pude acatar la orden.
Dudé un momento; no fue tan largo como para que pareciera indeciso.
– ¿Eres virgen? – Me preguntó.
Ella se levantó mientras yo me hundía en mi asiento. Al acercarse pude percibir su perfume, una fragancia floral deliciosa y coqueta que puso mi corazón a latir. Sujetó mi hombro para susurrarme al oído.
– Cuando una mujer te dice que tomes algo, hazlo. No esperes que cambie de parecer.
Sobre la mesa estaba su bolso, el estuche para sus gafas, un abrigo que llevaba siempre consigo y el libro que no pude tomar. Ella recogió sus cosas muy lentamente mientras yo me quedaba ahí sin saber qué decir. Se fue con el libro y con mi aliento. Me quedé mirando el bamboleo de sus caderas mientras se alejaba. No sabía por qué la amiga de mi amigo Aníbal me trataba así.
Mi amigo me había advertido que debía prestar mucha atención a la información de Bigotes si quería pasar sus parciales; ahora la única copia que quedaba del libro se estaba alejando lentamente sin yo hacer nada.
Aníbal y yo habíamos sido amigos, buenos amigos, desde que estudiamos juntos en el colegio. Él era un poco más alto que yo, pero yo un poco más robusto. Él llevaba cabello largo y yo usaba un corte formal. El usaba jeans y suéter y yo pantalón y camisas. Yo jugaba en el carril superior y él en el inferior. Su forma de ser le impedía presentarme a otras chicas. Jamás nos presentó, supe que ella se llamaba Laurel porque siempre la llamaba por su nombre frente a mí. Se habían conocido hacía dos semanas o un poco más, a decir verdad, no puedo recordar con exactitud.
Me pasé la tarde buscando el libro por internet, pero como era de esperarse no pude encontrarlo - ¿Cómo mierda no encuentras un libro en internet? - La desgracia había caído sobre mí. Ahora mi única esperanza era que mi amigo tuviera algo que me ayudara.
Habíamos salido de la universidad cerca de las cinco de la tarde; ambos caminábamos hacia el paradero del bus.
– ¡Oye dientón! ¿La tuya o la mía? – Le pregunté a Aníbal para saber a qué casa iríamos.
Yo prefería ir a su casa porque él vivía solo con su abuela y ella, o bien estaba durmiendo o no estaba. También me gustaba ir a saludar a mi viejo loro Rocky, al cual le había enseñado a decir toda clase de vulgaridades y reírme un rato como cuando estábamos en el colegio, años atrás.
– Esta noche no puedo, William.
– ¿Por qué? – No esperé su respuesta – Hablando de otra cosa ¿Sabes lo del parcial del profesor Bigotes?
– ¿Pidió un libro?
– Si, no lo pude conseguir en internet.
– Ese libro solo está en la biblioteca de la universidad, si no estoy mal él mismo lo escribió, pide todos los trabajos de ahí.
– Y yo que pensaba que calculo diferencial sería más difícil. Sabes, más temprano… – Pensé en contarle lo que había pasado en la biblioteca, pero decidí que lo mejor era no decir nada.
– No te preocupes, ella me contó– Hice una breve pausa, como tratando de asimilar qué había pasado, luego seguí caminando, en mi mente la única alternativa posible es que ella le había contado algo muy diferente a lo sucedido. – ¿Lo eres? – Aníbal se jorobó un poco.
– ¿A qué te refieres? – Mis manos se enfriaron.
– Nunca se me había ocurrido preguntarte, ¿eres virgen?
Nos detuvimos en la esquina, ambos teníamos que cruzar. Aunque había un puente peatonal que nadie usaba, era extremadamente alto y con muchas escaleras, se veía viejo y abandonado, además habíamos escuchado que a partir de ciertas horas de la noche era peligroso usarlo. Logré ver un ave posarse extrañamente en la carretera, tomó una pequeña ramita del piso en su pico y se elevó rápidamente; la vi dirigirse a los postes llenos de alambres que había a un lado de la carretera.
Era una calle de doble calzada la que había que surcar y aunque los carros pasaban siempre muy rápidos y con afán, eran muchas las personas que optaban por atravesarse en su camino para cruzar, después de todo no ha habido un accidente en años.
– No, solo no tengo mucha experiencia– Traté de oírme sereno al contestar.
– ¿Seguro?
– Seguro.
– Dale. Crucemos después del bus.
Cruzamos la doble calzada casi corriendo; mi bus estaba pasando en ese momento.
– ¿Sabes dónde venden cargadores de celular? El mío está molestando mucho. – Preguntó Aníbal.
– Yo que voy a saber... jugamos a la noche– Le alcancé a gritar mientras subía al bus.
Al dejarlo mi celular empezó a sonar debido a un mensaje. Me di cuenta de otra llamada perdida de mi padre. Llamada que nunca devolví.
Un tímido “hola” de un número desconocido con una foto de perfil de Katy Perry. Antes de poder preguntar el siguiente mensaje llegó esclarecedoramente desconcertante:
LAUREL: ¿Aun quieres el libro?
En breve, hoy mismo, te hago un análisis de tu texto. Voy a avanzar en el trabajo para darme un rato libre. De antemano te diré que es muy interesante y con lo que respecta a mí, has atrapado mi atención.
Tendrías que repasarlo entero, y son 100,000 palabras, ¿por qué no puedas a reescribir los dos primeros capítulos y ves si merece la pena?