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Desde hace mucho tiempo te vengo observando. Tus noches siempre son las mismas. Hasta la madrugada, aguantas viendo algo infumable en la televisión, abollada en el sofá de dos plazas que ahora es sólo para ti. El gato se te sube a las piernas y se hace un bollito apretado sobre ellas. Tus ojos velados se parecen a los de un pescado muerto, y yo me hago siempre la misma pregunta: en una escala del uno al diez, ¿cómo de viva te sientes esta noche?
Te vas a la cama a una hora tardía que tú misma juzgas como absurda. Pareciera que en efecto te da pereza acostarte, sólo porque hacerlo significa moverte, desplazarte del sofá. ¿O acaso te da miedo la cama vacía? La oscuridad del dormitorio parece siempre hambrienta.
El gato hace su vida nocturna. A veces se va a la cama contigo, cuando tú ya estás dormida, y trastea entre tus pies. Es terrible cuando se vuelve psicótico y los ataca, agarrándolos entre las patas para hincarles bien el diente como si fueran una presa. Normalmente te despiertas unos segundos antes de que eso pase, al sentir que él camina sobre la sábana, extremadamente cauteloso pero tensándola sin remedio entre tus tobillos.
Aunque no siempre el gato va a la cama, eso es cierto. En alguna ocasión se ha quedado dormido en el salón sin querer, y de pronto despierta y te llama maullando. Maullidos de elevada frecuencia sonora, en alta fidelidad, que a ti te hacen pensar que el animalito ha tenido una pesadilla y te necesita para sentir que regresó al mundo real. Como madre abnegada, te levantas y vas a calmarle. Y luego te lo llevas contigo a dormir contra el calor de tu cuerpo, abrazando su feliz ronroneo en el latido de tu corazón.
Los dos sabemos que, salvo pequeñas variaciones, tus noches siempre son las mismas. La monotonía te engulle, infinita y eterna. Lo que te deja varada es cansancio, ese tipo de cansancio como un ruido sordo de taladro en el voraz silencio de tu alma. Cansancio y otra cosa.
Los dos sabemos que sólo hay un modo de salir de esto, y que si no te has matado es por el gato. Eres fuerte, mucho más de lo que crees. Por eso me he fijado en ti. Por eso me gustas.
Esta noche también harás lo mismo. Aunque sabes que la voz en off de la televisión no sirve para aliviar el dolor, seguirás durante horas conectada a ella. Te acolcha el alma y te separa de ti misma, así que funciona como anestesia por un rato.
Te arrastrarás hasta la cama cuando por fin los párpados se rindan. Probablemente aun así tardes en dormirte, pero tranquila, que no hay prisa. Tenemos todo el tiempo del mundo; todo el insomnio del mundo por delante para disfrutar despacio el dolor del vacío, gota a gota.
A una hora absurda, te despertarán los movimientos del gato sobre la cama, tensando la sábana entre tus pies. Y justo cuando te percates de que algo frío te ha rozado el empeine, escucharás desde el salón maullidos en alta fidelidad que esta vez no tendrán sentido ni podrán salvarte.
Para cuando tu cerebro se dé cuenta de lo que está ocurriendo, yo ya te habré arrastrado conmigo.
Comentarios
Es un relato sorprendente; original, bien escrito. Un terror que no es físico o externo sino una metáfora de la cotidianidad vacía, de la soledad dopada por el entretenimiento de consumo...; horrores de los que es mucho más difícil escapar. No sé si el "monstruo" es la depresión.
"Lo que te deja varada es cansancio, ese tipo de cansancio como un ruido sordo de taladro en el voraz silencio de tu alma."
Me ha encantado.
Gracias por esto. Sí. Al principio había titulado el relato "Dime cuál es mi nombre".
Para mí sí es la depresión. Aunque, jugando en ficción, me permití fantasear con hacerla un "monstruo" corpóreo que atrapa también en el plano físico.
Un abrazo.
Ideal para una noche de insomnio. Lo bueno es que no tengo gato.
jajajajajja... Perro tampoco tienes?
Mis géneros preferidos son de terror, vaqueros, aventuras y policíaca.
Yo vivo con una gatita gorda de rayas, la verdad es que me muero por los gatos!
Aunque cuando lo digo de esa forma, parece que soy todo un rescatista, pero nada cerca de serlo. Solo he rescatado a un animal de la calle cuando por varios días seguidos vi como el pequeño gatito se acercaba a escudriñar unas bolsas de basura por comida. Cuando vi que un perro le atacaba, mi corazón lo defendió y lo llevé a casa.
Es un gato blanco con negro, con el hocico húmedo y los ojos grandes y redondos. Nero es sin duda muy tierno, siempre me sigue a todas partes y me anima cuando ve que estoy tenso o estresado por mi trabajo (trabajo desde casa) Por un momento tu historia me lo recordó. Aunque nunca me había puesto a recordar que yo lo salvé, él me motiva todos los días a cuidarlo.
Espero leer tus aportes también en Literanóicos.
Alex, te entiendo mucho. Como dice Charly, eres su papá humano.
Yo sostengo que son los gatitos los que adoptan gente, jaja. En serio, mi gata vino detrás de mí porque ella quiso, empeñada en meterse en una casa donde había dos perros viviendo (aparte de los humanos que vivíamos ahí que también éramos bien perros xD, pero me refiero a dos cánidos de verdad)!
En ocasiones los mininos nos traen ratones porque consideran que somos incapaces de cazar.
Era cariñosa Cleo? La tomabas en tu mano? Qué le dabas de comer? Cuántos años vivió? Llegasteis a tener vínculo afectivo? (en serio que siempre quise saber de estas cosas pero nunca conocí a nadie que tuviera un amigo animal arácnido...)
besos, Charly.
Yo era de los que pensaba que los gatos eran ariscos, independientes (bueno igual es que la mía es gatita extraña con dependencia emocional), ya sabes, todas esas cosas que a veces se dicen de los gatos, pero esta me partió en dos todos los esquemas. Lo hacemos todo juntos. Hasta se mete en mis pesadillas como animal talismán xd.
Sí. La depresión, la soledad y sentimientos partidos... hay estados mentales y del corazón que crean monstruos, verdad?
El título está trabajado, sí. Le doy muchíiiiisimas vueltas a los títulos, porque me es muy difícil ponerlos. Tremendamente difícil.
Este relato forma parte de un relatario que se llama "Pandemonium". Son relatos independentes, aunque algunos de ellos podrían estar relacionados, y lo que tienen en común es que en todos ellos está presente un "demonio"... demonios de diversos tipos. Al principio titulé el relato como: "Dime cuál es mi nombre" porque, en mi cabeza, nombrar monstruos o demonios es importante (dijo la que se pasó 5 años de terapia intensiva poniendo nombres a lo innombrable xd). Pero me parecía muy obvio. Así que tomé la "Fidelidad", y durante un tiempo el relato se tituló "Fidelio". Pero "Alta fidelidad" me gustaba más por el acorde del maullido del gato... así que de ese modo lo cambié.
Un abrazo. Muchas gracias.
A regañadientes mis padres me permitieron tenerla, siempre y cuando no la dejara andar sola por la casa. Mi abuela me amenazó conque si ella veía a Cleo fueras de su caja especial para tarántulas, que la iba a matar de un pìsotón.
Pasaron los meses y Cleo creció al tamaño de mi mano abierta. le daba de comer grillos y chapulines (saltamontes), Así estuvo año y medio conmigo.
La sacaba de su caja y ella se dejaba querer. Me la ponía en mi pecho y andaba por mi espalda, en mi cabeza, e incluso, muchas veces la tuve en mi cara, ante el espanto de mi familia.
La quise mucho y ella me quiso a mí. Nunca me mordió y se dejaba acariciar. Le daba de comer sus grillos en su boca y se ponía triste cuando pasaba casi todo un día sin que yo la viera (Andaba yo en la escuela y con mi grupo de rock and roll).
Nunca la saqué para mostrarla a todo el mundo, ya que yo era muy celoso. Mi tarántula era mía, solamente mía y yo solo podía disfrutar de la compañía de Cleo.
Es un cariño comparable al que le puedes tener a tu gata o a tu perro.
Un día que llegué de la escuela, estaba yo comiendo y de pronto escuché un grito que me hizo saltar. Era mi abuela, que gritó: ¡¡¡lLA ARAÑAAAAA!!!
Después del grito, escuché un ruido fuerte... ¡Mi abuela la aplastó de un certero pisotón y la mató! Yo quedé en shock y ella me dijo: '¡Te lo advertí! ¡Esa araña se salió y tuve qué matarla! ¡No permitiré que un bicho así ande por toda la casa!'.
Fue la única ocasión en mi vida que odié a mi abuela, aunque el coraje solo me duró como tres semanas, ya que al fin y al cabo el cariño que le he tenido durante toda mi vida fue mayor que lo que ella había hecho.
Pero ese día, yo tuve inmensas ganas de dar un pisotón y decir: ¡¡¡LA ABUELAAAAA!!!
Recuerdo que lloré... Lloré mucho y es la única vez que derramé mis lágrimas por la muerte de una mascota. Hasta la fecha tengo la foto de Cleo enmarcada en un cuadro y yo la sostengo en una mano.
Escribir todo esto, a pesar de los años que han pasado, los recuerdos me están poniendo un poco sensible, por lo que aquí detengo mi escritura...
Jo.
Sabes que siento que me acabas de contar una historia preciosa? Gracias. Aunque ese final para ti tuvo que ser tremendo.
Amigo, ¿me das permiso para tejer algo con esto en escritura? Para mí sería como hacerte un regalo o intentarlo, después de lo que me acabas de regalar tú.
Así es la vida, que muchas veces supera en mucho las historias que se nos puedan ocurrir. Cleo es mi mascota inolvidable y no he tenido otra mascota en mi vida, ya que para mí sería usurpar su recuerdo en mi corazón.
Tengo algunos hijos en Amazon (creo que 7), pero no están bien. Era muy joven cuando hice eso... no quiero que nadie se gaste dinero en ellos, o al menos no porque yo se los muestre. Pero si ahora que tengo más paciencia puedo hacer algo mejor, te lo compartiré (y te lo regalo).
Muchas gracias