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12-COMPETENCIA

Marzo del año 2049.

El estado de Nueva Esparta, compuesto por tres islas que suman 1150 kilómetros cuadrados, es el más pequeño de los 20 estados de Venezuela y el único compuesto enteramente por islas. Dicho estado también es uno de los principales polos turísticos del país.

Tras haber disfrutado de los cuatro días del carnaval de Barranquilla, André, Dalila y Lucia, volvieron a la acción. Por órdenes de uno de los jerarcas de la Orden del Libro Verdadero, han llegado hasta el país sudamericano a desbaratar una rebelión encaminada a «liberar» al estado insular de la «dictadura pagana» que hoy lo gobierna.

Luego de desbaratar la rebelión antes de que comenzase, se han tirado a disfrutar de la playa El Agua, ubicada en la isla Margarita, cuya gran cantidad de carpas a lo largo de la misma, revelan que es una de las más concurridas del Caribe y de toda América del Sur. Pero, al ser media noche, esta se halla vacía, así que pueden darse el lujo desde la distancia, ver arder el barco donde se hallaban los rebeldes y descansar un poco antes de bañarse en el mar.

—A ver mis amores, yo quiero que me respondan: ¿ustedes que comieron? De Lucia, no me extraña, porque el día que no me saque un hechizo nuevo, se acaba el mundo. ¿Pero usted? André, ¿yo qué le hice para que no me contara que ahora sabe hacer esa magia? ¡Severo poder y yo no me lo se! ¡Si no me enseña a hacerlo, dejo de ser su novia ya mismo! —protesta Dalila, ya que percibe que sus compañeros se han vuelto más fuertes que ella, y no quiere sentirse rezagada.

Para la ocasión, la vampiresa, de piel trigueña, usa un suéter descaderado que deja al descubierto su tonificada barriga. Dicho suéter está empastado con un pentagrama satánico, simbolizando su aceptación del remoquete de «La Diabla». También usa botas de campaña y un pantalón ajustado, adornado con cadenas decorativas y tirantes rojos que resaltan con su ropa negra, propia de la moda gótica, muy de moda entre los adolescentes de la década del 2040.

Mientras Lucia cayó en el juego de Dalila y le dirige a André una cara de preocupación, él, quien la conoce de más tiempo, solo sonríe con malicia:

—Amor, te has vuelto complaciente. Quizás te he descuidado un poco, pero prometo que mañana te enseñaré.

Dalila cambia su expresión frustrada por una sonrisa amena. André ha demostrado como manejar los caprichos de su primera novia.

—Chicos, quisiera disculparme con ustedes por lo que pasó en Barranquilla. —expresa Lucia, quien se halla de rodillas sobre una toalla tirada en la playa.

Ella usa un sensual top que deja buena parte de su torso al descubierto, una falda corta adornada con aros en la cintura, con cadenas que cuelgan de estos, y calza unas botas que llegan hasta sus rodillas, siendo el negro, el color dominante en todas sus prendas. Su estilo gótico, que coincide con el de André y Dalila, es señal inequívoca de su inclusión en su relación amorosa; sin embargo, el tatuaje de Camazotz, el «ángel maya» con forma de murciélago en su brazo derecho, indica que ella sigue, en términos generales, fiel a sus orígenes.

—¿Por qué querrías disculparte? Según recuerdo, tú misma nos dijiste que esos fueron «los cuatro días más felices de tu vida». —dice André, extrañado, quien está echado en una silla playera, a la izquierda de la humana.

Amante de la elegancia, usa una larga gabardina sobre un traje negro de inspiración victoriana, que realza su origen aristocrático[1], mientras que su corbata color celeste, es indicativo de su maestría sobre el hielo.

—¿Y cómo no? Si ella bailó, tomó, jaló risa hasta jartarse, conoció y se tomó fotos con la reina del carnaval. Sin contar que los tres tuvimos tanto sexo que empañamos las lámparas del hotel… Ja. Lucia, en esos cuatro días, usted se corrompió tanto que, si ahora pone un pie en una iglesia, la quema. —expresa Dalila entre risas.

Lucia suelta una fuerte carcajada, admitiendo tácitamente esa afirmación, y agrega:

—No me refiero a eso, sino a lo que intentaron hacer después de nuestra primera noche juntos.

—¿Convertirla en vampiro?

—Sí, Dalila. ¿No sé qué pasó? Bebí de su sangre, pero nada sucedió.

André empieza a frotar cariñosamente la cabellera verde de Lucia, mientras explica su teoría:

—Muñeca, ya hablamos de eso. Creo que tiene que ver con tu habilidad de regeneración. El vampirismo es producto de un virus mágico que altera el ADN humano. Cuando convertí a Dalila, mi sangre alteró su cuerpo y mente, haciéndola más fuerte y…

—¿Violenta? —Lucia toma abruptamente la palabra, mientras se retuerce de placer.

—Si. El virus básicamente convierte a una persona común y corriente en una máquina de matar, armada con el poder de la magia. Somos la respuesta a los lilims de la Atlántida: nos hacemos fuertes, pero nuestra voluntad sigue intacta. —replica André, mientras cede su turno a Dalila, quien empieza a frotar sensualmente a la humana.

—Y gracias a los poderes de Taylor, sus anticuerpos deben estar a tope, así que no puede enfermarse. O sea, no puede ser convertida en vampiro. Mala suerte hermanita. Nunca será parte del club de los amos de la noche.

Tras escuchar lo dicho por la vampiresa, la humana hace una expresión de sorpresa. Y sentimientos encontrados también:

—Vaya, lo de que no me puedo enfermar, está bien nítido, pero malo que no pueda ser como ustedes.

Tanto André y Dalila notan que Lucia ha quedado triste y cabizbaja, por lo que él le pregunta:

—¿Qué te sucede?

—Quisiera vivir por siempre, con ambos. Por eso quería que me convirtieran. Pero ahora, voy a tener que conformarme con seguir siendo humana, envejecer y…

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