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El hómbre sin sómbra I/II

evilaroevilaro Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
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http://www.evilfoto.eu/pagina_cuentos/cuentos_69.htm

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El hómbre sin sómbra
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Perdóne, no sé si se ha dádo cuénta, péro ustéd no tiéne… cómo lo diría, sómbra.

Al fin me han descubiérto, qué póco observadóras son las persónas, lo que han tardádo en vérlo. La verdád es que a pesár de intentár ocultárlo, cáda vez he sído más descuidádo.

He dejádo de tomár precauciónes y tánto va el cántaro a la fuénte que al finál se rómpe. Créo que me pasé tres puéblos al dejár de caminár sólo por las nóches y de paseár por sítios póco iluminádos. Péro es que el día es tan béllo y así al finál, tódo se ha descubiérto…

Pués sí, no téngo sómbra. Y ustédes dirán, ¿y cuál es el probléma? Pués que yo ya no exísto désde que la génte se ha enterádo. Al vérme, es instantáneo, tódos mirán a mis piés, no a mí, buscándo lo que no exíste… mi sómbra y preguntándome mil véces, ¿por qué no la tenía, cómo la perdí y qué se sentía? Lo gráve de tódo ésto es que lo importánte ya no soy yo, síno lo que me faltá, mi sómbra.

¿Por qué úna cósa que mirámos tan póco cuando caminámos, se puéde volvér tan importánte? Yo ya no soy nádie, no puédo salír a la cálle o paseár con los ámigos con tranquilidád, ya que tódos me míran… a mis piés, ya sé que a los grándes artístas les pása lo mísmo, péro el sérlo es su mérito, el no tenér sómbra es no ser náda.

Y ésto ocurrió de la manéra más tónta; estába corriéndo muy rápidamente por el párque, cósa que cási núnca hágo, cuando salté pára no tropezár con úna piédra, al hacérlo pegué tan fuérte con la ráma de un árbol que no había vísto que frené en séco. Mi sómbra que al yo saltár y tal vez asustáda por mi gríto de dolór, se había separádo de mí y continuó su márcha.

Al ver que se había alejádo múcho, pués hízo el gésto de acercárse, lo mísmo que híce yo. Cási volvímos a pegárnos, vi que temblába, que dudába, se alejó únos pásos, se quedó… yo diría pensatíva y al finál se alejó corriéndo. Espéra le díje, no te váyas. ¿He sído tan cruél con élla que ha decidído abandonárme?

¡Qué belléza la de élla corriéndo sóbre el vérde césped de la colína!

Como éste hécho ocurrió en cósa de pócos segúndos, y su decisión había sído bastánte rápida, me dió la impresión de que que ya había tenído tiémpo de recapacitár ántes sóbre éste posíble sucéso. Ya debía habér pensádo si el estár siémpre pegáda a mí éra álgo positívo. Siémpre dependiéndo de lo que yo hiciéra, teniéndo que ir por obligación a dondé yo íba. Que su tamáño éra según la hóra del día en que yo salía o al ángulo de los eleméntos que nos iluminában.

Si estóy tocándo tiérra, la sómbra es inseparáble. Córta o alargáda, núnca se repíte y se adelánta o atrása, péro siémpre pegáda. La sómbra sólo se sepára de mi si vuélo o sálto y siémpre es négra, oscúra o gris. Es sólo mi perfíl, náda por déntro, náda por fuéra, ni por debájo ni por encíma. Como si fuése úna cartulína négra que álguien ha recortádo. La sómbra núnca tiéne sómbra o tal vez la súya soy yo. A la sómbra siémpre le tóca la oscuridád, núnca ve el sol, qué trísteza, la sómbra y la luz núnca se ven.

¿Cómo será su vída sin ésa atadúra?, ahóra pudiéndo ir a donde y cuando quiéra. Y por la nóche, ¿existirá, o símplemente será invisíble? Y su tamáño y fórma, ¿seguirá cumpliéndo las léyes de la física y siéndo la que tendría si estuviéra atáda a mí?, será iguál o más inteligénte que yo, ¿se habrá llevádo álgo de mis sentimiéntos con élla?

Úna vez que yo mirába désde jústo el bórde de un acantiládo y la sómbra colgándo de la montáña, noté únos tirónes en mis piés, al retirárme desapareciéron, si la situación hubiése sído al revés, yo también tiraría.

Por mi párte ahóra sin sómbra me siénto desamparádo, ahóra que me fálta no puédo dejár de buscárla. Cuántas cósas necesitaré perdér en ésta vida, pára sabér cuánto valían.
* * *

Me debía estár vigilándo, tal vez me añorába ya que días después, y pára justificár y explicár su abandóno, me víno a visitár.

Pués no créas que me separé de ti, por ser tú me díjo, con gánas de hablár. Téngo pócas quéjas, o mejór dícho las mísmas que podría tenér si fuése la sómbra de cualquiér ótro. Como tú díces, me veía obligáda a seguírte a donde tú querías, si bién agradézco que te encánte paseár por la nóche, me siénto mejór cuando tódo a mi alrededór es de mi mísmo colór, no el bríllo del mediodía. Ódio que me písen, no lo puédo aguantár y ésta es la mayór razón pára abandonárte. Ahóra ya líbre, no sábes cómo me encánta subír por las parédes y múros, así evíto múchos pisotónes.

Me espéra úna temporáda de adaptación a mi nuéva vída, ver qué posibilidádes voy a tenér y qué limitaciónes téngo. Mi relación con ótras sómbras me preocúpa, ya he vísto algúna que al vérme sóla, me ha mirádo de manéra muy curiósa. Y lo mísmo que te preocúpa a ti, me pása a mí, me míran, péro no a mí, síno pára ver ¿dónde estás tú?

A véces me diviérto, ya que he lográdo podér cambiár de fórma a voluntád. Cuando álguien camína por úna lárga paréd blánca, me póngo a su ládo «en la paréd» con cualquiér fórma que se me ocúrra y lo voy siguiéndo. Deberías ver la de reacciónes increíbles que la génte tiéne cuando se dan cuénta.

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