El que escribe bien lo sabe, porque luego, lee lo que ha escrito y le puede parecer bonito o feo, atractivo o mediocre.
Se trata de que lo que se escribe capte la atención durante el mayor tiempo posible y cuando deja de hacerlo, parar para seguir otro día u otro momento, que la narración no pierda interés en ningún momento. Así pasa con novelas como "Cien años de soledad" o "El idiota". Nunca pierden interés.
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Pero claro, el mensaje del texto debe ser contundente.