Ser etéreo que surca los cielos,
para llegar a sus parajes,
porque tal divina procedencia tenía
que pertenecer a la tierra no debía.
Traté de hablarte muchas veces,
pero nunca me respondías,
porque en el limbo de tu mente yacías,
y en la realidad ya no vivías.
La boca de la vida meditará sabiduría,
y la muerte dictará el juicio,
donde no hay quien apele,
tampoco hay quien le ordene.
Saber que no hubo un adiós,
saber que no hubo una despedida.
Saber que ya todo pasó,
hasta pronto, hija mía.