Primeras páginas de la novela en la cual ando últimamente devanando mis neuronas. Se admiten críticas y comentarios... siempre que sea del tipo benébolo,cordial, amable, complaciente...En fin del tipo que agrada a un progenitor que sea considerada y recibida su criatura al ser presentada al mundo.
-TRANSMUTACIONES ONIRICAS-
Francisco López (Fisquero)
Mi experiencia no me permite dudar que el hombre, al perder su consciencia terrena, se ve de hecho albergado en otra vida incorpórea, de naturaleza distinta y alejada de la existencia que conocemos, y de la que sólo los recuerdos más leves y difusos se conservan tras el despertar.
“Más allá del muro del sueño”, Howard Phillips Lovecraft
-31 de Diciembre año 2006
En el edificio 15 Central Park West de Nueva York, meditando se hallaba uno de los hombres más ricos y poderosos del planeta, indeciso estaba en cuál escoger de los numerosos trajes colgados en el armario ropero, cuyas dimensiones ocupaba sesenta metros cuadrados, de los seiscientos restantes que disponía el apartamento al completo en la séptima planta del edificio. Meditaba el hombre cuál de ellos se pondría aquel día, y cuál de las múltiples camisas harían juego -con él color negro por supuesto- del traje que tenían en mente escoger y con las centenares de corbatas que colgaban perfectamente alineadas y dispuestas en las perchas diseñado al efecto.
Cuando resuelto el dilema, ya se disponía a colocarse en la muñeca uno de los muchos relojes de marca, que se hallaban perfectamente ordenados, en un cajón de la mesita de noche continuo al que contenía los gemelos de oro, que debían de ir a juego con el reloj de pulsera, fue en ese preciso instante que le asaltó una vaga sensación de nostálgica melancólica, al venir a su memoria el hecho de que tan sólo hacía cinco años atrás, él mismo, careciese de todos aquellos lujos, e incluso de lo más elemental para poder sobrevivir dignamente, a decir verdad en aquel tiempo pasado, podría decirse -y nuca podría ser más apropiado decirlo- que ni siquiera él, era él, mismo.
Aquel día, ya a punto de finalizar el año, tendría la oportunidad de acceder a la llave, con la cual podría cerrar la puerta de su destino y sellar para siempre el pasado.
Muchos años y mucho dinero, combinados con el denodado esfuerzo de varias agencias de detectives, habían conseguido, tras seguir varias pistas fiables que les guiaron a través de diversas partes del planeta, dar por fin con aquella enigmática y extraña mujer, mediante la cual hoy por fin, él podría cegar para siempre aquella fisura creada en la mente, el espacio y el tiempo, por medio de una maldición, un conjuro, un encantamiento o lo que quiera que aquella mujer había lanzado sobre el verdadero Andrei Craciun hacía ya aproximadamente cinco años.
Nueva York, una mañana de Otoño cinco años atrás.
Año 2001- 10´ 30 AM
Consulta del Doctor Dithey Llikej– Especialista en psiquiatría y enfermedades mentales
El señor Andrei Craciun se hallaba recostado en el diván estilo Art Deco de la consulta del doctor Llikej, el cual dada la envergadura de las largas piernas del paciente, hacía que éstas sobresaliera proporcionándole un aspecto realmente incomodo y casi cómico.
-Y dígame señor Craciun ¿Hace mucho que sufre usted esas pesadillas a las cuales considera como alucinaciones… o visiones, que le producen tanta incertidumbre y angustia? – Interrogó el doctor empleando al tiempo una actitud y un tono de voz meditabunda.
-Pues no sabría decirle con exactitud doctor. Puede que seis u ocho meses… quizás un año – Respondió el señor Craciun, intentando inútilmente acomodarse en aquella pieza de museo, cuyas diminutas y retorcidas siluetas geométricas hacían imposible conseguir el propósito para el cual se suponía que había sido creada.
El doctor cruzó sus piernas y casi desapareció al hundirse en el cómodo y mullido sillón en el cual se hallaba sentado, al tiempo que se acariciaba el lóbulo de su oreja izquierda, para tras una breve meditación continuar con el sondeo de la mente consciente de su paciente.
-Así pues, dice usted que cuando duerme sueña vivir otra vida, y que ésta consiste en una obscura y miserable existencia, en la cual usted es el objeto de las insoportables exigencias de una esposa neurótica, y la tiranía de una prole de seis hijos insaciables, a los cuales ha de alimentar trabajando de sol a sol, realizando labores tediosas y mal pagadas. Y todo ello con el agravante de que dichos sueños se repiten cada vez con más frecuencia, y que durante los cuales, a usted le parece como si estuviese viviendo una existencia verdadera, siendo consciente en ella de saber perfectamente que sigue siendo Andrei Craciun, pero teniendo la sensación de que todo aquello que le rodea y sucede es real, lo cual le produce al despertar una gran angustia y depresión, así como un gran terror a volver a dormir, por miedo a regresar a esa vida de pesadilla.
Al tiempo que escuchaba las exposiciones del doctor, el señor Craciun -caballero elegante en apariencia y en su forma de vestir, pero de ademanes un tanto burdos que no entonaban con su fingido refinamiento- recorría con su mirada la consulta iluminada en penumbra, y en la que en sus paredes se podían apreciar unas figurillas mesopotámicas de las diosas del amor y la fecundidad, que al sentirse observadas parecía que iniciasen una sensual e insinuante danza encabezada por las diosas Ishtar y Anat, bajo la mirada severa y a la vez indiferente de una imitación a escala natural de la Dama de Elche, y el gesto atónito y escandalizado de unas mascaras africanas colgadas en el extremo opuesto de la estancia.
-¡Y ahora! ¡Contésteme con sinceridad! - La voz del doctor sacó al paciente de su ensimismamiento devolviéndole a la realidad. - ¿Cree usted que puede existir algún motivo en su vida cotidiana que motive ese persistente y sueño?
Turbios pensamientos cruzaron por la mente del paciente al recordar la última reunión de la Logia secreta “Patriotas y caballeros” ramificación perteneciente al poderosos club Bilberg, y a la cual pertenecía con el grado trigésimo tercero, en ella se negó rotundamente a ceder parte de sus beneficios a la secta, máxime cuando había sido rechazada su petición de accederle al grado de Maestro. No había él luchado y trabajado tanto para que ahora aquellos petimetres se beneficiasen de su esfuerzo; cierto era que gracias a aquella asociación secreta había conseguido muy buenos negocios, pero de ahí a ceder parte de sus logros había un buen trecho. Pero aquellos pensamientos no eran de la incumbencia de aquél doctor, y si por algún motivo cometiese la indiscreción de rebelarle algo al respecto, y aquello saliese de aquella consulta, probablemente tanto el doctor como él mismo no tardarían a ser hombres muertos. Así que lo que el señor Cracium respondió fue algo distinto a aquello que bullía en su pensamiento.
-¡No doctor, en absoluto! Soy propietario de varias línea aéreas, poseo gran parte de las acciones de los principales Bancos del país, las economías de los países más ricos del mundo… y de los más pobres, están en mis manos, vivo en la abundancia, las mujeres más bellas y espectaculares se me ofrecen a diario, no carezco ni me privo de todas aquellas exquisiteces que me apetecen, todo ello lo he conseguido gracias a mi esfuerzo y constancia en el trabajo, y también a mi férrea e inflexible determinación de no dar ni ceder en mis negocios ni el pan ni la sal a mis competidores, tanto a ellos como a mis empleados los manejo con mano férrea, utilizando todas las argucias habidas y por haber, para desembarazarme de ellos cuando ya no los necesito… y porque negarlo apropiarme de todo aquello que signifique riqueza y poder, no importándome en absoluto los medios; pero ello no ha sido nuca para mí motivo de remordimiento ni pesar -Después de haber hecho, con cargante petulancia, balance de sus “virtudes”, logros y éxitos, el señor Craciun se incorporó de su incomodo aposento para acabar suplicando-. ¡Nuca! ¡Jamás! He tenido ningún reparo ni remordimiento de conciencia por ello, ni ahora tampoco… pero… ¡Se lo ruego doctor! ¡No importa lo que cueste! Tiene usted que librarme de estos fantasmas mediocres y ordinarios que albergan mi mente y mis pesadillas, pues tengo la horrible sensación que en uno de mis sueños quedaré atrapado en ese mundo sórdido y ya nunca podré regresar.
-No se preocupe, su caso es típico en personas que han sufrido algún trauma en su pasado, el cual ha sido escondido en lo más profundo de sus subconscientes – Intervino el doctor Llikej intentando calmar la zozobra de su paciente-. Voy a someterle a una sesión de hipnosis regresiva mediante la cual indagaré en el interior de su mente, es allí donde hallaremos la respuesta a las pesadillas que tan obstinadamente le asaltan y perturban.