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Los enigmas, el encuentro, el lenguaje.

juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
editado diciembre 2014 en Narrativa


Escribir me hace escapar de ciertas cosas.

No escribo por la fama y la fortuna, escribo como un niño que hace una travesura. Escribo y luego me rio leyendo y releyendo lo que escribí antes. A veces me emociono y salen algunas lágrimas, no es llanto es emoción solamente. No es amargura es emoción pero siempre me queda la sonrisa. Es fantasía con realidad, es realidad con fantasía. Es mentira mezclada con verdad. Pero es honesta y también modesta. Modestísima lectura.

Eran los primeros meses de mi hija, con mi esposa salimos juntos a hacer las compras semanales al supermercado. Yo estrenando mi paternidad, mi esposa ejerciendo y gozando la nueva autoridad de ser Madre.

Cuando conocí a mi esposa era una persona delicada. Delicada en el sentido femenino de la palabra, delicadeza que me fascinaba. Conocí otras mujeres que no eran ni la mitad de delicadas que ella. Delicadeza en el trato, delicadeza en los detalles, delicadeza en el vestir.

El párrafo anterior dice: “Cuando conocí a mi esposa”. Efectivamente, eso fue cuando la conocí. Al vivir los dos solos ella mantuvo esa conducta y esas costumbres. Luego vino el embarazo y los síntomas iniciales, las náuseas y el engreimiento. Pasaron las náuseas y quedó el engreimiento, en eso no me hice problemas.

Lo que vi en ella fue un cambio sorprendente, dos sentidos se afinaron en forma extraordinaria; el oído y el olfato. Cuando visitábamos a mi suegra o a mi Madre ya sabía lo que habían preparado para el almuerzo o para la cena según sea el caso, sin que nadie diga palabra del menú. Podía distinguir en medio de una conversación lo que decían y quien lo decía en otro ambiente de la casa.

La delicadeza se mantuvo hasta antes del parto.

Fue parto normal, así que la recuperación fue inmediata. Aquel día lo recuerdo como si fuera ayer. Llegué a la clínica y ella estaba con la bebe, estaba dándole leche. Su leche. Me emocioné al ver esa escena, me quede observando en silencio. De pronto un gesto me sacó de mi estado de gracia.

Era ella señalando algún lugar de la habitación, yo la miré sin entender que era lo que quería y le hice un gesto, ella insistió. Yo no veía nada.

De pronto, pese a ser casi un susurro, un: “¡carajo!” me martilló los tímpanos.

Fue el primer carajo que le escuché, en dos años de enamorados, un año de novios y dos años de casado. Nunca le había escuchado una sola palabrota. No por hipócrita ni falsa, es que ella no era así. Las palabrotas se convertían en: “tonto”, “ignorante”, “idiota”, “imbécil”, “infeliz”. Ella tenía una especie de alambique que convertía lo grosero, lo ordinario y corriente en algo digerible.

En aquel momento fue que realmente vi lo que ella señalaba, era la puerta del closet. La abrí y una maleta blanca con motivos infantiles colgaba dentro. La saqué y se la alcancé. Sacó unos pomitos y unos trapitos, si vale la expresión. Limpió a la bebe y luego se limpió ella. La acomodó en su moisés, que es una cuna pequeñita para recién nacida.

A partir de ese momento me di cuenta que mi esposa ya era mamá.

Todo cambió, intentaba ayudar en lo que podía. Ella me dirigía y cuando no entendía soltaba el ya conocido: “carajo” y cuando no reaccionaba con la suficiente rapidez adornaba su vocabulario con algo más florido. Al comienzo guardé silencio, el silencio del hombre que estrena su paternidad y no sabe cómo reaccionar ante la autoridad de una mujer que se siente la dueña del mundo por haber traído una vida.

Luego de un tiempo hablamos, me confesó que se sentía sola contra todos con una responsabilidad enorme, por eso tomaba esa actitud. Acepté su justificación.

Bueno, nos habíamos quedado al inicio en el supermercado.

La vida da vueltas decía mi abuela y algunas canciones. El mundo es un pañuelo dicen los expertos.

Estábamos de compras. En aquel establecimiento algunos coches tenían una adaptación para colocar a los bebes y que estos disfruten el paseo mientras uno hace las compras. Mi hija bordeaba los cinco meses y contemplaba encantada los exhibidores y las cosas que íbamos colocando en el coche. En realidad yo empujaba el coche en silencio y mi esposa iba colocando todo.

A veces me llamaba la atención algo y me detenía a revisar. Revisaba y luego continuaba siguiendo a mi esposa que iba avanzando.

Ya íbamos completando nuestro periplo mercantil, ella por alguna razón que desconozco se detuvo a ver algo y yo avancé. Quedé solo, viendo unas revistas que la bebe intentaba infructuosamente tomar. El carro estaba lleno de cosas.

-¡Juanito!

Dejé de ver las revistas, mi hija sorprendida dejó de batallar con la distancia.

Me acerqué, le sonreí, le di un beso en la mejilla y nos quedamos dos o tres segundos estáticos mirándonos como si quisiéramos saber tantas cosas.

De la última vez que nos vimos, de nuestra afanosa intimidad tan contradictoria. Siempre discutíamos y siempre terminábamos en la cama exhaustos pidiendo algo de comer a la habitación.

Hasta que un día nos cansamos y terminamos, terminamos con la costumbre de tener que pelear para amarnos. Terminamos con esa pasión tan intensa y me quedé sumergido en alcohol por varios meses, añorando su cuerpo. Sintiendo que su ausencia me convertía en un completo perdedor y que mi vida no era más que un fracaso.

Hace años la hubiese besado sin pensarlo dos veces, pero mi hija nos miraba sorprendida. Ella la miraba extasiada.

-Se parece a ti….

-Sí, pero ella es preciosa.

-Tiene tus ojos y tus cejas.

Sin decirme nada la levantó, la tomó entre sus brazos y la acercó a su pecho. Vi algo especial en su mirada. La mezcla de la maternidad, la dulzura y el desencanto.

“Pudo ser nuestra”, pensé. Ella la miraba y la bebe también. A los cinco meses los bebes solo emiten sonidos, rugidos y gritos. También se ríen. Mi hija le empezó a sonreír y ella sentía que el mundo era dulce y rosado. Yo sentía que me desarmaba y que mis pedazos terminarían en el carro con las cosas.

-¿Qué haces por acá?

Ella seguía hipnotizada con mi hija y mi hija la seguía con la mirada como si fuera a contarle algo importante.

-Vine con una amiga a comprar un regalo para su Padre, estaba buscando revistas. Te encontré a ti y a esta belleza.

Diciendo eso, acercó su cara a la bebe y ambas se rieron en simultaneo. Siempre he creído que la mujeres tienen un lenguaje silencioso que ningún hombre puede descifrar. Es un lenguaje que manejan desde bebes y lo utilizan para que los hombres no las entendamos. Esa risa simultánea era la demostración de que se entendían y eran amigas.

Nuevamente pensé: “pudo ser nuestra”. La bebe era su deleite. Su juguete nuevo. Quería preguntar algo más, decir algo más pero no se me ocurría nada. Sólo atinaba a reírme como un tonto y a verlas divertirse.

De pronto apareció mi esposa.

Cuando los gatos pelean se “erizan” completamente. Cuando los perros pelean, el pelo del lomo se levanta. Me pareció ver eso en mi otrora delicada esposa. La reacción fue instantánea, ella sin decir nada le alcanzó la bebe a mi esposa quien la tomó. El lenguaje femenino en su expresión más agresiva se puso de manifiesto.

-Hola –dijo mi ex.

En tono conciliador dije: -Lourdes te presento a mi esposa.

Mi esposa esbozó una sonrisa que mas pareció un gruñido. Ella se acomodó el cabello nerviosamente.

Me sentí un adúltero en plena faena, no tenía nada que decir. Mi esposa miraba a Lourdes, como mira una mujer a otra mujer. No la miraba, la escaneaba de arriba abajo. Ella, bueno no soy telépata para saber que pensaba pero sospechaba su desencanto, solo miraba a mi hija que jugaba con el cabello de su Madre.

La miré por última vez, ella se acomodó nerviosamente el cabello por enésima vez. Su carita estaba apagada. Me sentí en ese momento triste. Supe que se iría.

-Bueno, Juanito. Gusto de verte, me tengo que ir… Nos vemos – le dijo a mi esposa y desapareció rápidamente.

Nos quedamos en silencio.

Sentí que la nubes negras de la bronca por dejar que una desconocida tome a su bebe se empezaron a juntar.

Caminamos en silencio, llevaba a la bebe en sus brazos y yo empujaba el carrito lleno de cosas.

-¿De dónde la conoces?

-Es una amiga de hace unos años, la veo después de cinco o seis años.

Alinee el carro con las cosas para pagar en la caja, esperaba el primer golpe. Algo como: “¿de que cantina sacaste a esa mujer?” pero nada solo silencio.

-Bonita chica, me agrada. Cuando haya una reunión invítala, es simpática.

Ensayé una sonrisa y asentí con la cabeza.

Avancé con el carrito, pensé que mi esposa era un enigma, que mi ex era otro enigma y que mi bebita era un enigma chiquito que irá creciendo con el tiempo.

Es todo.



Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado septiembre 2014
    A que pensaste que la iba agarrar de las greñas:)
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    amparo bonilla escribió : »
    A que pensaste que la iba agarrar de las greñas:)



    ¿Tu que hubieses hecho?

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado septiembre 2014
    jajaja, nada, soy tan pacifica:)
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2014
    La introducción a tu relato es poética, me ha encantado:

    "No escribo por la fama y la fortuna, escribo como un niño que hace una travesura. Escribo y luego me rio leyendo y releyendo lo que escribí antes. A veces me emociono y salen algunas lágrimas, no es llanto es emoción solamente. No es amargura es emoción pero siempre me queda la sonrisa. Es fantasía con realidad, es realidad con fantasía. Es mentira mezclada con verdad. Pero es honesta y también modesta. Modestísima lectura."

    El relato está lleno de ternura, de comprensión, amor, estados del pasado juntándose con el presente (sin consecuencias graves :rolleyes2:)...

    Encontrarse con un ex (en tu caso una ex) al cabo de los años, cuando tu vida esta hilada en otro camino... pues es un puntazo... y te suele nacer la pregunta de ¿qué hubiera sido de nosotros sí...? pero eso nunca se sabe... y queda el presente, siempre queda el presente...

    Tu mujer reaccionó con maestría, Juancho :-D

    Estos relatos dejan buen sabor al leerlos. Disfruto cuando los hombres os ponéis tiernos :p

    Saludos.
  • ArroyoArroyo Juan Boscán s.XVI
    editado septiembre 2014
    Excelente relato, Juancho. Me parece muy buena la forma de ir desvelando el devenir de una relación a partir del nacimiento de un hijo. El marido es el "príncipe destronado" y él, agobiado de emoción por su recién estrenada paternidad, no se da cuenta de los cambios afectivos.

    Pero lo que me parece magistral es el relato del encuentro con Lurdes y cómo se rebobina el pasado. Y es que cuando se amó, siempre queda un poso.

    Saludos, Juancho.Eres un buen narrador.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    estrofa escribió : »
    La introducción a tu relato es poética, me ha encantado:

    "No escribo por la fama y la fortuna, escribo como un niño que hace una travesura. Escribo y luego me rio leyendo y releyendo lo que escribí antes. A veces me emociono y salen algunas lágrimas, no es llanto es emoción solamente. No es amargura es emoción pero siempre me queda la sonrisa. Es fantasía con realidad, es realidad con fantasía. Es mentira mezclada con verdad. Pero es honesta y también modesta. Modestísima lectura."

    El relato está lleno de ternura, de comprensión, amor, estados del pasado juntándose con el presente (sin consecuencias graves :rolleyes2:)...

    Encontrarse con un ex (en tu caso una ex) al cabo de los años, cuando tu vida esta hilada en otro camino... pues es un puntazo... y te suele nacer la pregunta de ¿qué hubiera sido de nosotros sí...? pero eso nunca se sabe... y queda el presente, siempre queda el presente...

    Tu mujer reaccionó con maestría, Juancho :-D

    Estos relatos dejan buen sabor al leerlos. Disfruto cuando los hombres os ponéis tiernos :p

    Saludos.



    Para mí es un placer encontrarte leyendo este relato.

    Gracias Estrofa.


  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    Arroyo escribió : »
    Excelente relato, Juancho. Me parece muy buena la forma de ir desvelando el devenir de una relación a partir del nacimiento de un hijo. El marido es el "príncipe destronado" y él, agobiado de emoción por su recién estrenada paternidad, no se da cuenta de los cambios afectivos.

    Pero lo que me parece magistral es el relato del encuentro con Lurdes y cómo se rebobina el pasado. Y es que cuando se amó, siempre queda un poso.

    Saludos, Juancho.Eres un buen narrador.



    Muchas gracias Arroyo

  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado septiembre 2014
    juancho escribió : »


    Escribir me hace escapar de ciertas cosas.

    No escribo por la fama y la fortuna, escribo como un niño que hace una travesura. Escribo y luego me rio leyendo y releyendo lo que escribí antes. A veces me emociono y salen algunas lágrimas, no es llanto es emoción solamente. No es amargura es emoción pero siempre me queda la sonrisa. Es fantasía con realidad, es realidad con fantasía. Es mentira mezclada con verdad. Pero es honesta y también modesta. Modestísima lectura.

    Eran los primeros meses de mi hija, con mi esposa salimos juntos a hacer las compras semanales al supermercado. Yo estrenando mi paternidad, mi esposa ejerciendo y gozando la nueva autoridad de ser Madre.

    Cuando conocí a mi esposa era una persona delicada. Delicada en el sentido femenino de la palabra, delicadeza que me fascinaba. Conocí otras mujeres que no eran ni la mitad de delicadas que ella. Delicadeza en el trato, delicadeza en los detalles, delicadeza en el vestir.

    El párrafo anterior dice: “Cuando conocí a mi esposa”. Efectivamente, eso fue cuando la conocí. Al vivir los dos solos ella mantuvo esa conducta y esas costumbres. Luego vino el embarazo y los síntomas iniciales, las náuseas y el engreimiento. Pasaron las náuseas y quedó el engreimiento, en eso no me hice problemas.

    Lo que vi en ella fue un cambio sorprendente, dos sentidos se afinaron en forma extraordinaria; el oído y el olfato. Cuando visitábamos a mi suegra o a mi Madre ya sabía lo que habían preparado para el almuerzo o para la cena según sea el caso, sin que nadie diga palabra del menú. Podía distinguir en medio de una conversación lo que decían y quien lo decía en otro ambiente de la casa.

    La delicadeza se mantuvo hasta antes del parto.

    Fue parto normal, así que la recuperación fue inmediata. Aquel día lo recuerdo como si fuera ayer. Llegué a la clínica y ella estaba con la bebe, estaba dándole leche. Su leche. Me emocioné al ver esa escena, me quede observando en silencio. De pronto un gesto me sacó de mi estado de gracia.

    Era ella señalando algún lugar de la habitación, yo la miré sin entender que era lo que quería y le hice un gesto, ella insistió. Yo no veía nada.

    De pronto, pese a ser casi un susurro, un: “¡carajo!” me martilló los tímpanos.

    Fue el primer carajo que le escuché, en dos años de enamorados, un año de novios y dos años de casado. Nunca le había escuchado una sola palabrota. No por hipócrita ni falsa, es que ella no era así. Las palabrotas se convertían en: “tonto”, “ignorante”, “idiota”, “imbécil”, “infeliz”. Ella tenía una especie de alambique que convertía lo grosero, lo ordinario y corriente en algo digerible.

    En aquel momento fue que realmente vi lo que ella señalaba, era la puerta del closet. La abrí y una maleta blanca con motivos infantiles colgaba dentro. La saqué y se la alcancé. Sacó unos pomitos y unos trapitos, si vale la expresión. Limpió a la bebe y luego se limpió ella. La acomodó en su moisés, que es una cuna pequeñita para recién nacida.

    A partir de ese momento me di cuenta que mi esposa ya era mamá.

    Todo cambió, intentaba ayudar en lo que podía. Ella me dirigía y cuando no entendía soltaba el ya conocido: “carajo” y cuando no reaccionaba con la suficiente rapidez adornaba su vocabulario con algo más florido. Al comienzo guardé silencio, el silencio del hombre que estrena su paternidad y no sabe cómo reaccionar ante la autoridad de una mujer que se siente la dueña del mundo por haber traído una vida.

    Luego de un tiempo hablamos, me confesó que se sentía sola contra todos con una responsabilidad enorme, por eso tomaba esa actitud. Acepté su justificación.

    Bueno, nos habíamos quedado al inicio en el supermercado.

    La vida da vueltas decía mi abuela y algunas canciones. El mundo es un pañuelo dicen los expertos.

    Estábamos de compras. En aquel establecimiento algunos coches tenían una adaptación para colocar a los bebes y que estos disfruten el paseo mientras uno hace las compras. Mi hija bordeaba los cinco meses y contemplaba encantada los exhibidores y las cosas que íbamos colocando en el coche. En realidad yo empujaba el coche en silencio y mi esposa iba colocando todo.

    A veces me llamaba la atención algo y me detenía a revisar. Revisaba y luego continuaba siguiendo a mi esposa que iba avanzando.

    Ya íbamos completando nuestro periplo mercantil, ella por alguna razón que desconozco se detuvo a ver algo y yo avancé. Quedé solo, viendo unas revistas que la bebe intentaba infructuosamente tomar. El carro estaba lleno de cosas.

    -¡Juanito!

    Dejé de ver las revistas, mi hija sorprendida dejó de batallar con la distancia.

    Me acerqué, le sonreí, le di un beso en la mejilla y nos quedamos dos o tres segundos estáticos mirándonos como si quisiéramos saber tantas cosas.

    De la última vez que nos vimos, de nuestra afanosa intimidad tan contradictoria. Siempre discutíamos y siempre terminábamos en la cama exhaustos pidiendo algo de comer a la habitación.

    Hasta que un día nos cansamos y terminamos, terminamos con la costumbre de tener que pelear para amarnos. Terminamos con esa pasión tan intensa y me quedé sumergido en alcohol por varios meses, añorando su cuerpo. Sintiendo que su ausencia me convertía en un completo perdedor y que mi vida no era más que un fracaso.

    Hace años la hubiese besado sin pensarlo dos veces, pero mi hija nos miraba sorprendida. Ella la miraba extasiada.

    -Se parece a ti….

    -Sí, pero ella es preciosa.

    -Tiene tus ojos y tus cejas.

    Sin decirme nada la levantó, la tomó entre sus brazos y la acercó a su pecho. Vi algo especial en su mirada. La mezcla de la maternidad, la dulzura y el desencanto.

    “Pudo ser nuestra”, pensé. Ella la miraba y la bebe también. A los cinco meses los bebes solo emiten sonidos, rugidos y gritos. También se ríen. Mi hija le empezó a sonreír y ella sentía que el mundo era dulce y rosado. Yo sentía que me desarmaba y que mis pedazos terminarían en el carro con las cosas.

    -¿Qué haces por acá?

    Ella seguía hipnotizada con mi hija y mi hija la seguía con la mirada como si fuera a contarle algo importante.

    -Vine con una amiga a comprar un regalo para su Padre, estaba buscando revistas. Te encontré a ti y a esta belleza.

    Diciendo eso, acercó su cara a la bebe y ambas se rieron en simultaneo. Siempre he creído que la mujeres tienen un lenguaje silencioso que ningún hombre puede descifrar. Es un lenguaje que manejan desde bebes y lo utilizan para que los hombres no las entendamos. Esa risa simultánea era la demostración de que se entendían y eran amigas.

    Nuevamente pensé: “pudo ser nuestra”. La bebe era su deleite. Su juguete nuevo. Quería preguntar algo más, decir algo más pero no se me ocurría nada. Sólo atinaba a reírme como un tonto y a verlas divertirse.

    De pronto apareció mi esposa.

    Cuando los gatos pelean se “erizan” completamente. Cuando los perros pelean, el pelo del lomo se levanta. Me pareció ver eso en mi otrora delicada esposa. La reacción fue instantánea, ella sin decir nada le alcanzó la bebe a mi esposa quien la tomó. El lenguaje femenino en su expresión más agresiva se puso de manifiesto.

    -Hola –dijo mi ex.

    En tono conciliador dije: -Lourdes te presento a mi esposa.

    Mi esposa esbozó una sonrisa que mas pareció un gruñido. Ella se acomodó el cabello nerviosamente.

    Me sentí un adúltero en plena faena, no tenía nada que decir. Mi esposa miraba a Lourdes, como mira una mujer a otra mujer. No la miraba, la escaneaba de arriba abajo. Ella, bueno no soy telépata para saber que pensaba pero sospechaba su desencanto, solo miraba a mi hija que jugaba con el cabello de su Madre.

    La miré por última vez, ella se acomodó nerviosamente el cabello por enésima vez. Su carita estaba apagada. Me sentí en ese momento triste. Supe que se iría.

    -Bueno, Juanito. Gusto de verte, me tengo que ir… Nos vemos – le dijo a mi esposa y desapareció rápidamente.

    Nos quedamos en silencio.

    Sentí que la nubes negras de la bronca por dejar que una desconocida tome a su bebe se empezaron a juntar.

    Caminamos en silencio, llevaba a la bebe en sus brazos y yo empujaba el carrito lleno de cosas.

    -¿De dónde la conoces?

    -Es una amiga de hace unos años, la veo después de cinco o seis años.

    Alinee el carro con las cosas para pagar en la caja, esperaba el primer golpe. Algo como: “¿de que cantina sacaste a esa mujer?” pero nada solo silencio.

    -Bonita chica, me agrada. Cuando haya una reunión invítala, es simpática.

    Ensayé una sonrisa y asentí con la cabeza.

    Avancé con el carrito, pensé que mi esposa era un enigma, que mi ex era otro enigma y que mi bebita era un enigma chiquito que irá creciendo con el tiempo.

    Es todo.




    Amigo Juancho, disfruto mucho con tus relatos. Son realistas,tiernos, minuciosos, de lenguaje sencillo y coloquial que envuelven mis sentidos y acaparan mi atención del principio al final.
    No es el aprecio que te tengo ni la amistad creada en este foro, lo que dicta estos elogios.Es, sinceramente la calidad literaria que tienen tus relatos.

    ¡Mira si me ha gustado que me ha inspirado un poema que ahora publicaré.No está ni mucho menos a la altura de este texto, pero he querido mostrar mi aprecio de esta forma.

    Un abrazo.
  • LilyJalileLilyJalile Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Da gusto leer este relato. La perspectiva del narrador le da un aire delicioso, de espectador y a la vez de protagonista. El pobre parece haber quedado hecho una duda viva acerca del acierto de su elección. Esos cambios que marcás en la actitud de la esposa, ¡son taaaaan ciertos y frecuentes! Dejar de ser amante y convertirse en madre-reina-casta-poderosa... ¡Adiós a la delicadeza! Y el recuerdo de la relación con Lourdes lo pone en evidencia. Tus reflexiones sobre la psicología de las mujeres, su entendimiento más allá de las meras palabras, no tienen desperdicio.
    Muy buen relato, Juancho. Me ha encantado.
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado septiembre 2014
    Muy bueno.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    Sinrima escribió : »
    Amigo Juancho, disfruto mucho con tus relatos. Son realistas,tiernos, minuciosos, de lenguaje sencillo y coloquial que envuelven mis sentidos y acaparan mi atención del principio al final.
    No es el aprecio que te tengo ni la amistad creada en este foro, lo que dicta estos elogios.Es, sinceramente la calidad literaria que tienen tus relatos.

    ¡Mira si me ha gustado que me ha inspirado un poema que ahora publicaré.No está ni mucho menos a la altura de este texto, pero he querido mostrar mi aprecio de esta forma.

    Un abrazo.

    Gracias Sinrima nuevamente.
    Un abrazo.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    LilyJalile escribió : »
    Da gusto leer este relato. La perspectiva del narrador le da un aire delicioso, de espectador y a la vez de protagonista. El pobre parece haber quedado hecho una duda viva acerca del acierto de su elección. Esos cambios que marcás en la actitud de la esposa, ¡son taaaaan ciertos y frecuentes! Dejar de ser amante y convertirse en madre-reina-casta-poderosa... ¡Adiós a la delicadeza! Y el recuerdo de la relación con Lourdes lo pone en evidencia. Tus reflexiones sobre la psicología de las mujeres, su entendimiento más allá de las meras palabras, no tienen desperdicio.
    Muy buen relato, Juancho. Me ha encantado.

    Lily
    Una de las motivaciones para narrar esto es lo que mencionas, acerca de la psicología femenina. Las damas siempre dicen de los hombres: “que todos somos iguales”.
    Una mujer es diferente en todo a otra mujer. Lo veo y lo vivo permanentemente. Por eso son adorables e impredecibles.

    Gracias por tus palabras.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    odmaldi escribió : »
    Muy bueno.



    Odmaldi

    Gracias.

    Es usted una persona que parece un huracán. Donde llega sacude a todos y los despierta.

    Un abrazo

    Pd.: ¿Por qué no puso: “gracias por compartir”?


  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado septiembre 2014
    juancho escribió : »


    Pd.: ¿Por qué no puso: “gracias por compartir”?

    Dentro del foro se forman 'afinidades'. Esto lo han mencionado en otro tema. De las personas con las que yo siento una 'afinidad', por así llamarlo, creo que usted está consciente que es una de ellas. Cuando dejo las "gracias por compartir", en parte es porque aún existe cierto distanciamiento, aún existe esa distancia de no conocer al autor y por lo tanto como lectora debo ser cortez.

    Como lectora, siento que me identifico con un autor y con lo que escribe por las emociones que transmite. Sucede como la música. Un cantante puede conocer las notas, la lírica, la estructura y todo lo demás que le hace un músico formado; pero si su melodía no transmite nada, nos encontramos con notas muertas. Eso me pasa dentro del foro a menudo. Leo y leo escritos donde veo el esfuerzo de presentar algo estructurado, estudiado, elaborado, mostrar que se conoce el estilo, la estructura, que se trata de ser un escritor formado, pero queda en eso; no me transmiten emociones. Admiro el producto final, no lo niego, pero no me produce emoción a cierto grado.

    Cuando narró la escena de su esposa y su ex-novia, me visualicé ahí. Parecía que yo estaba parada ahí viendo todo. Vi la nena, los nervios, las sonrisas. Me hizo reaccionar a modo de querer interrumpir los pensamientos de "Juanito" y decirle que para nada tenemos un lenguaje enigmático las mujeres. Aunque he tratado de indagar sobre el tema, llegué a pensar que quizá es algo generacional. Antes las mujeres no tenían la libertad de expresar lo que querían porque debían cuidar la imagen 'fenemina', la imagen de ser 'delicadas'. Hoy tenemos el privilegio de decir lo que pensamos, lo que queremos, y 'al carajo' con guardar apariencias por tal de que un hombre nos quiera y acepte. El lenguaje de antes no era en sí un mensaje encriptado, era el temor de ser juzgadas como algo no ideal, o algo no perfecto, algo no femenino. Y sí, digo algo, y no alguien.

    Hoy en día ese temor se ha perdido, las mujeres de nuevas generaciones tenemos la posibilidad de decir las cosas directamente, claro, y el hombre sigue con esa mentalidad (la de antes) de que la mujer sigue hablando en códigos. Pero no, "Juanito", para nada. Supongo que si su esposa no dijo nada sobre Lourdes, no es porque se lo haya guardado, o porque la haya medido con la vista. Si no dijo nada, es porque francamente no le importó; sus prioridades ya no son el marido, su prioridad ahora es su hija. No soy madre, no sé lo que implica traer al mundo un hijo; pero de lo que he escuchado de mi madre, todo deja de importar y el hijo se convierte en la prioridad.

    Debe eliminarse esa idea que las mujeres somos envidiosas, o celosas, o histéricas, o cuanto esterotipo se nos ha creado. Las nuevas generaciones tenemos el lujo de quitarnos de encima toda esa carga que la sociedad machista de los viejos tiempos nos impuso.

    Pero me desvié del tema. Como le decía, aquí creamos afinidades. Yo lo sigo, lo leo y me identifico con sus escritos. Y usted, Juanito, está consciente que no siempre tengo que decirle las gracias para saber que estoy aquí leyéndole

    Abrazucosss
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2014
    Estoy de acuerdo en muchas de las cosas que planteas, odmaldi.

    En cuanto a las afinidades y lecturas que llegan o no, pienso que todos tenemos nuestras preferencias que van más allá de las afinidades. Tengo muy claro quien me trasmite y quien no... Siento apuro cuando alguien se acerca a corresponderme con una lectura por haberle leido con anterioridad o por seguir sus escritos, pienso que no debería ser así. La lectura y el comentario ha de ser libre y no estar condicionado por una reciprocidad obligada... Así que por favor, no hagáis esto conmigo porque lo paso mal de veras. Si queréis leerme que sea porque os transmito algo, sino prefiero pasar sin comentarios, aunque pueda parecer triste...

    Sobre que los tiempos han cambiado y las mujeres ya no obran de determinada manera... ufff diría que los celos y las inseguridades siguen existiendo, por las dos partes, y que por más tiempo que pase cada persona es un mundo y una manera de obrar...

    Pienso que la mujer de Juancho tiene la suficiente seguridad en sí misma para no tener que enfadarse por algo así, ni tener que lanzar ningún reproche. Puede que la maternidad cambie la relación de pareja y las prioridades, o puede que simplemente no hubiera porque ponerse nerviosa...
  • LeosLeos Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Me gusta mucho cómo escribes y lo que escribes. Lo haces muy llanamente, con un estilo ágil, recreando escenas y sentimientos cotidianos; cuando la historia tiene al lector en el ámbito doméstico, sabes introducir ese momento que le traslada a otro suceso muy emotivo, creando tensión con el encuentro de la "ex" y la esposa, que resuelves delicadamente, aunque el lector puede sentir la tormenta de emociones del tal Juanito.

    Creo que eres de obligada lectura. Estaré al tanto.

    Saludos.
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado septiembre 2014
    estrofa escribió : »
    Siento apuro cuando alguien se acerca a corresponderme con una lectura por haberle leido con anterioridad o por seguir sus escritos, pienso que no debería ser así. La lectura y el comentario ha de ser libre y no estar condicionado por una reciprocidad obligada... Así que por favor, no hagáis esto conmigo porque lo paso mal de veras. Si queréis leerme que sea porque os transmito algo, sino prefiero pasar sin comentarios, aunque pueda parecer triste...

    Supongo, Estrofa, que el 90% de los comentarios que recibes en tus poemas es justo por eso, porque le has transmitido algo a tus lectores. Pienso que eso marca la derencia entre el número de visitas vs el número de comentarios; las visitas múltiples son los que leyeron y la escritura no les motivó lo suficiente para dejarte saber qué sintieron u opinaron, más los que comentaron es porque no pudieron callar lo que sintieron.
    Sobre que los tiempos han cambiado y las mujeres ya no obran de determinada manera... ufff diría que los celos y las inseguridades siguen existiendo, por las dos partes, y que por más tiempo que pase cada persona es un mundo y una manera de obrar..
    .
    Totalmente de acuerdo. Los celos y la inseguridad no mutuamente exclusivos con las mujeres. Solo que considero es distinto a los pensamientos de Juancho en su relato, de señalar que las mujeres somos un enigma al no reaccionar la esposa, pero describir cómo la miraba a Lourdes. En un momento determinado, si la persona es insegura, claro está que sea hombre o mujer, reaccionará no tan cortez. En este caso, imagino que la esposa tiene otras preocupaciones.
    Pienso que la mujer de Juancho tiene la suficiente seguridad en sí misma para no tener que enfadarse por algo así, ni tener que lanzar ningún reproche. Puede que la maternidad cambie la relación de pareja y las prioridades, o puede que simplemente no hubiera porque ponerse nerviosa...
    Siempre veo ese cambio en las madres. Se convierten en todas unas divas sobreprotectoras de los hijos. El cambio es increible.

    Abrazuco
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    odmaldi escribió : »

    Debe eliminarse esa idea que las mujeres somos envidiosas, o celosas, o histéricas, o cuanto esterotipo se nos ha creado. Las nuevas generaciones tenemos el lujo de quitarnos de encima toda esa carga que la sociedad machista de los viejos tiempos nos impuso.

    Pero me desvié del tema. Como le decía, aquí creamos afinidades. Yo lo sigo, lo leo y me identifico con sus escritos. Y usted, Juanito, está consciente que no siempre tengo que decirle las gracias para saber que estoy aquí leyéndole

    Abrazucosss

    Gracias por las aclaraciones y por la afinidad. Es recíproca.
    Debo decir que la magia de una mujer está en no ser explicita sino sutil y reservada con sus sentimientos. Es mi opinión y es mi gusto (fea palabra cuando se habla de personas).
    Lo de los códigos secretos, miradas y demás es un tema bastante extenso que no debe discutirse aqui. Echaría a perder el área de narrativa en detrimento de otros foristas que dejan sus textos.
    El “Juanito” de la historia tiene que ver mucho conmigo pero es una versión que construí yo, es decir Juancho.
    Un abrazo

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    estrofa escribió : »

    Siento apuro cuando alguien se acerca a corresponderme con una lectura por haberle leido con anterioridad o por seguir sus escritos, pienso que no debería ser así. La lectura y el comentario ha de ser libre y no estar condicionado por una reciprocidad obligada... Así que por favor, no hagáis esto conmigo porque lo paso mal de veras. Si queréis leerme que sea porque os transmito algo, sino prefiero pasar sin comentarios, aunque pueda parecer triste...

    No te incomodes estrofa, te estuve leyendo, pero siempre trato de ver el talante con que las personas toman los comentarios y como hacerlos. A veces te encuentras con divos o divas y mejor dejarlo ahí.

    Y si no me comentas no me hago problemas.

    Gracias nuevamente y gracias por la sinceridad
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    Leos escribió : »
    Me gusta mucho cómo escribes y lo que escribes. Lo haces muy llanamente, con un estilo ágil, recreando escenas y sentimientos cotidianos; cuando la historia tiene al lector en el ámbito doméstico, sabes introducir ese momento que le traslada a otro suceso muy emotivo, creando tensión con el encuentro de la "ex" y la esposa, que resuelves delicadamente, aunque el lector puede sentir la tormenta de emociones del tal Juanito.

    Creo que eres de obligada lectura. Estaré al tanto.

    Saludos.

    Gracias Leos eres muy amable.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    odmaldi escribió : »
    Supongo, Estrofa, que el 90% de los comentarios que recibes en tus poemas es justo por eso, porque le has transmitido algo a tus lectores. Pienso que eso marca la derencia entre el número de visitas vs el número de comentarios; las visitas múltiples son los que leyeron y la escritura no les motivó lo suficiente para dejarte saber qué sintieron u opinaron, más los que comentaron es porque no pudieron callar lo que sintieron.

    .
    Totalmente de acuerdo. Los celos y la inseguridad no mutuamente exclusivos con las mujeres. Solo que considero es distinto a los pensamientos de Juancho en su relato, de señalar que las mujeres somos un enigma al no reaccionar la esposa, pero describir cómo la miraba a Lourdes. En un momento determinado, si la persona es insegura, claro está que sea hombre o mujer, reaccionará no tan cortez. En este caso, imagino que la esposa tiene otras preocupaciones.


    Siempre veo ese cambio en las madres. Se convierten en todas unas divas sobreprotectoras de los hijos. El cambio es increible.

    Abrazuco

    Creo que llevar una vida en pareja es: tener paciencia y confiar en tu contraparte.

    Sino tienes eso mejor no hagas vida de pareja.

    Aparte de obviamente mantener un cierto nivel de respeto, hasta para pelear se tiene que respetar ciertas reglas como en el box. No golpes bajos, no irse de casa y otras cosillas mas.

    Gracias a todos por sus comentarios, a los que leyeron y a los que no leyeron.

    Hasta perpetrar otro texto.

    Abrazos.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado diciembre 2014
    No sé como definirlo, gracias por este testimonio de vida ( de un pedazo de tu vida), me has alegrado el café matinal, y seguro se me queda el regusto ( del café no, de tu relato) todo el dia.

    ¡Hola Juancho!, hablando de escribir...en eso estoy, escribiendo segunda parte de novela, y algunas aportaciones que me han pedido ...también les he puesto los cuernos a este foro con otro ( pero solo un poquito), un lugar como casi todos, donde hay grandes egos y también un puñao de buenos ecritores. Lo que no me gustaba de allí es que obligatoriamente para comentar habia que otorgar estrellas, y habia un ranking, con lo cual se originaba competiciones no del todo leales, y eso no me gusta. Lo bueno del lugar es que podias llevarte tus cuentos si querias hacerlo y sin permiso, algo que echo de menos por aquí.

    Pero volvamos a tu relato ¡carajo...con perdón!, en general los relatos dulzones, los que derraman azúcar, si no son sentidos, un apuesta en escena, y si no son de verdad, como este tuyo, me suena a drama barato y elaborado, pero este tuyo es es....¿ves? otra vez sin palabras.

    De nuevo gracias y felicitaciones por la delicadeza que rodea tu vida.

    Un fuerte abrazo Juancho, y ya ves, he vuelto por navidad, como el turrón.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado diciembre 2014


    Hola Suina

    Recién te leo.

    Los pedazos de la vida si se contaran como son, serían anodinos.

    Es un relato con mucho de cierto pero “novelizado”.

    Me siento halagado por tus palabras, quisiera seguir escribiendo pero tengo otras cosas que lamentablemente consumen mi tiempo.

    He escrito bastante en este foro, en mucho me ha servido de terapia. Nunca he intentado competir con nadie, el que compite en lugares como este debería ir a conversar con un loquero.

    No me imagino escribiendo sobre lo mismo para esperar las mismas palabras de alabanza, detesto la rutina. Con muchísimo trabajo mi esposa y yo luchamos contra la rutina. Hay que ser muy imaginativo en el matrimonio a despecho del kamasutra.

    Siempre leo y como dijo Borges: “me valoro por lo que leo y no por lo que escribo”. Algo así dijo, o como diría el chapulin colorado: “la idea es esa”.

    Un abrazo

    Pd.: Cuando publiques avisa, me gustaría leer algo tuyo pero en papel.


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