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Ser Niña o Mujer...Capítulo 14

PatryZaira89PatryZaira89 Pedro Abad s.XII
editado noviembre 2013 en Infantil y Juvenil
Tuvimos suerte. Cuando llegamos a casa de mi amiga la madre de ésta se encontraba trabajando y no nos vimos en la obligación de dar explicaciones a nadie. Cosa que era lo último que deseábamos, tanto porque no hubiéramos sabido qué decirle como por lo cansadas que aún nos encontrábamos. No comimos nada, ni tampoco nos duchamos, (como solemos hacer cada vez que venimos de fiesta); nos fuimos directamente a la habitación de Yuly y allí nos metimos bajo las sábanas de nuevo, esta vez más seguras y calentitas, sumergiéndonos cada una en nuestro propio sueño.
Dormimos toda la tarde y toda la noche. Cuando desperté ya eran las 9:00 del 10 de Junio. Habían pasado dos días desde que salimos de casa dispuestas a comernos el mundo y, sin embargo, me daba la impresión de que hacía tan sólo unos minutos que habíamos cruzado esa puerta.
Esta vez no desperté a Yulia. Me metí al baño que tenía ella dentro de su cuarto y me miré en el espejo, a la vez que me quitaba la ropa, todavía puesta, de la noche anterior. No me reconocía a mí misma, mi aspecto era desastroso. El maquillaje esparcido por la cara y el cabello alborotado. Tenía unas ojeras que cualquiera diría que no había dormido tantas horas como lo había echo en realidad.
Abrí el grifo de la ducha y me sumergí en el agua caliente. Mientras resbalaba por mi piel y me enjabonaba todo el cuerpo, traté de hacer memoria y reconstruir las piezas de lo que había pasado en esa fiesta. Pero fue en vano. Era como si esa parte de mi vida, ese día que yo había vivido, alguien lo hubiera borrado de mi mente sin dejar huellas de nada. Decidí que sería mejor preguntarle mis dudas a Yulia cuando ella se hubiera despertado. Así que me acosté de nuevo en la cama y encendí la televisión, aunque mis pensamientos iban muy lejos de lo que daban en las noticias.
Cuando Yulia se despertó, casi a mediodía, parecía ser la misma de siempre. Se levantó y se preparó algo de comer: huevos fritos con hamburguesas, si mal no recuerdo. Estaba tan llena de vida como siempre, como antes de esa fiesta, hasta el momento en que le hablé de ella. La cara se le ensombreció y fingió tratando de quitarle importancia al asunto.
- La verdad que bebimos demasiado. Fue la mayor borrachera que he cogido en mi vida. Y eso que hemos cogido buenos pedos las tres juntas... - rió, pero esta vez no de la misma manera que ella siempre lo hacía, con alegría; esta vez fue una risita nerviosa.
- ¿Qué bebimos demasiado, dices? Yulia, nos metimos de todo. No sé cómo hemos podido llegar a hacer eso.
- Bueno, de todo de todo, no. Sólo nos comimos unas cuántas pastillas. Y además creo que no hicieron mucho efecto.
No podía creer lo que oía.
- No te harían a ti... Porque por lo que a mí respecta no me acuerdo de nada... Eso quería preguntarte, ¿cómo fue que llegamos a dormirnos una en cada parte de la casa? ¿En qué momento nos separamos? ¿Qué pasó despues de tomarnos esas pastillas?
Yuly se levantó de la cama y se acercó a la ventana, mirando sobre ella a la gente que pasaba por la calle, o tal vez haciendo como que miraba.
- No lo sé, Pao. La verdad que yo tampoco sé muy bien que pasó. En un momento empecé a sentirme muy mareada, Freddy me llevó a la cocina, me mojó la cara y me dio un vaso de agua. Y después me debió de acostar en la cama para que descansara.
- ¿Te acostaste con él, Yulia?
La miré fijamente a los ojos y ella quitó la mirada. Noté en ella un deje de verguenza, y eso me sorprendió, ya que la verguenza no era habitual en ella.
- Freddy se portó bien conmigo, Paola. Es un buen muchacho. Y no hizo ni intentó nada que yo no quisiera hacer.
Me acerqué a ella y me puse enfrente, obligándola a mirarme.
- Yulia, te he preguntado y no me has respondido. ¿Te acostaste con Freddy? ¿Te lo follaste?
Mi tono era firme y duro. Nunca le había hablado así.
- Ya te he dicho que me respetó. Sí lo hice con él, pero fue porque yo quise hacerlo. Vamos, Pao, no te hagas, no vas a juzgarme por eso. No será la primera vez que lo hago con un chico, y nunca me has dicho nada.
Resoplé. Era cierto. Yulia era bastabte experta en cuestiones de sexo, había tenido más de una relación con chicos diferentes y, aunque yo no hacía lo mismo, siempre la había entendido. Era mi amiga y la apoyaba en todo. Pero esta vez era diferente.
- ¿Y yo? ¿Qué hice yo?
- ¿ A qué te refieres?
- ¿Dónde se metió Braian? ¿Por qué se fue todo el mundo y nos dejaron ahí durmiendo solas? ¿Por qué cuando despertamos no había nadie?
Yulia suspiró y se sentó de nuevo en la cama, encogiéndose de hombros.
- Haces demasiadas preguntas, Paola. Yo también iba mal, ¿sabes? No sé que fue todo lo que pasó, lo único que puedo decirte es que yo no quería que las cosas terminaran así. Quería que nos lo pasáramos bien. Por mi parte, será mejor olvidar este día.
No me dio tiempo a responderle. Pues me dio la espalda y se volvió a meter entre las mantas, alegando que « seguía teniendo sueño».
Sé que era una excusa, una manera de escapar de lo sucedido, de no sentirse culpable aunque en realidad no tenía culpa de nada; pero no pude evitar reprocharle que me diera la espalda, que me dejara de lado, que no me ayudara a reconstruir mi rompecabezas.
Los días que siguieron casi no nos dirigimos la palabra. Nos limitábamos a mirar la «tele», a escuchar música... Pero no nos hablábamos. Creo que fue a partir de ese momento que nuestra amistad ya no volvió a ser la misma. Algo se había roto entre nosotras. Evitábamos mirarnos y, cuando lo hacíamos, no teníamos nada que decirnos. O tal vez sí, tal vez quisiéramos contarnos muchas cosas, muchos pensamientos que cada una de distinta manera, teníamos. Pero no éramos capaces. No nos atrevíamos. Es extraño... A veces quieres y confías en alguien durante tanto tiempo, (tantos años en nuestro caso), y de repente te das cuenta que ya no es lo mismo. Que ya no tienes nada que decirle a la persona amiga. Y lo más extraño es que en muchas de esas veces no hay un motivo, una razón de peso para que la relación se haya enfriado. Sucede así, sin más y sin avisar... Y cuando uno se da cuenta ya es demasiado tarde.Lo cierto es que a partir de esos días nuestras vidas cambiaron.
Yo me sentía incómoda allí y lo único que deseaba era volver a mi ciudad. Así que me excusé con Yulia y con su madre diciendo que me dolía mucho la cabeza y que tal vez fuera una gripe y hice mi equipaje dos semanas antes de lo previsto. Dispuesta a dejar atrás todo lo vivido.

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