Buscando náufragos, tira sus redes luminosas el faro, allá a lo lejos.
Inútilmente, las olas cabecean el vientre de los fríos muelles.
Y yo aquí: ¡Solo, solitario, oh solo!
¡A veces, creí haberla visto!
Medusa chispeante, difusa, en la playa.
Quebrando vientos y salpicando arena, corro entonces a buscarla.
¡Y el tiempo pasa..., pasa!
¡Ay!, como me oprime el pecho el volumen impreciso de su ausencia.
El alba me detiene con sus infinitas manos y susúrrame al oído cantándome:
¡Es hora de volver a casa!
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