ACTO I: LOS PERROS DE LA GUERRA
Said corrió a refugiarse en el sótano de la casa familiar. Nunca había hecho tan rápido el trayecto de vuelta. Explosiones, gritos de dolor y un ruido atronador fueron sus compañeros de viaje durante todo el camino. Said no comprendía del todo lo que pasaba, pero si lo intuía. En las últimas semanas su padre había estado más inquieto que de costumbre. Una vez al llegar de la escuela, se dio cuenta de que su padre estaba hablando en otra habitación con unos hombres a los que Said no había visto nunca (más tarde se enteraría que esos hombres formaban parte de las Brigadas por Liberación Nacional). No pudo reprimir su curiosidad infantil y se quedó a escuchar detrás la puerta:
- Te lo dije, no debíamos a ver lanzado aquellos cohetes, ahora todos estamos condenados.
- ¿Acaso estás cuestionando las ordenes del Mulah?
- No es eso lo que quiero decir Bashir, pero comprendeme, yo ahora soy padre y....
- Ten fé Kalhed, nuestra causa es justa y Alá está con quien lucha bajo el nombre de la verdad.
- Espero que estés en lo cierto Abdul, sino estaremos perdidos.
Las últimas palabras que había escuchado decir a su padre aquel día, resonaban en su cabeza una y otra vez. Perdidos, perdidos, perdidos,... Pero, ¿a quién temía su padre de tal manera? ¿De quien o que hablaba?
Mientras Said se escondía en el sótano, el ejército invasor estaba arrasando todo cuanto encontraba a su paso. Numerosas aldeas habían sido ya destruidas e incendiadas tras ser conquistadas. Los pobres inocentes que se rendían pensando, de una manera ilusa, que tal vez los sanguinarios conquistadores les perdonarían la vida o que las organizaciones internacionales velarían por ellos, se equivocaban. Como ya había ocurrido en Deir Yasin y en otras aldeas tiempos atrás, con cada nueva conquista, ya fuera de una gran ciudad o de una aldea remota, los civiles que todavía no habían huido presas del pánico que provocaban a su paso los "extranjeros", eran sacados de sus casas a la fuerza y expuestos en la plaza pública cual trofeo de caza.
Los primeros en caer tras ser apresados fueron los hombres de la aldea de Said que habían sobrevivido, de una manera milagrosa, al cruento ataque. Súplicas, rezos, sollozos. Se oyó la primera ráfaga de disparos y después silencio, un silencio sepulcral. Los cuerpos inertes de varios hombres cayeron al suelo sin vida, como hojas secas. Los desdichados que no murieron bajo el impacto de las balas del escuadrón de la muerte, se retorcían en el suelo al ritmo sanguinolento de sus últimos estertores vitales, hasta que fueron ensartados por las bayonetas que portaban sus captores. Los matarifes se regocijaban del fatal destino de sus victimas.
El pánico y el horror electrizaban el ambiente. Los sollozos de los cautivos, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, eran ensordecedores. A pesar de los intentos de los mercenarios por silenciarlos, los lamentos no cesaban. Las oraciones pidiendo clemencia y protección a Alá se repetían por doquier, y eso no hacía más que alimentar la saña de sus guardianes. Estos se dieron cuenta de que entre la multitud retenida había un Mulah que intentaba tranquilizar espiritualmente a los inocentes corderos, que iban a ser sacrificados en honor a Yavhé. Ordenaron prenderlo y llevarlo ante la autoridad militar que los dirigía, él cual lo despachó con un simple:
- Tengo cosas más importantes que atender. Hacer lo que queráis con este perro árabe y encargaros del resto, no hay tiempo que perder.
Dicho y hecho. Los soldados se llevaron al Mulah a un sitio apartado y alli lo golpearon una y otra vez con la culata de sus armas, hasta que el último aliento de vida se esfumó de su malogrado cuerpo. El resto de los retenidos no corrió mejor suerte: mujeres embarazadas, niños, ancianos,... nadie fue respetado. Cuanto todo terminó por fin, las hordas invasoras levantaron el campamento y pusieron rumbo a la siguiente aldea, abandonando los cuerpos todavía calientes de los vecinos de Said.
Said se preguntaba donde estaría su familia en este momento, pues cuando él llegó a casa para esconderse no quedaba nadie. ¿Quizás se habrían ido sin él? No, no podía ser, de ninguna manera. Su padre la había enseñado el valor de los lazos familiares, sobre todo en estos tiempos tan oscuros que corrían para su pueblo, por ello no lo podían haber dejado atrás o eso quería creer.
Mientras las dudas asaltaban su inocente mente con mil pensamientos acerca del destino de su familia, un estrepitoso ruido lo devolvió al mundo real. Voces extranjeras, golpes, disparos,... y de pronto estaban ahí, en su casa. La puerta del sótano en el que se guardaba Said fue derribada de una patada. Todo se quedó en silencio por unos instantes. Una inquietante oscuridad envolvía el ambiente. Said creía sentirse seguro agazapado tras unas cajas repletas de tratos viejos que su madre había guardado tiempo atrás, hasta que una ráfaga de balas, provenientes del salón de la casa, lo iluminó fugazmente durante unos segundos.
¿Lo habrían visto? ¿Quienes serían esos hombres que ahora combatían en su casa? ¿Se encontraba en peligro? ¿Quizás su familia había sido apresada por los mismo que ahora querían cogerlo a él?
No le dio tiempo ha seguir pensando más. De repente alguien descendió corriendo por las escaleras, linterna en mano, e ilumino a Said, el cual se puso a gritar presa del pánico, al darse cuenta de que había sido descubierto,...
¿ Era este su final?
Comentarios
Creo que la razón es para que no borremos nuestros textos.
Hace tres años y algo me fui de este lugar del que tanto aprendí, y por razones personales, y de publicación de mis cosas, borré muchas historias.
No esto de acuerdo con esto, deberiamos sentirnos libres para añadir, quitar, poner, borrar, marcharnos con la mochila puesta o dejarla aquí. Un ejercicio de libertad.
Es casi la única crítica que le hago a este foro.
Sobre tu historia....la dejo para otro dia.
Me cuesta algo leer este tipo de género habitual en tí. Con un par de vinitos...a lo mejor.
:rolleyes:
Bueno, pues tendré que dejar el "a ver" y el título mal puestos. Eso se llama: "andate con ojo para la próxima"
El "étnicismo" literario es una de mis especialidades. Como buen nómada sin patria, y esto no lo digo por decir, el origen e historia de los pueblos me atrae. Como hijo de inmigrantes de dos países diferentes y de dos continentes opuestos, África y Europa, y trás nacer yo en un tercer país, no puedo decir que pertenezca a ninguno, por ello busco el nexo que me una a los "demás".
Si en EL PODER DE LA SANGRE: EL DESPERTAR hablaba de una "guerra racial" entre los Pueblos del Bosque (caucásicos célticos), los Volksar (Caucásicos germanizados) , los Tuarnak (individuos mestizados), los Haffar (árabes),...; en esta historia he querido jugar con el conflico árabe israelí, poniendome del lado Palestino no solo por justicia histórica, sino porque en un pasado estuve a punto de abrazar la fé islámica.
Así que ya saben, no es ningun tabú hablar de ciertos temas que tanto escandalizan a los Occidentales :cool:
Prometo mañana con tiempo y calma leerte, ahora me voy a cenar, bye.
Un texto complicado. Cuando uno se adentra en relatos de temática concreta, en este caso, la irracionalidad de las guerras, la sinrazón que provoca miles y miles de muertes en nombre de Dios, hay que documentarse bien para otorgar credibilidad a la historia.
Desde el primer instante, tu texto está plagado de horror, tragedia, muerte, odio, fanatismo y devastación. La amargura de las víctimas y de quien pregunta por qué tamaña masacre.
Está bien escrito y defines perfectamente un escenario beligerante y cruento.
Un saludo
Okis señorita, cuento con ello. Por cierto, ¿puedes colgar los enlaces de tus textos en el foro hablando de la causa saharahui? Así me ahorrarías revisar el foro sin ton ni son en su busqueda
En verdad me sorprende que mi texto transmita todo eso
Los palestinos sufren la opresión del ejército sionista y eso me recuerda a los últimos años de mi padre y su familia en Mozambique. Vivían atemorizados de las continuas racias del ejercito comunista rebelde y eso les empujó a abandonar su tierra escapando de las matanzas que se producían en las haciendas de los granjeros blancos. Los palestinos tambien viven con miedo de las racias judías, pero a diferencia de la historia de mi padre, ellos no tienen un lugar donde empezar una nueva vida y eso es muy triste.
Lo cuentas muy bien, los nombre elegidos son adecuados, creo que hace referencia a Al Bahir, presidente de Sudán, o al menos lo fue, una de las guerras más cruentas y largas, pero puede ser cualquier otra guerra, no se diferencian demasiado.
No cabe otra que relatar una guerra con dureza, y eso es lo que has hecho sin concesiones, ni siquiera a los interventores internacionales, mal llamado mediadores, la mayoría de los casos velan solo por sus intereses particulares.
Con este relato me has hecho que me interese más por ti Carlos, por tu forma de escribir, ( no me termina de atrapar tu otro libro, probablemente no tienes tu la culpa, sino que el género no me gusta), no así con este de los perros negros.
Veo que has puesto Capítulo I, supongo qu ene los siguientes te meterás más en los personajes, porque si te sigues quedando en las generalidades de una guerra, por muy bien narradas que estén, no sentiremos los lectores osmosis, ni empatías. Necesitamos un sujeto humano, o varios…para sentir el dolor individual y trasladar ese dolor a los cientos de miles, o millones de caídos.
Otra cosa…normalmente no me gusta que se eleve el tono demasiado, pero aquí no cabe otra que la tragedia pura y dura, cabe la sangre, el terror, el dolor, las tripas, vísceras, hedor, sollozos, muerte…aunque mantenerlo durante todos los capítulos es difícil, a veces tendrás que suavizar un poco.
En ese sentido te diré, que los saharauis expatriados, durante los casi 40 años que llevan en el desierto y otros muchos de guerra, son grandes poetas, mezclan lunas y batallas, sangre y violetas en el desierto. No sé explicártelo porque hay que leerlo, te pasaré varios enlaces de grandes poetas soldados luchadores. Te gustará.
Un gran abrazo, estoy muy contenta de que algo de lo tuyo, por fín me guste.
http://www.ariadna-rc.com/numero25/sahara/sahara010.htm
Una vez termine de responderte, le echaré un vistazo al enlace que tan amablemente nos has puesto. Y es que el saber no ocupa lugar, por ello nunca está de más descubrir "cosas" nuevas de las que nunca se ha tenido noticia.
No me sorprende que este texto te guste, ya que tu "sensibilidad" va muy acorde con lo que se trata. Al estar metida dentro de la lucha por los derechos del pueblo saharaui, te ha resultado "más facil" ponerte en la piel de Said y sentir su dolor. Aunque bueno si he de ser sincero, mi estudio del Islam durante mi adolescencia más tardía, me facilitó mucho la tarea de escribir sobre ello. Eso sí, decir para que no exista lugar a error, que ya no profeso la de islámica debido a algunos de sus dogmas, sobre todo en su trato al género femenino. Pero bueno, eso es otro cantar.
Sobre mi libro EL PODER DE LA SANGRE: EL DESPERTAR, es la típica obra "rolera" con magia, seres "fantásticos", brujos, guerreros, sangre... Sólo me faltó añadir algún personaje élfico para caer en todos lo tópicos LOL Además ten en cuenta que si lo que te atrajo de esta historía fue su toque "exótico", en EL PODER DE LA SANGRE: EL DESPERTAR los buenos son caucásicos y lo "malosos" son tirando a "parduzcos", ya que por regla general, este tipo de literatura es consumida por población "occidental".
De momento ya tengo preparado el segundo capítulo y es que te sorprenderías al saber que este relato fue escrito durante mi etapa "política" y que además me generó muchas críticas desde mi "trinchera" por ponerme y sentir el dolor del pueblo árabe. Y es que nunca llueve agusto de todos.
Tendré en cuenta tu gusto por la diversidad "étnica" en próximos relatos jejeje
http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=26944
Estoy de acuerdo con Suina, que el libro tuyo no es malo, pero al tratarse de otro género al que no soy aficcionada, me cuesta un poco más en leerlo.
En cuánto al relato, ya te dije que me ha sorprendido sobremanera y además, has conseguido que uno se ponga en la piel de todos aquellos que sufren esas barbaridades.
Hablar de conflictos, guerras y poner sobre papel sentimientos de aquellos que las padecen o han padecido, no es tarea fácil y tú, lo has conseguido.
Al ir leyendo el relato, las únicas imágenes que me han venido a la cabeza, fue la cruenta batalla de Ruanda, dónde no respetaron a nadie y dónde además, la Comunidad Internacional, no movió un solo dedo.Te felicito por haber conseguido todo eso, tocar la fibra sensible que todos llevamos dentro y tocar un tema, que por desgracia, sucede más a menudo de lo que uno quisiera.
GRacias por tomarte la molestia de colgar el enlace. Ahora mismito le echaré un vistazo
Es que como bien dije antes, EL PODER DE LA SANGRE: EL DESPERTAR es el típico libro épico fantástico de toques "roleros", destinado al público consumidor de literatura tipo la saga de World of Warcraft, Warhammer, DrangonLance, el Señor de los Anillos,... Aporta todo aquello que buscan y buscamos los "frikis del rol", ya saben: magia, guerras, sangre, criaturas fantásticas, malos, buenos, dioses, muerte,... Es por eso que fuera del mercado al que va dirigido, puede que guste o no, dependiendo del criterio de cada persona.
Sobre mi cambio de registro en este escrito, debo decirte que yo soy muy versátil en lo que a la creación literaria se refiere, otra cosa es que haga uso de esa versatilidad. De todas maneras, he de decir que siempre existe un sentimiento político escondido detrás de cada uno de mis escritos. En algunos puede que sea más visible que en otros, pero la étnicidad y la crítica político-social, siempre acompañan a mis relatos.
La semana que viene colgaré otro capítulo de la historia de Said, para que su lectura y comentarios sean más fluidos y no se pisen unos a otros.
Said no dejaba de gritar. El pánico se había adueñado de él al verse descubierto por una extraña y misteriosa figura, que se acercaba de forma amenazante, iluminándole con la luz delatora de la linterna que portaba en la mano. El temor que sentía al pensar que podía ser apresado por los "Hombres Malos" que estaban arrasando su aldea, le dibujó en su imberbe rostro infantil una espantosa mueca de pánico y dolor. El hecho de verse lejos de su familia en estos precisos y agónicos instantes, no hizo sino que acrecentar el sufrimiento. La evocación de la imagen familiar hizo que recordara una de tantas conversaciones que había tenido con su padre, antes que que comenzara "La Invasión".
- Padre, ¿ te puedo preguntar algo?
- Claro que sí hijo, dime que es lo que inquieta tu mente y aflige tu corazón.
- La gente "extranjera" que se está instalando en nuestra tierra, ¿es diferentes a nosotros, verdad?
- Si Said, son diferentes a nosotros, pero como manda la tradición, debemos ser buenos anfitriones con nuestros huéspedes.
- Pero, ¿vienen para hacernos daños?, el padre de Hassan así lo cree.
- Escucha atentamente lo que te digo hijo mio, no juzgues sino quieres ser juzgado, el padre de Hassan se equivoca, ellos parecen gente de bien...
Cuanto se había equivocado su padre, pensaba Said. Los "invitados" estaban masacrando a su "anfitriones" y ahí estaba él, esperando con ansiedad a que el misterioso desconocido que le había descubierto le asestase el golpe final.
Sorprendentemente nada de eso sucedió. De pronto se escucharon varias ráfagas de disparos y la sombra que tanto pánico le había inspirado cayó abatida y con ella rodó por el suelo la linterna delatora que portaba. En medio de aquel caos, Said reconoció una voz familiar que le decía:
- ¡Vámonos chico, salgamos de aquí rápido! Los "extranjeros" no tardaran en venir a investigar la procedencia de los disparos.
Esa misma voz le insufló la fuerza necesaria para salir de su escondite. Al incorporarse pudo observar las facciones de la cara de su salvador, gracias a la tenue luz que les brindaba aquella maldita linterna tirada en el suelo. Said se sorprendió al comprobar que el rostro del hombre que le había salvado de un destino fatal, pertenecía a uno de los hombres a los que días atrás había visto conversar con su padre, Abdul. Abdul fue el nombre que utilizó su padre para referirse a él.Le debía la vida.
El sonido amenazador de pasos y voces extranjeras que se dirigían hacia donde estaban, les sirvieron de recordatorio de que debían salir de ahí inmediatamente.
- Corre, sígueme chico. ¡Ya están aquí! - le grito Abdul.
Said le obedeció sin pestañear, no era momento para dudas. Sus vidas estaban en serio peligro, sino escapaban ahora probablemente no lo lograrían nunca. Se dirigieron a las escaleras que daban acceso al salón. Mientras huían, Said se paro un momento a observar al hombre que yacía tendido en el suelo. Al contemplarlo, se dio cuenta de que no era uno de los "suyos". Lo que más le llamó la atención al examinar el cadáver, fue que en su uniforme portaba un distintivo característico en forma de estrella dorada de 6 puntas.
- Es la estrella que usan los extranjeros- se dijo Said para si mismo al reconocerla.
Atravesaron el salón a gran velocidad y se dirigieron sin perder un minuto hacia la puerta principal de la casa, camino de la libertad. Cuando por fin salieron a la calle, se dieron cuenta de que una patrulla de soldados del ejercito invasor, que lucían el mismo símbolo que el individuo abatido por Abdul, se dirigían hacia ellos en tono amenazante. Les ordenaban detenerse con gesto severo o eso parecía, ya que no hablaban la misma lengua.
- ¡Rápido Said, corre, corre por tu vida, yo los entretendré! - grito Abdul
Said obedeció sin rechistar y corrió como nunca lo había hecho antes. A pesar que el miedo le impedía detenerse, giró la cabeza por unos segundos durante su precipitada huida, para comprobar si Abdul, su ángel de la guarda, seguía vivo. Pudo observar como este corría en dirección a los soldados que los perseguían, disparándoles con un pequeño revolver. Los soldados extranjeros sorprendidos ante el heroísmo inesperado de aquel hombre, se detuvieron y dudaron por un momento, antes de comenzar a abrir fuego. Una lluvia de acero salió de sus armas en dirección a Abdul. Said no pudo seguir contemplando aquella escena suicida y volvió a girar su cabeza al frente y continuo con su huida.
¿Acaso lo habrían apresado por su culpa? o peor aún ¿estaría muerto? Lo que más inquietaba a Said era el desconocimiento que tenía sobre el paradero de su familia. ¿Que sería de ella? ¿Estarían a salvo? El sueño comenzó a apoderarse de él y con estos últimos pensamientos en su mente, cayó rendido en el frío y arenoso suelo de la gruta.