Cuando tus manos manchadas de sangre vi,
no pude por más que gritar y huir,
pues no eras tú, ese no podías ser tú.
Lo que me llevó a quererte,
ahora me lleva a odiarte,
a tener deseos de matarte, de deshacerte con mis propias manos.
La poesía que antes me salía en forma de sonetos de amor,
serenatas y odas al sol,
ahora solo puedo cantarla al demo, a la podredumbre y al encierro que alberga mi interior.
Me acusas de haberme callado,
me acusas de haberte estafado,
pero aquí solo hay un verdadero culpable:
tú, tus progenitores y mi ingenuidad.
Bendita sea la hora en que con este cuchillo te quité la vida y te lancé al mar.
Comentarios
si nooo jeje
perro ladrador poco mordedor dicen por aqui je