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Psicopompo

jesus F Alonsojesus F Alonso Pedro Abad s.XII
editado mayo 2012 en Terror
Aquí os traigo un nuevo relato de terror, compañeros. Espero que lo disfrutéis.



PSICOPOMPO



Tras acabar, me ducho con calma. Después me dirijo a la cocina y pongo un poco de azúcar en un vaso de agua. Vano intento, pues sé que mañana tendré agujetas, pero espero que el remedio casero las atenúe ligeramente. Me visto y me marcho a trabajar, como de costumbre. En la oficina todo igual. No aguanto a la gente, me miran de modo extraño y juraría que hablan de mí cuando no estoy delante. Pero me da igual, estoy buscando otro trabajo, algo bien lejos. Sin ti, Sara, ya nada me ata a esta ciudad.
Seis de la tarde. Apago el ordenador y me pongo la chaqueta. Apenas recibo una tenue contestación por parte de Carlos cuando me despido del resto de compañeros que pululan por la oficina. Hoy he vuelto a comer solo. Bajo a la calle por las escaleras y me acerco al coche, un anodino Twingo de color gris. En el techo se ha posado un pájaro, un gorrión, y me mira ladeando la cabeza. Agito la mano y el animal escapa volando. Entro en el vehículo y arranco, suspirando. Tengo ganas de llegar a casa, pegarme otra ducha y tomar una cerveza. Conduzco hasta casa y cuando aparco salgo del coche masajeándome las lumbares. Tengo que ir a hacerme un masaje esta semana, maldita ciática. Camino hasta la entrada de mi chalet e introduzco la llave en el portón. Cuando entro en la finca sigo el camino de gravilla hasta el porche delantero y entonces me detengo. Otro pájaro, otro gorrión, pía frente a mí a la vez que avanza a pequeños saltitos hasta donde me encuentro. Sus ojillos negros como el carbón parecen brillar con inteligencia. Doy un paso hacia la izquierda y él da un saltito en la misma dirección, como si quisiese interponerse entre la casa y yo. Exasperado doy dos grandes zancadas mientras me agacho y agito los brazos. El animal echa a volar, piando frenéticamente. Juraría que en sus ojos he podido ver cómo me odiaba. Entro en casa y después de ducharme me voy directamente a dormir, tras comer un bocadillo. Sueño contigo, como es lógico.

Siete de la mañana. Suena el despertador. Mi primer despertar solo en la cama. Me froto los ojos y miro por la ventana. Dos gorriones me miran fijamente desde el alféizar. Reprimo un escalofrío y me levanto de la cama, acercándome al baño. Ya noto las agujetas, se han unido a la ciática y mi cuerpo es un dolor andante. Podría llamar a la oficina y decir que me encuentro enfermo. De todas formas no creo que me echen mucho de menos. Me preparo un café y me siento a ver la tele mientras lo tomo. Oigo pájaros piar fuera de la casa, pero no me asomo a la ventana.
Me despierto sobresaltado. Me dormí mientras los anuncios, y ahora echan el concurso ese de la ruleta. Descartado lo de ir a trabajar hoy, y encima recibiré bronca, pues no he avisado. Me desperezo y de inmediato lo lamento, pues las agujetas son más potentes que antes. Me acerco a la nevera, cojo una cerveza y me cercioro de que haya más. Me pienso pasar todo el día borracho. En varias ocasiones oigo piar a pájaros, pero bebo un trago de cerveza y el sonido parece atenuarse. A las diez de la noche me arrastro a trompicones hasta la cama y me derrumbo sobre ella. Sueño con una palabra. Psicopompo.

Once y cuarto de la mañana. Abro un ojo y maldigo a los pájaros. Esta vez son cuatro, y pían al unísono. Abro la ventana y les grito. Alzan el vuelo pero se posan en mi naranjo. Hay más gorriones allí, al igual que sobre el peral. Cuento quince, pero tal vez haya más. Algo raro pasa, eso seguro. Cierro la ventana y me visto con rapidez, alegrándome de que tanto las agujetas como el dolor lumbar se han ido. Quiero salir de la casa. Pero no voy a ir a trabajar. De hecho no sé ni siquiera si volveré a la oficina. Tal vez sea el momento de coger la maleta y marcharme.
Camino durante todo el día, sin rumbo. De vez encunado oigo piar, y otras veces veo gorriones sobre los edificios, o en la acera, o apostados en árboles. Parecen vigilarme. Pego un grito cuando el teléfono móvil suena. ¿Quién me llama durante el horario en el que se supone que estoy en la oficina? Miro la pantalla del teléfono y observo anonadado que son las siete de la tarde. Ha pasado el día sin darme cuenta. No he comido, y ayer creo que tampoco lo hice. Descuelgo la llamada finalmente y escucho la desagradable voz de Laura, tu madre. Me pregunta por ti, dice que hace dos días que no le coges el teléfono. Yo le contesto que te has ido, colgando a continuación la llamada. Vuelvo a casa, enfadado con todo y con todos. Y sin motivo, sólo debería enfadarme con Sara y, tal vez, con los gorriones. Me echo a dormir después de comer una pizza. De las frescas, no de las congeladas.

Diez de la mañana. Me despierto gritando. En la pesadilla los gorriones me rodeaban y saltaban sobre mí. No piaban, pero pronunciaban esa palabra. Psicopompo. Me levanto y suspiro aliviado. No hay pájaros en el alféizar. Mas mi alivio dura poco, pues los árboles están a rebosar de esos malditos animales. Dos de ellos saltan sobre el jardín. Sobre el lugar donde he enterrado el hacha. Voy a la cocina y me preparo un café, mirando intranquilo el congelador. ¿Debo abrirlo? Finalmente decido que no es necesario, por lo que cojo la taza con la amarga bebida y me la llevo hasta el despacho, donde enciendo el ordenador y me conecto a Internet.
Busco en Google la palabra con la que sueño y me entero de que proviene del latín. Al parecer un psicopompo es un animal que acompaña a los muertos al más allá. Son muchos los animales que pueden ser psicopompos. Uno de ellos es el gorrión.
Pego un grito y por poco me caigo de la silla cuando uno de esos pájaros se posa en mi mano y me mira con malicia. La ventana está abierta y se ha colado por allí. Con la otra mano lo agarro y lo aplasto, notando cómo sus huesecillos se quiebran. El animal suelta un agónico chillido mientras muere. Sus compañeros pían en el exterior de la casa. Son muchos, y el alboroto que producen es ensordecedor. Me parece que están coléricos. Suelto el cadáver del pájaro y contemplo con desagrado que sus heces manchan mi mano. Me acerco a la cocina, dispuesto a tirarlo al cubo de la basura.
El congelador está abierto, y una bolsa de plástico opaca ha caído al suelo desde su interior. Sofocando las náuseas que siento tiro al pájaro a la basura y acto seguido meto de nuevo la bolsa en el congelador. Hay varias como esa dentro, y todas tienen una parte diferente. Corro hasta el baño, pues he perdido la batalla contra mi estómago, y vomito el café, desvaneciéndome a continuación.
Despierto pocos minutos después. Los gorriones siguen piando fuera. Corro por la casa, mirando por las ventanas y cerrando las que están abiertas. Todos los árboles de la finca tienen sus ramas llenas de pájaros y varios de ellos picotean en el suelo, en el lugar donde enterré las partes tuyas que no entraron en el congelador. Me miran y agitan las alas. Bajo las persianas del salón y me siento en el sillón a oscuras, con la televisión encendida y temblando de miedo.
¿Por qué tenías que pasar tanto tiempo con Luís, tu compañero?, ¿por qué tenían que brillarte así los ojos cuando hablabas de él? Tú me pertenecías, y en vez de serme fiel tonteabas con otros, así que tuve que darte tu merecido. Dormías cuando me desperté, y sonreías. Algo dentro de mí me dijo que soñabas con él, ¡en mi propia cama, puta! Bajé hasta el garaje y cogí el hacha. No te podrás quejar, no llegaste a despertar. Con cuidado te dividí en partes pequeñas y enterré unas pocas en el jardín, junto con el hacha ensangrentado. Otras las guardé en el congelador, en bolsas de supermercado. Quería que parte de ti siguiese conmigo por siempre. Sé que no puede durar mucho, que la policía vendrá, que la cabrona de tu madre desconfiará y les lanzará a por mí. Pero, sinceramente, los que me preocupan son los pájaros. Después de matarte y dividirte, tras acabar, me duché, y unos minutos más tarde me preparé un poco de agua con azúcar, un remedio para las agujetas que tendría al día siguiente. Era lógico tener agujetas después de haber estado media hora pegando hachazos a tu cuerpo.
No sé el tiempo que llevo aquí sentado, pero por fin reúno el valor suficiente como para levantarme, ir a la cocina y acercarme al congelador. Está abierto, y parte de mí esperaba que así fuera. Me asomo a su interior y está vacío. No hay bolsas en la cocina, ni con ojos ni sin ellos. Corro de nuevo hasta el sillón que ocupaba hasta hace pocos segundos y me siento en él tras cerrar la puerta del salón. Estoy allí encerrado, pero los psicopompos no pueden entrar, aunque lo intentan. Les oigo piar y golpean furiosos las persianas.
Según la leyenda acompañan a las almas, pero la tuya ya debe haber viajado hace tiempo, así que, ¿qué coño hacen aquí?, me pregunto. Oigo la puerta del salón abrirse lentamente, y entonces sé la respuesta. No venían por ti, vienen a acompañarme a mí. Tu mano fría se posa en mi nuca y tu boca muerta pronuncia mi nombre.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado abril 2012
    Macabro, :eek::eek:buen relato para despabilar:rolleyes::)
  • minatufeminatufe Anónimo s.XI
    editado abril 2012
    El giro del final es sensacional. Me encanta.

    Genial cuando hablas de la pizza. Al principio me sobraba la frase porque parecía forzada, pero no tiene desperdicio. Yo no la quitaría, pero intentaría que encajase mejor. Otra frase que me chirría mucho es "Me dormí mientras los anuncios". Me suena mejor "durante".

    Creo que podrías eliminar alguna explicación sobre cosas que se entienden bien para hacer la lectura más rápida.

    ¡PSICOPOMPO!
  • jesus F Alonsojesus F Alonso Pedro Abad s.XII
    editado abril 2012
    Gracias, Amparo, je, je, lamento haberte espantado.
    Un saludo.
  • jesus F Alonsojesus F Alonso Pedro Abad s.XII
    editado abril 2012
    gracias, minatufe, revisaré lo de la pizza, y corregiré lo de los anuncios, que me comí una palabra pero, en efecto, qeda mejor "durante".
    Y, abusando de tu confianza, te pediría que me apuntases alguno de esos datos que ya se entienden bien, para que así pueda agilizar un poco el texto.
    Un saludo.
  • Le FanuLe Fanu Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2012
    Hola Jesus F Alonso, bueno...no sé que decir...ja,ja; empieza muy light y acaba muy macabro en apenas cuatro párrafos. Encuentro que el estilo es similar al anterior relato tuyo. narrado en primera persona con acciones muy seguidas, una tras otra que van destapando la trama y... guinda al final. Creo que minatufe tiene razón en lo de "durante" lo vi mientras leía y después vi su comentario. En lo de eliminar alguna explicación no estoy de acuerdo, creo que la gracia del relato reside precisamente en eso, en como esta contado. En fin no sé...Espero seguir leyendo más cosas tuyas, hasta la próxima Jesus F Alonso.
  • minatufeminatufe Anónimo s.XI
    editado mayo 2012
    Lo siento Jesús, no he podido responder antes y ahora no soy capaz de ver qué parte era la que me chocaba.
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