Recuerdos cuerdos, si es cierto eso que dicen de que os guardo, os tengo y os retengo, aunque sea desamparados y a pleno nado sobre el incombustible llanto de lo etéreo. Os ruego que encendáis las luces ciegas del sano juicio en mi azotea, que la desesperanza y la impaciencia venzan a tanta ilusión tonta que me asedia y me rodea. Que jamás desluzca la dulzura de tu amor translúcido ante mi dolor indómito, si soy consciente de que más que el astro insólito que buscas soy el desastre lunático que evitas, cuando ficción y realidad se juntan, y sobre mis metáforas ingrávida levitas.
Yo escéptico, le escondo el final al horizonte desde que esta incesante incertidumbre mucho a mucho me consume, aunándome en palabras de humo para que me exhales, que pronuncies mi lamento inoportuno, suicidio de inmortales. Lo más cerca de tus labios que jamás estaré, eso seguro. Aquí sigo cosiéndole a mi boca esas quejas tuyas que señalan el“nosotros” cuando me alejo, cuando me rompes en palabras como el crujir de las rejas que te apresan a junto a mí por siempre, dentro de esta jaula de espejos.
Huyo de mi y disminuye la distancia que nos une porque tener tu reflejo grabado al rojo en mi entrecejo me impide tenerte lo suficientemente lejos.
Ahora voy de estrella, en estrella y hay quien hasta en Marte ha visto mis huellas. Pero quizá todo sea mejor así. Un pequeño verso puede sorber ruegos y escupir vidas, y ahora es preciso que me quede sin poemas para que sean mis penas las que se queden sin saliva.
Y aquí sigo, bajo la constelación del exilio surcando en tus ojos la órbita de mi galaxia el delirio, pagando con creces las pesadas cruces del martirio.
Sumido en una vorágine de ingenuidad, despistada la palabra iluso grapada en la espalda de mi incredulidad. Nada más lejos de la realidad, la pisada solitaria del hombre ausente que siente más que nadie a la soledad. Hasta que por fin asimile esta sinrazón, y ella misma sea la razón por la que esa nada que tanto significa para mi acabe algún día. O empiece, según muestre el ángulo del prisma. Cuanto dicte el transcurso de las horas, en la vida misma.
Y ya solo me queda escribirte desde Titán,
mi Luna más allá de Júpiter.
toni.
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Gracias.