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Erase una vez que se era o el campesino afortunado

CescCesc Pedro Abad s.XII
editado febrero 2012 en Narrativa
Erase una vez que se era, en un país de los que acaban en "landia" y que empiezan por cualquier cosa, que había un rey con dos hijas, si el rey era bueno o las hijas hermosas no es algo que sepamos a ciencia cierta, solo sabemos que nadie va a decir nada malo de un rey a la antigua, ya sea por costumbre, ya sea por esa afición que tiene el común de los mortales de gustar de una cabeza pegada al tronco.
Y en este país que empieza por cualquier cosa, con un rey como cualquier otro, con dos hijas de supuesta belleza a pesar de que a juzgar por los retratos que nos llegan... no se puede estar muy seguro, vivía un campesino.
Uno de tantos, una mota en la normalidad de una población mayormente campesina, ni el más pobre, ni el más rico, afortunado por poder trabajar su tierra y arañar así su sustento, y del rey, y el de sus hijas, el de funcionarios y cortesanos, el de soldados y verdugos... pero no se quejaba, era afortunado.

"Soy afortunado"
Le decía a una rana que saltando rápido huía por la acequia.
"Soy afortunado"
Le contaba a una culebra que por un rendija se escondía.
"Soy afortunado"
Entre el gutural sonido de guía a sus bueyes les cantaba.

No sé que pensarían la rana, ni la culebra, ni los bueyes... pero parece que tanta autoafirmación no pasó del todo desapercibida y más que eso... ya hartaba. Y así la rata que compartía el sustento del campesino, con el rey, sus hijas, funcionarios, cortesanos, soldados y verdugos, no pudiendo más... se planto en la mesa del susodicho y antes de que este se recuperara de su sorpresa y buscara una buena vara con que acabar de una vez con la maldita rata ... esta se rió, se rió como lo hacen las ratas, una mezcla de chillidito agudo con pequeños estertores, algo que podría inducir a su vez a risa... sino fuera por el matiz siniestro.

-¿De qué te ríes rata? Dilo antes de que te mate y así... aún ser más afortunado.

-Yo si que soy afortunado, ¡no tú! jijijiji. (era un "rato", claro, y muy macho... o eso solía decir)

-Tengo la tierra que mis padres me dejaron, tengo agua con que regarla, y comida para el año, más algún excedente para intercambiar, tengo una cabaña que me cobija y leña para el invierno. ¡Soy afortunado!

-Y yo... yo no tengo nada, pero como todos los días hasta saciarme de tu comida, y lo más importante... no estoy solo, tengo una rata y muchas ratitas, y todos comemos de tu comida, y para ello no tenemos ni que trabajar, solo correr un poco a veces, pero eso nos encanta. Y ¿tú? solo trabajas y estás solo.

-¡No necesito a nadie!
Espetó el campesino... y la vara casi alcanza a la rata que ágil desapareció y ya no fue vista.

Al día siguiente el campesino salió, como correspondía, a labrar su tierra.

"Soy afortunado"
La rana saltaba, sí, pero también se reía.
"Soy afortunado"
Shhh Shhh Shhh, o algo parecido, pero desde luego era risa de culebra.
"Soy afortunado"
-Venga hombre! seremos bueyes y a nosotros te aseguro que ya nos da igual después del "trabajito" que nos hicieron, pero a ti se te nota que te hace falta una mujer, ¡Qué ya está bien que la pagues siempre con nosotros!

Ser campesino a menudo implica ser muy terco, pero que una rata te hable, los bueyes... y creas que hasta las ranas se ríen, da que pensar hasta el más tozudo, así que pensó...

"Uhmmm... quizás no soy tan afortunado, cuando acabe la labranza saldré al camino y a ver que me trae el destino"

Realmente no todos los caminos van a Roma, ni hay mucho que esperar del destino de un camino bien conocido. Pero todo ello no inquietaba en absoluto al campesino, él sabía a donde iba, y en unas pocas horas de camino allí estaba, delante del molino de la viuda María y pensaba...
"Si no es la hija, será la madre."
Tal es el talante de las personas ... determinadas.

-No creo que traigas mucho grano a estas alturas del año.
La burlona mujer así le decía mientras le miraba con ojos ... extraños.

-No vengo a moler, solo quiero jo... ven que en las noches me acompañe, que en los días a mi lado trabaje, y que comparta mi tiempo y mi vida con su tiempo y su vida, y si no es joven... que sea madura pero sin atadura.

El campesino casi se puso a sudar al darse cuenta de que casi se le escapa la palabra que lo arruinaría todo y casi se tendría que volver casi magullado por la casi segura reacción de la viuda.
Pero todo se quedó en casi, y un casi solo sirve de aviso, para nada más, y así avisado penso que mejor hablar poco.

-¿Y crees que por aquí vas a hallar lo que buscas? ¿Joven y madura? ¿Vas a decirnos que somos más bellas... que las princesas?

A lo cual el campesino solo pensaba:
"Ay ay ay, ¿Qué pretenderá María? Si digo que son más bellas que las princesas, lo cual no es nada, pero nada, difícil, estoy a su merced, si me denuncia ... ay ay ay, y ni siquiera será precisamente un gran piropo. Y si no lo digo se dará por insultada y me devolverá al camino..."

-Mejorando lo presente.

No sabía bien porqué dijo eso en su apuro, una expresión que nunca acabó de entender del todo y que sin embargo se aceptaba como un halago, cuando no se sabe si la otra persona de la que se habla mejora lo que presente se encuentra o qué.
Sea como fuere eso es lo que le salió... y María ya no pudo más...

-Jajajajajajajaja y ... jajajajajajajaja y más ... jajajajajajajajajaja...
Anda, pasa, comamos algo, y comiendo ... hablamos.

Allí estaba las dos, madre e hija, sirviendo pan y pasteles, queso y embutidos, dulces y pequeñas golosinas, y asi comiendo el campesino pensaba:
"Esto es vida, con estás mujeres y el molino... desde luego que sí sería afortunado... qué gran molino, qué grandes mujeres ... ¡qué gran mesa! ... ¡un momento!"
Sí... todo era más grande ... o es que él ... sí... era él que era más pequeño... y ¡peludo!
De repente la molinera y su hija no eran más madre e hija, o quizás sí... pero también... brujas.

-Mi querido amigo, ¡Qué afortunado eres! Mi hija ha decidido que sí, ¡Se queda contigo!
Dijo la molinera-bruja con una sonrisa de las que más que enamorar solo consiguen helar la sangre.

El campesino tenía mucho que decir, quería saber si compartiría el molino, qué iban a hacer, como vivirían, si habría boda y dote... y mucho, mucho más quería decir, y haciendo acopio de valor y palabras dijo:

-"Miau"

No hubo boda, ni dote, ni podía decir que el molino fuera suyo, pero las caricias de la hija de la molinera eran ciertamente muy placenteras, y dormir en su regazo una delicia. También encontró un placer inesperado en capturar y devorar roedores, y así un día, en una de esas escapadas nocturnas a las que tanto era aficionado en esta nueva vida, llegó hasta sus viejas tierras para encontrar que otro las labraba.

A decir verdad... no le importó lo más mínimo.

-Hola "rato"

No hubo respuesta, solo un revuelo aterrorizado que acabó en las zarpas del ex-campesino... y mientras tranquilamente estaba acabando su cena se acercó el agradecido nuevo labrador con un mullido cojín y un pescado.

Caricias dulces de una muchacha, gatitas y deliciosa comida... la rana saltaba, la culebra hacía su shhh, shhh, los bueyes seguian resignados con su trabajo, el rey, sus hijas, funcionarios, cortesanos y hasta los verdugos, todos tomaban su parte de lo que había sido su tierra, pero él... él solo sabía que al fin...

era afortunado.

(No sabía muy bien en que sección ubicar este cuento, espero que os guste, yo me he divertido haciéndolo)
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