Sé que ninguno tiene estrofas ni versos claros. Es la libertad que te dan las canciones. Nunca las he cantado ante nadie, pero aquí va otra.
Suena una música gentil
preñando el aire melodías nuevas
siempre nuevas
en tu voz.
Y hay un fantasma en el jardín
que va coleccionando rosas rotas
de tus notas
y soy yo.
¿Qué soy yo para ti
cuando en el piano ya no estoy?
¿Soy tu amante, soy
tu entrenador de voz, tu lazarillo?
Me llevas, me traes
me levanto, caes.
Como te me entregas, me escatimas
me utilizas y después
me arrojas como jabalina
!jabalina!
Es un vaivén de soledad
con Schubert de una en otra partitura
amargura
desazón.
Perdono tu deslealtad
tu indiferencia como mi abandono
¡No perdono
tu ambición!
A veces soy feliz
cuando mientes que me quieres
y te veo llorar
mas siento que tus lágrimas son frías.
No creo en tus ojos
tu falso sonrojo
como me seduces me dominas
me abandonas y después
me muestras piedad, asesina
¡asesina!
Pero no habrá reproche al fin
perdona el quiebro de mi amor herido
no te olvido
sé feliz.
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