Ah, fría noche en solitario, que me acompaña en los solitarios desiertos de mis pensamientos, cubreme hoy con tu velo negro de soledad y estrellas, para cobijarme eternamente entre los miles pliegues de tus rumores otoñales.
Porque hoy comprendo que tan solo deseo aquella boca de miel, que roba almas con una palabra, y que humedece mis pasiones en la lejanía de su mirada, aunque no sea para mi, continuo por ella.
Y nunca está, aunque la tenga entre mis suspiros, cerca de mis labios, está ahí pero no es ella, fría y distante como aquel viejo recuerdo de otoño, en aquel amor casi mágico y etéreo que alguna vez supe guardar en los confines y rincones de mi rasgado corazón.
Aunque se que algún día, la volveré a ver, aquella boca de miel que roba almas, y ella vendrá a mi, y llorare lagrimas de ocasos, para plasmar en la magnificencia de la ternura nuestro pacto de amor.