Hipnotizado por la droga, observo mi habitación. Me sumerjo en un mar de ojos que me miran burlones. Parpadean cuando me muevo, y me tumbo. Las paredes, de mil tonos de amarillo, tiemblan despacio. Y sus tonos se confunden al deslizarse sobre mis ojos. Los ojos que lloran lágrimas frías. Me tumbo y veo en el suelo bocas que ríen alto, como a carcajadas. Pero no oigo nada. Mi perro dejó de ladrar. La puerta sangra por sus heridas, como garras de tigres que le han arrancado la vida y dejan que las sobras resbalen por su piel, relamiéndose las zarpas con un ronroneo. En mis zapatillas hay cuadrículas que bailan al ritmo de la música, y todos los pétalos del mundo hacen brotar flores verdes y amarillas, en las que lloran niños y niñas desamparados; los huérfanos del tiempo y de Dios que fueron dejados en un tronco a la deriva. Y mis letras son filas de hormigas que marchan contra un volcán para apagar su fuego, ese que viene desde las entrañas de Dios, donde llora un Buda y Ganesha pierde sus brazos. Donde Hércules pierde su fuerza. Donde el Dharma es mentira y los ojos de Horus son ciegos. Donde Eva y yo paseamos entre las flores de un Edén perdido.
Comentarios
Me gustó como lo describes
(todo lo que se había metido es palpable en la mala letra que tenía el escrito original)
Muchas gracias por comentar, Amparo ^^