El día se tiñe de blanco y negro
y la luz se pierde en lo alto del campanario.
Suena en la noche un grito errante, errado, contraído.
Suena como un graznido.
La mañana, las cometas, el día que desaparece
en un mar de sombras dubitativas.
Una sonrisa anochecida
que se vislumbra entre los fantasmas
que a la luz de la Luna
errantes y hambrientos
contemplan un pasado
de principio inconcluso y final aciago.
El día se tiñe de blanco y negro,
y la noche tiembla
y una sonrisa canta
y los cuervos bailan con los fantasmas.
Hasta que la noche se pierde en el reloj.