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Perdida

WildWild Anónimo s.XI
editado julio 2010 en Terror
PERDIDA
El aire, cálido y suave, ingresando en mi cuerpo. El calor depositándose sobre mi piel, como una caricia relajante. Arena debajo de mi cuerpo, haciendo de un cómodo y natural colchón. Me sentía totalmente relajada, como en un trance, sin preocupaciones ni nadie a quién escuchar, más que a las espumosas olas desplegándose en la orilla. Abrí los ojos y vi el cielo, que creaba formas abstractas de diversos colores, en el armonioso y a la vez salvaje conjunto del sol y las nubes. Me estiré tanto como fui capaz y suspiré, sin poder contener una sonrisa. Volví a cerrar los ojos y, aunque me pareció que pasaron sólo unos segundos, al abrirlos ya estaba oscuro.
Me levanté lentamente, realmente desorientada. Sacudí mi pelo, lleno de diminutos granitos de arena que, aventureros, se habían aferrado a él. Me puse en pie y miré hacia todos lados. La playa estaba escondida bajo una oscuridad escalofriante. Apenas lograba ver la silueta de las olas, aún activas a pesar del tiempo transcurrido. No podía creer que había pasado tanto tiempo. Mi familia debía de estar muy preocupada, ya que no volvía al hotel desde el mediodía.
Comencé a caminar por la costa. "Si voy por donde vine, siguiendo la orilla, no puedo perderme. Pronto enconrtaré al resto de las personas y volveré a casa." me dije. Siempre me caractericé por perderme fácilmente y más aún en situaciones como esta: hace sólo dos días que estábamos en esta paradisíaca playa en Brasil y era la primera vez que caminaba sóla por ese lugar. Sin embargo, aún estaba relajada y no me atemoricé, era como si nada pudiera perturbar mi tranquilidad. Continué caminando lentamente, hasta que, con la escasa iluminación de la luna, pude ver algo realmente inesperado: la costa estaba bloqueada por una enorme roca que había rodeado anteriormente, cuando la marea estaba baja. Ahora había subido muchos metros y continuaba subiendo. Estaba atrapada, en medio de la densa noche, entre el oscurísimo mar y la aterradora selva...

Mi corazón se aceleró y comenzaron a sudarme las manos. Mi mente se bolqueó repentinamente a causa del pánico, impidiéndome pensar coherentemente. No me atrevía a adentrarme en la escalofriante selva brasilera, nisiquiera unos pasos; pero mucho menos a nadar en el ciego mar. Empecé a temblar, no lograba pensar en otra cosa más que en que tendría que quedarme toda la noche sóla en una playa desierta, mientras que las olas se acercaban cada vez más, amenazando con llevarme hasta los tenebrosos árboles selváticos. Me senté abrazando mis rodillas y, entre el miedo y la desesperación, no logré contener un llanto hondo y tembloroso.
Luego de unos minutos, mi llanto cesó. Respiré profundamente y me calmé. Después de todo, era sólo una roca; grande e imponente, pero una roca al fin. Me levanté e intenté treparla: me estiré tanto como pude, traté de sostenerme con una mano de una irregularidad de la mencionada piedra y de apoyar uno de mis pies en otra, pero fue en vano. Era demasiado lisa y podía sostenerme de ella.
La segunda opción era caminar sólo unos cortos metros entre la espesa selva, ya que la roca debía acabarse en algún lado. Suspiré trémula, tratando de expulsar el miedo junto con mi aliento. Junté valor y, lentamente, comencé a adentrarme en la espesa jungla brasilera siguiendo el bloqueo. Inconcientemente, estaba conteniendo la respiración para no hacer ruido. Sentía el suelo húmedo y cubierto por hojas, ramitas, piedras pequeñas - y quién sabe qué más - bajo mis pies; los sonidos eran lo que me ponían más nerviosa, ya que, al casi no poder ver, los sentía más fuertes y estaba aterradoramente atenta a ellos. Oía miles de grillos unidos en un agudo coro de chillidos sin final, crujidos del suelo en todas partes, revoloteos de las hojas de los altísimos árboles y las cercanas plantas... Mientras más avanzaba, menos veía; y mientras menos veía, más terror sentía. El no poder ver hacia donde iba, qué me rodeaba, qué estaba cerca mío, y saber que estaba en medio de una selva desconocida caminando a ciegas sin siquiera saber cuál era mi destino era lo más espeluznante que jamás había sentido. Estaba tan asustada y paranoica que, sin pensarlo, comencé a correr con las manos hacia adelante. Recuerdo haberme chocado con varios árboles y haberlos esquivado frenéticamente como si alguien me estuviese siguiendo. Estaba actuando totalmente por instinto, salvajismo, no pensaba en nada ya que no había suficiente espacio en mi mente para el pánico y la sensatez. Corría a los tropezones, chocándome con todo, hasta que mi pie izquierdo se enredó en una rama y caí pesadamente al suelo. Allí me volví una pequeña bolita de miedo, abrazando mis rodillas y escondiendo mi rostro en mí misma, llorando desconsolada pero silenciosamente.
No sé cuánto tiempo me mantuve inmóvil en esa posición, paralizada y con miedo a moverme. Cuando volví a pensar claramente, me dije a mí misma que debía salir de ahí y esperar segura en la playa a que el sol saliese para poder pedir ayuda. Así que me puse en pie cautelosamente. Me sacudí la suciedad de la cara y me sequé las lágrimas con el dorso de la mano para poder ver, aunque sea un poco. Miré a mi alrededor lentamente, pero sólo lograba ver las siluetas de las plantas dibujadas a mi alrededor por la escasa luz de la luna. No podía ver la maldita roca que me había bloqueado el camino y, aunque trataba de mantener la calma, sentí que mi alma se desmayaba dejando a mi cuerpo sólo y frío. Mi ataque de pánico me había desorientado totalmente, no tenía idea de hacia donde tenía que ir para salir de allí. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para contener el llanto y concentrarme en los sonidos: no podía estar muy lejos, sólo debía escuchar el ruido de las olas y dejarme guiar por él.
Me paralicé en el suelo y comencé a escuchar, pero era muy confuso. Lo escuchaba, como una melodía, pero estaba lejos y del otro lado del que yo creía que estaba. Pero al mismo tiempo, perdía continuamente su ubicación a causa de los ruidos de la selva: los insoportables grillos, las hojas moviendose, algunos ruidos desconocidos que me ponían los pelos de punta. Daba un paso hacia donde creía escuchar el océano, pero entonces me desorientaba nuevamente. ¿Estaba adelante? O tal vez a la derecha... No, no, ¡hacia atrás! ¿O era a la izquierda? Llegó un punto en que había dado tantas vueltas que me sentía mareada y confundida. Mi cabeza daba vueltas y me dolía de tanto pensar. Estaba tensa y muy alterada, en medio de la desesperación. No sabía donde estaba, no sabía cual era mi "adelante" ni mi "atrás". Me hice un ovillo nuevamente y empecé a llorar silenciosamente, trémula, atemorizada, desesperada, paranoica.
Jamás sentí tanto miedo como aquella noche. Y pensar que al principio me sentía tan segura, relajada, como en un paraíso...



Espero que les haya gustado, es una historia totalmente ficticia (: No tengo mucha práctica ni teoría con la escritura, sólo lo hago cuando estoy aburrida e inspirada (lo cual no pasa muy seguido!). Denme su opinión! Muchas gracias :D

- Wild ♫
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