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relato- un dios en la batalla.

B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
editado abril 2010 en Narrativa
hola, aqui os dejo un relato que he presentado a un concurso, el tema es Dios y espero que os guste....

Bitácora
Teniente M.C.
19 de diciembre de 1820: Segundo día de una guerra absurda como todas, no he podido pegar ojo esta noche, será por ser la primera. Aquí el aire es demasiado húmedo y denso, casi nos cuesta respirar, el frio se ha adueñado de nosotros ésta noche, mis hombres y yo, hemos estado jugando a las cartas y bebiendo algo de vino, para aliviar el frio y el aburrimiento, parece que todo está en calma.
Más tarde: estamos en las trincheras y acabamos de tener noticias, el enemigo se aproxima por el flanco sur, gracias a dios, allí tenemos una buena cobertura de soldados de otro regimiento. El aire parece haber cambiado, es un poco más cálido a estas horas, son las tres de la tarde, hemos comido del racionamiento enlatado y algo de pan viejo, aunque no perdemos de vista el horizonte, por donde creemos se adentrará, en este mar de barro el enemigo.
Ningún cambio acontecido en las siguientes horas, nos espera otra noche fría y en guardia, puesto que si no hemos apercibido ningún cambio, haremos turnos de cuatro horas, empezarán los más jóvenes según el mando.
La noche está siendo fría, pero más cálida que la noche pasada, cierro la bitácora ahora, bebo descansar para mañana.
20 de diciembre de 1820: son las cinco de la madrugada, el sol no ha despuntado aún y las ráfagas de tiros se escuchan en la lejanía, se aproxima la hora de la batalla y todos mis hombres están nerviosos. Hemos estado rectificando los puntos débiles de nuestro flanco sur, aquí solo somos veinte hombres, y algunos de ellos no pasan de los dieciocho años.
Doce de la mañana, el día está nublado y esponjoso, hemos empezado a divisar los carros de combate enemigos, me asalta la duda, una duda que no puedo explicar, porque tengo miedo, son más del triple de los que esperábamos, el otro regimiento ha caído, y ahora solo estamos nosotros, he diseminado a mis hombres a lo largo de la trinchera, pero que dios nos ampare cuando lleguen aquí.
Seis de la tarde, los tenemos tan cerca que casi los oímos respirar, debo cerrar la bitácora ahora, puesto que la batalla va a empezar de un momento a otro, si no vuelvo a abrirla significará que he caído. Dios nos tenga en su gloria.
P.D. Patricia amada mía, te quiero.
31 de Diciembre de 1820: Dos de la madrugada, llevamos de diez días de lucha encarnizada. Han caído la mayoría de mis hombres y yo apenas puedo escribir, me han herido, creo que es de suma gravedad, siento la metralla en el costado y el acero haciéndose llamas dentro de mí. Estoy perdiendo las fuerzas con cada aliento……
25 de febrero de 1821: he despertado en un hospital, las monjas del asilo me están cuidando. He estado en estado comatoso durante casi dos meses. En éste tiempo he tenido una extraña revelación que anotaré a continuación:
Sentí como el dolor del costado, justo donde había entrado la metralla iba desapareciendo, al igual que barro del campo de batalla, se iba tornado en una pradera verde, llena de amapolas rojas y fulgentes, un riachuelo se quebraba a lo largo de la explanada y el sol ardía fuertemente sobre mis ojos, escuché un sollozo que me heló el corazón, levante la mirada y divise a unos metros de mi, a un niño arrodillado, llorando desconsoladamente.
Según me iba acercando a él, se tornó en un hombre de mediana edad, con la barba lacia cayendo hasta su pecho, ataviado con un sayo blanco.
-¿por qué lloras?- me atreví a preguntar con el corazón palpitando de ansiedad.
- lloro por ti, por todos. – contestó, mientras alzaba su mirada y clavaba sus ojos azules en mi persona- Os di todo lo que tenía, el sol y las estrellas, las estaciones del año para que no cayerais en la desidia, os di el día y la noche, los pájaros y los peces, os enseñe la alegría y la pena, la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, os hice a mi imagen y semejanza, menos en una cosa. Os di, tonto de mi!!!, la posibilidad de elegir. Y que habéis elegido, la muerte, la enfermedad, la noche en la que habéis preferido vivir y que mi luz no llegará nunca a iluminar.- hizo una pausa y continuó al instante.- Lloro porque me duele profundamente el sufrimiento que os proporcionáis los unos a los otros, he perdido la fe en vosotros, me arrepiento de tener que ver en lo que os habéis convertido-.
-¿quién eres?- susurré
-¿acaso importa?- contestó súbitamente, -soy el creador de todo este caos, de las guerras y las balas, soy tú, porque sin ti no existiría. Soy Dios….
Desapareció al igual que el verde de la pradera y el cántico del riachuelo, entre el blanco de las sabanas del hospital.
Creo que estado soñando, más en las puertas de la muerte hablé con dios. Un dios que ha perdido la batalla de su propia creación.
Fin.
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