La sensatez del loco
- ¿Dónde vas, Pedro? – Carlos lo vio caminar, atravesando el jardín, decidido hacia la puerta de entrada al edificio.
- Quiero volver a entrar, Carlos. Déjame pasar. Tengo que hablar con el doctor.
- No, Pedro, eso no puede ser. El doctor te ha dado el alta esta misma mañana. ¿Lo recuerdas? Estás curado —. Carlos habló despacio para no irritar a su interlocutor. No convenía provocarle una crisis nerviosa. En cualquier caso, siempre se había entendido bien con Pedro, era un paciente inteligente y comprensivo, un hombre dócil, no como esos otros que vivían totalmente aislados en su paranoia. Carlos llevaba ejerciendo de celador más de quince años y había visto de todo. Lo que más le había impresionado: aquel chico de Segovia que no paró de peinarse. Lo hacía cada dos o tres minutos poniéndose frente a la ventana existente en la puerta de cada cuarto. Estuvo repitiendo esta tarea día y noche, sin interrupción se aplastaba el pelo con fuerza y se propinaba unos tremendos tirones con el peine. No conseguía conciliar el sueño por la obsesión de estar siempre peinado, hasta que en unos meses se arrancó el cabello de raíz. Tras ello, al verse privado de su pelo, el hombre cayó en una tremenda depresión, no quería comer ni dormir, y en unos pocos meses falleció. Pero Pedro no era de ese tipo de pacientes, tan sólo tenía una inclinación muy marcada hacia la depresión y de cuando en cuando sufría crisis que le provocaban un nerviosismo que rayaba la histeria.
- Por favor, Carlos, déjame pasar a ver al Doctor. Tengo algo que decirle, es importante. No quiero marcharme, estoy aquí para ingresar de nuevo. Por favor...
- Está bien, te acompañaré a visitar al doctor, pero será sólo un minuto. Tú ya estás bien y no puedes permanecer aquí – el celador no pudo soportar la mirada suplicante de Pedro y por ello iniciaron sus pasos con dirección a la entrada del edificio.
Una vez dentro recorrieron los pasillos rápidamente. Carlos era alto y fuerte y sus zancadas demasiado largas para Pedro, que se esforzaba en seguirle con pequeñas zancadas, rápidas y vibrantes, acordes a su estatura. Su cuerpo se ondulaba a cada avance y toda la grasa del estómago vibraba con la fuerza de un nuevo paso sobre los baldosines negros y blancos del pasillo. De ruido de fondo lo acostumbrado. Chillidos, quejas y lamentos, oraciones y frases sin sentido, formaban un extraño concierto producto de una orquesta anárquica y descompensada. En el pasillo se cruzaron con Emilio, que saltaba con los pies juntos de un lado a otro del ancho, golpeándose con las paredes; se creía un canguro de los que había visto el día de antes por televisión. Al fin, llegaron al despacho del doctor Sánchez y Carlos tocó con los nudillos la puerta de pino.
- ¿Si? - contestó a los golpes una voz ronca.
- Doctor, está aquí Pedro y quiere verle – Carlos abrió la puerta y se mostró ante el doctor. Por detrás de él asomaba tímidamente la cabeza de Pedro.
El doctor se levantó de su asiento, cruzó la sala acercándose al celador.
- Está bien, Carlos. Retírate. Ya me ocupo yo. Pasa Pedro y siéntate.
Carlos, obediente, marchó cerrando la puerta del despacho tras de sí.
- ¿Y bien Pedro, qué ocurre, por qué has vuelto a visitarnos? – Ambos tomaron asiento cada uno a un lado de la mesa del despacho.
- Quiero regresar, doctor; intérneme de nuevo.
- Explícame por qué razón habría de hacer eso que me pides. Recuerda que esta misma mañana te hemos dado el alta médica. Tú no estás tan mal como para estar aquí, rodeado de toda esta locura. Tú no estás loco, Pedro. Puedes hacer una vida normal ahí fuera, en la calle. Tan sólo tendrás que tomar la medicación que te he recetado para no sufrir una crisis. Ah, y tienes que ser positivo. Debes luchar y seguir siempre hacia delante.
- Usted no lo entiende doctor, esta mañana era feliz porque me creía curado y deseaba salir de aquí. Ya estaba harto de soportar los chillidos en medio de la noche y de tener que esquivar los ataques de algunos de los pacientes. Por fin, me libraba de toda esta locura. Pero cuando he caminado por la calle de vuelta a la que era mi casa... bueno, verá, he observado detenidamente las expresiones de la gente que me cruzaba en el camino, sus ojos coléricos... y he comprendido que la locura nada más acababa de comenzar. Por favor, se lo suplico, doctor, déjeme volver...
El doctor dibujó una sonrisa tibia en su rostro, como la de un padre que escucha la revelación que le hace su hijo. Bajó la cabeza observando los papeles que yacían sobre la mesa de trabajo, buscando entre ellos con la mirada el alta médica firmada por él mismo en la mañana. La tomó, una vez localizada, y la rompió por la mitad. Acto seguido llamó al celador para que acompañara a Pedro hasta el lugar que le correspondía por su cordura.
Comentarios
Un saludo
Bueno, me gusto mucho.
Un saludo.
Por otra parte, desde el principio sabemos las intenciones de Pedro, sabemos por qué va a ver al doctor, y eso hace algo previsible el final, por eso estaría bien crear algo de suspense.
Como ya he dicho, el tema es típico y es realmente difícil enfocarlo con un aspecto nuevo, así que enhorabuena literariamente hablando.
Muchas gracias. Un saludo
Veo que vuelves a posarte sobre los vericuetos de los Hospitales mentales
Un cordial saludo!
Hola, JNM!:)
Conste que no entro por llevar la contraria. Pero ya se me hace raro que todos los comentarios vayan en la misma dirección.
Personalmente, las únicas pegas que tengo son más bien formales: que si le falta un poco más de fluidez, que si algunos párrafos más densos que poco aportan a la historia (como el loco que se peina), el abuso de la palabra "loco" y de los los tópicos, que para mi gusto están de más...
He de decir que tampoco me gusta que termine con una frase como "que le correspondía por su cordura". Seguro que con otras palabras quedaría mejor. O incluso cortando en "correspondía", y punto.
En cambio, el final, me parece mucho mejor así, dejando al lector perplejo durante unos segundos, hasta que comprende que el médico conoce a su paciente (no veo que importen mucho los detalles de su historia), y sabe que no soporta estar fuera.
Y creo que cuando el autor explica lo que pretendía, en ese sentido de jugar con la indeterminación de los límites, sí lo consigue.
No sé, yo lo veo como la gracia de un chiste, que siempre te ríes más a gusto con los que te dejan dos segundos "en babia", hasta que lo pillas.
Es otro punto de vista.:)
Veo que hay sugerencias de todos los gustos. Bien. El debate es bueno. Anamar, sin ninguna duda es mejorable estilísticamente, quizá un repaso teniendo en cuenta esos detalles que me dices le vendría muy bien. Pero me preocupa aún más el tema de fondo.
Con respecto a la mayor o menor extensión de caracterización del personaje, tengo mis dudas. Lo cierto es que la que mejor ha cogido el fondo has sido tú, Anamar, al compararlo con un chiste. Es algo así, un juego, un chiste, por eso no desarrollo más la historia, porque para el juego no me parece necesario que el personaje tenga más peso. Pero reconozco que quizá si no ves a la primera esa intención de paradoja o chiste, el cuento no parece tal, si no más bien el final de algo que adolece de explicación. Me gusta mucho trabajar "lo no dicho", trabajar con las sugerencias, pero reconozco que es un terreno difícil, porque puedes pasarte sugiriendo y que falte información. Por los comentarios que habéis puesto la mayoría parece que en este caso ocurre eso. Buscaba "el chiste" que comenta Anamar, pero como muchos no lo habéis visto así, tendre que replantearme si el juego y la sugerencia funcionan bien en este texto.
Gracias a [EMAIL="tod@s"]tod@s[/EMAIL] por vuestros comentarios.
Jaja! Yo bien, gracias!:)
También me gusta eso de jugar a no decirlo todo, a veces, sugerir más que decir, y suelo darme de narices con el mismo problema, que si te pasas un poco, acabas escribiendo adivinanzas...
Bueno, el caso es que el tuyo yo creo que sí se pilla bien, vamos, que sí funciona, tanto la historia como la "moraleja" (la idea de fondo), y luego lo demás son gustos.
Me queda la esperanza de que entonces, los míos también habrá quien los entienda. Glups!:o Eso espero...
Me da a mí que soy bastante menos prolífica que la mayoría de los que leo en el foro. Yo sólo voy a rachas. Lo poco que saqué en claro de la última lo mandé a concursos (ojo, sin opciones, me temo), y el resto de lo que conservo está en el desguace, que igual me sirve para piezas. Bueno, a lo mejor veo si rescato un par y los pulo para soltárselos a las fieras... jaja!
Un saludo!:)
Rescata algún texto o trabaja alguno nuevo y súbelo. Además, el hecho de querer subir textos es otra motivación para escribir y pulir lo escrito.
Uf!:rolleyes: Pues eso pensaba yo, y de hecho es lo que más me gustaría, porque la gente cercana es tan poco objetiva como una misma, pero llevo pocos días por aquí y todavía no he conseguido ni que sea rescatar algo. Hoy tengo excusa, que tengo que madrugar... A ver si mañana!:o
Un saludo!
Un saludo.
P.D. Tengo otros relatos colgados, te los digo por si quieres leerlos, "Paz y Amor", "Resurreción", "El limpiabotas". Estaría bien tener tu opinión también sobre ellos.
No, si... Me vas a dar qué hacer. Yo que tenía que madrugar, y a las tantas -no sé por culpa de quién...:D- me desvela un "principio" y he acabado toda la noche en blanco para darle rienda suelta a una monstruosidad -dos horas el engendro, el resto insomnio de lo más vulgar, snif!-.
No sé si será "presentable", pero desde luego no es una bonita carta de presentación.
Arrrrggg!:( ¿Les pasa a otros que se escribe lo que quiere escribirse, y no lo que yo quiero?
No, ahora en serio, ya es bastante mi estilo, esto de que me dé justo cuando no toca, pero si luego lo subo y me llaman cualquier cosa (críticas literarias a parte), te echo a los perros...
No, ahora en serio, va ahora sí -el insomnio estraga mis neuronas-, me pasaré por tus relatos y te digo algo, prometido! Lo otro... ya veré, uf!
Edito: Definitivamente es un monstruo, y lo he largado, ea! Que alguien se apiade, porque bueno no sé si es, no creo, pero... Es tan feo! De aquí no salgo entera!
Un saludo.