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El espejo (nueva versión)

JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
editado marzo 2010 en Narrativa
EL ESPEJO
 
El pabellón es blanco y frío. Huele a desinfectante, a lejía barata. Por las noches los gritos no me dejan dormir. Pueden ustedes no creerme, ellos no me creen, por eso me encerraron aquí. Por eso me dan las pastillas. Pero yo les digo que es cierto, que yo era un tipo normal hasta hace un año.


No negaré que en ciertas ocasiones padecí estrés laboral. Entonces, con los nervios a flor de punta, la voz chillona de mi jefa, una frígida elegante de permanentes imposibles, se me hacía insoportable. Fantaseaba con esconder en su sandwich vegetal de media mañana una bola de chinchetas y para que pasara el mal trago sustituir su zumo de naranja por un buen vaso de infusión de cicuta, "prueba esto, bruja, a ver qué te parece". Otra fantasía recurrente, me asaltaba como primer pensamiento de cada año. Deseaba, coincidiendo con la última campanada del reloj de la puerta del Sol, lanzar a mi amada suegra desde el quinto piso con una colosal patada en el culo. Era el postre ideal para esas cenas de Nochevieja en las que invariablemente me hacía sentir pequeño, como si el año que estaba a punto de concluir no hubiese aportado mejoras en mi vida. Seguía siendo un insecto sin nada que ofrecer a su primogénita, ¿cómo había podido su hija escoger a tal mediocre? Pero obviando estas fantasías púberes de autodefensa necesarias, como decía mi psicóloga, para equilibrar mi psique, yo no me diferenciaba de cualquier tipo con los que se cruzan ustedes cada mañana en el transporte público. Y no se engañen, todos hemos fantaseado alguna vez con ese tipo de cosas. Piénsenlo.


No tenía grandes problemas, había aprendido a conformarme. Mi mujer me quería, mis pequeños, Jaime y Olga, me esperaban con una sonrisa y un abrazo cuando llegaba a casa. Pero una mañana, al mirarme en el espejo mientras usaba el after-shave, observé que mis ojos eran rojos como sangre. No me refiero a la parte blanca, no. Supongo que esa irritación la habrán padecido alguna vez ustedes. Me refiero al centro de los ojos, mis iris marrones durante unos segundos fueron llamas. Los cerré fuerte y al abrirlos habían recuperado su color habitual. A la mañana siguiente, después del afeitado mis ojos volvieron a ser fuego y pude ver como mis dientes se alargaban convirtiéndose en unos pequeños colmillos afilados. Me dirán ustedes que quizá soñaba aún. Se equivocan. Mi rostro se estaba transformando, me asusté, sobre todo cuando vi que el efecto no se producía tan sólo por unos segundos, como el día anterior, sino que persistía durante más tiempo. Durante una semana mi cara, cada mañana, se transformaba frente al espejo. Ya apenas conocía al tipo que tenía enfrente. El mentón sacado, la nariz puntiaguda, las mandíbulas afiladas, las orejas crecidas, junto a los ojos rojos y los colmillos amarillentos, que fueron aumentando su tamaño hasta ser cuchillas afiladas. Las venas se hicieron prominentes y el color de la piel se tornó verdoso. Poco a poco me iba pareciendo a uno de esos demonios que pueblan la iconografía de las iglesias, ya saben ustedes, esos que siempre son derrotados por la lanza de algún ángel redentor. Al final de la semana no sólo exhibía el aspecto de monstruo, además la transformación había persistido durante horas y horas.


Enseguida noté que los demás no apreciaban mi metamorfosis. El jueves, Clara, mi mujer, entró al baño y a pesar de que el espejo escupía la imagen de una gárgola, ella me sonrío como siempre, "¿desayunamos, cariño?" Cerró la puerta tras de sí con la naturalidad que da la costumbre. En la calle, las lunas de los escaparates también me enseñaban lo que para mí ya era una evidencia, dentro de mí vivía un demonio, un ser horrendo y maligno que pugnaba por salir y que poco a poco se había adueñado de mis facciones, quizá se apropiaría en breve de mis pensamientos. No tardó en hacerlo. Comencé a tener deseos insanos, quería hacer mal a cuantos me rodeaban. Noté que el monstruo sonreía dentro de mí con la sola idea de producir daño o muerte.


La primera pareja ni se enteró. Se repartían carantoñas en un recodo apartado y oscuro del parque. Nunca lo había hecho antes pero el monstruo me dijo cómo hacerlo, el cuchillo entró hondo y alargó la herida desde el bajo vientre hasta el esternón, desgarrando en un tajo profundo y seguro. Primero el muchacho, después ella, que presa del pánico no acertaba a mover un solo músculo. El temblor le cesó cuando entro la hoja afilada. Al día siguiente un corredor habitual que hacía deporte cada mañana los encontró desangrados.


La segunda víctima fue una anciana (compartía cierto parecido físico con mi suegra) que daba de comer a las palomas cerca de mi casa. El monstruo le retorció el pescuezo. Su cuello delgado crujió como el de una gallina. Y así continuó el demonio sediento de vidas. Hubo una tercera víctima y una cuarta. Ah, y una quinta, una estirada vestida de Dior peinada con permanente; cuando el monstruo escuchó su voz aflautada llamando en un grito estridente a su chiguagua el instinto asesino broto de nuevo en sus entrañas. Hasta que, meses después, una mañana el espejo me devolvió a quien era yo meses atrás. Recuperé mis ojos marrones, mi cara ovalada, mi dentadura, el color de mi piel. Aquella mañana supe que el monstruo, una vez saciado, había desaparecido para siempre. Sin embargo, la conciencia me enturbiaba el sueño y la náusea brotaba del estómago cuando pensaba en las vidas que había sesgado. Una tarde después de salir del trabajo acudí a una comisaría. Los agentes se rieron de mí, me insinuaron que dejara la botella, pero cuando les di detalles concretos y a medida que avanzaba en mi exposición sus facciones se fueron demudando. El miedo les contraía la tripa.


El resto lo pueden imaginar ustedes. Ellos no me creen, los oigo cuando piensan que duermo, pasean altivos con sus batas blancas y los oigo: "este sí que está majara, de atar" "y que haya que tenerlo aquí..., colgando de una soga, le tenía yo". Ustedes pueden no creerme, como ellos, pero mañana cuando vayan a maquillarse o a rasurarse la barba frente al espejo tengan cuidado con quien encuentran del otro lado.

Comentarios

  • isabel veigaisabel veiga Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2010
    Veo que hay quien trabaja sus textos más que yo :o Lo único que me ha sonado raro (no sé si será por vivir en otra zona) es lo de "con los nervios a flor de punta". ¿No sería "con los nervios a flor de piel"? Pregunto yo :confused: Por lo demás muy bien. Un relato así en manos de un guionista se podría convertir en una serie con la policía siguiendo los pasos del asesino hasta el final. O por lo menos, un cortometraje, seguro ;)
  • Chus-AChus-A Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    Aclaro que esta opinión es a petición del interesado.

    Interesado: Puedo estar más equivocado y perdido que un pulpo en un garaje.
    Interesado:
    En general me ha gustado la revisión propuesta. PAra mi ha mejorado, pero cuidado al elevar la dosis de humor no choque de frente con el dramatismo de algunas escenas. Muchos a eso le llaman saber navegar entre generos, ir de la risa al llanto, etc ... pero a veces se dan de hostias los géneros, es interesante, pero no siempre sale bien.
    Ahí va:

    No negaré que en ciertas ocasiones padecí estrés laboral. Entonces, con los nervios a flor de punta (flor de punta??), la voz chillona de mi jefa, una frígida elegante de permanentes imposibles, se me hacía insoportable.
    (este párrafo anterior está algo desordenado y contiene expresiones tópicazo)
    Fantaseaba con esconder en su sandwich vegetal de media mañana una bola de chinchetas y para que pasara el mal trago sustituir su zumo de naranja por un buen vaso de infusión de cicuta, "prueba esto, bruja, a ver qué te parece". (Creo que quedaría mejor sin ese pensamiento en "off") Otra fantasía recurrente, me asaltaba como primer pensamiento de cada año. Deseaba, coincidiendo con la última campanada del reloj de la puerta del Sol, lanzar a mi amada suegra desde el quinto piso con una colosal patada en el culo. Era el postre ideal para esas cenas de Nochevieja en las que invariablemente me hacía sentir pequeño, como si el año que estaba a punto de concluir no hubiese aportado mejoras en mi vida. Seguía siendo un insecto sin nada que ofrecer a su primogénita, ¿cómo había podido su hija escoger a tal mediocre? Pero obviando estas fantasías púberes de autodefensa necesarias, como decía mi psicóloga, para equilibrar mi psique, yo no me diferenciaba de cualquier tipo con los que se cruzan ustedes cada mañana en el transporte público. Y no se engañen, todos hemos fantaseado alguna vez con ese tipo de cosas. Piénsenlo (en subrayado) No apeles al lector. Deja que entre él al trapo sin ponerle tú la muleta. A mi, como lector me molesta. Además, le da un toque monologuero televisivo al relato que no le favorece nada literariamente. Esta bién buscar el humor pero desde la propia narración.

    Por lo demás nada más. Coincido con Texas.
    Un cordial saludo
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    Texas, Chus-A, mil gracias a ambos. Lo cierto es que con la frasecita esa de "los nervios a flor de punta" he patinado, quería decir "a flor de piel" o "con los nervios de punta" se me han cruzado ambas frases coloquiales en un lapsus y salió ese hibrido malsonante.

    Veo, Chus-A, que te has centrado muy bien en el párrafo nuevo que sin duda está verde. Para mi gusto lo encuentro ahora demasiado largo y quizá el humor es algo evidente y me da miedo por lo que tu comentas, por el choque con el drama. Me resulta metido un poquito con calzador. Lo de apelar al lector, lo hice porque el relato empieza así y termina así, pero es cierto que quizá no de una forma tan directa.

    Ahora toca seguir trabajando, con buen ánimo a por una nueva revisión. Os agradezco enormemente vuestras aportaciones.

    Un abrazo a ambos.
  • AnamarAnamar Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2010
    Hola, JNM!:)
    Lo prometido es deuda!;)

    Pues te digo... Que está bien escrito, ya lo sabes. La historia a mí me gusta, jaja! Sobre todo el principio y la jefa, porque te meten en ambiente, y todos los "momentos espejo". Y el final también me cae acertado, para mi gusto. Pero está muy equilibradito, y va subiendo, que es lo que toca. Éste me recuerda al otro en que cuando los lees te pones serio y te ríes a la vez -bueno, no a la vez-, cosa que me encanta.

    La única parte que, psè, sería la de las fantasías con la suegra, pero no porque esté mal, sino porque el resto tiene más tensión, o chicha... es que no sé decirlo mejor, así de pronto.

    No veas qué obsesión tienes con las permanentes!:rolleyes:
    No, ahora en serio, como la de la jefa luce tan bien (jaja!), la de la víctima te la hace recordar, pero claro, suena repetida.

    Lo único un poco más importante que tal vez cambiaría, es la introducción de las primeras víctimas. Me da la impresión de que al cortar en tantos párrafos se lee como "por bloques", y es como si a esa altura los dos párrafos se despegasen. Se me ocurre que igual prodrías introducirlos hilvanándolos en la historia, no sé, algo para que no fuera "el primero" y "el segundo" a secas. Porque cuando entras con los siguientes, el efecto es mucho mejor. Más natural, eso quería decir.

    Chico, espero que de algo te sirva! :D

    PD: Oh, oh! Edito para quitar lo de los nervios. Como no me he leído los otros comentarios (pruebo a ir por libre, jaja!), igual hay más cosas repes.:rolleyes:
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Gracias, Anamar, por tus comentarios. Lo cierto es que lo de la permanente está repetido adrede, es un guiño para que el lector piense directamente que esa víctima muere por recordar a la jefa.

    Lo de numerar a las víctimas de ese modo es porque busco la frialdad del psicópata, los menciona como números, sin personalizarlos, sin darlos importancia. En lo de la suegra tienes razón, quizá sea un poco "pegote".

    Gracias. Un saludo.
  • AnamarAnamar Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2010
    JNM escribió : »
    Gracias, Anamar, por tus comentarios. Lo cierto es que lo de la permanente está repetido adrede, es un guiño para que el lector piense directamente que esa víctima muere por recordar a la jefa.

    Lo de numerar a las víctimas de ese modo es porque busco la frialdad del psicópata, los menciona como números, sin personalizarlos, sin darlos importancia. En lo de la suegra tienes razón, quizá sea un poco "pegote".

    Gracias. Un saludo.


    Hola de nuevo! :)

    Lo de la permanente lo pillo ahora, jaja! Yo buscaba la gracia por otro lado.
    Lo de las víctimas, me pasa por releer demasiado despacio, con lo que se pierde el hilo.

    Todavía me quedan unos cuantos. Si me atrevo a comentarlos espero tener más vista.:rolleyes:
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Gracias, Anamar. Esperaré tus comentarios, son siempre agudos y originales. Ah, y no lo digo por peloteo
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