A veces duermen
Denny estaba acostado casi dormido cuando de repente le despertó un fuerte golpe en la ventana. Por entre las sabanas vio que estaba lloviendo y que la rama del árbol había chocado contra el cristal de la ventana, por suerte sin romperla. Pero el ruido le había parecido enormemente ensordecedor y casi se creía que todo el ventanal se había caído abajo. Siguió bajo las sabanas mientras el viento aullaba y forcejeaba con las ramas de los árboles allá fuera de la habitación. Dentro la misma, se iluminaba de vez en cuando, cuando un relámpago hacia acto de presencia, entonces se podía ver a Denny como una radiografía bajo las sabanas. El temporal no amaino en toda la noche y al día siguiente Denny ya tenia los ojos como platos y enrojecidos. Se fue al cole.
La segunda noche ya mas acostumbrado al llanto del viento, se relajo un poco mas y durmió casi míseramente aquella noche, pero descanso algo más. Todavía con los ojos casi inflamados, se fue al cole.
La tercera noche fue la vencida. Ya no hacia temporal, no llovía ni hacia viento. De modo que se iba a sentir aun más relajado que la noche anterior, pero no fue así. Un estrépito en el fondo de la habitación le despertó súbitamente. Desde bajo las sabanas creando un marco horizontal entre sus puños y ojos, para poder ver desde una rendija imaginaria fuera de la cama, observo como del armario algo seguía estrepitando, haciendo ruido, se movía. Denny se tapo con las sabanas como si aquello fuera el salvavidas al que recurrir en medio de una tormenta en medio del mar.
El armario se movió. Era uno de esos armarios de bricolaje montado por papá en una tarde calurosa de verano. Denny sabia ahora que el armario cobraba vida por momentos, que allí había algo, que no era la tormenta lo que le asustaba. Se encogió mas, bajo las sabanas y cerró los ojos. De repente el silencio. Ominoso silencio. Tras pasar varios minutos escondido bajo las sabanas se creó el marco de visión de nuevo entre sus puños y los ojos. Y fue cuando de repente, las puertas del armario se abrieron y de dentro salió un ser abominable con aspecto de estar muy cabreado, con sus largos y afilados colmillos y sus garras como espátulas, con un saco en una de ellas.
Al día siguiente Denny no fue al colegio, simplemente se lo había llevado el coco o el hombre del saco que es así como se le conoce a este ser abominable que habita en el armario y a veces debajo de la cama.
Pero este no es el cuento.
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El cuerpo hallado en la habitación estaba literalmente retorcido y destrozado por las difíciles posiciones que tomaban los miembros superior e inferior. Había sangre por todas partes, preferentemente sobre la cama y salpicada en la pared de enfrente, la posterior al cuerpo que estaba sobre la cama. Los ojos como cuencas vacías no mostraban mas que horror, pero debías fijarte en ellos ya que casi parecían haber sido succionados como cuando uno se come un caracol. Esa era la definición correcta. El sujeto se llamaba Alan Poole y era un escritor de poca monta, pero podía comer con lo que escribía. A menudo le llegaban las facturas a destiempo, pero podía ir avanzando en su quehacer diario. La mujer de la limpieza fue quien se encontró con el dantesco panorama. La cabeza retorcida hacia atrás y un palmo de lengua sacada hacia fuera como una larga babosa de excelentes proporciones. Pues dejando los detalles a un lado, el tipo debía estar por aquella zona en busca de material para su próxima obra. En el suelo había un portátil sin marca embadurnado de sangre. Algunos escritores se desplazan a una ciudad en concreto para estudiar sus calles y sus gentes para poder escribir. Pero a éste le hubiera gustado poder escribir sobre lo que sucedió. Seguramente seria algo brillante pero ya no podía hacerlo. Evidentemente no era un asesinato a punta de pistola. El cuerpo desmembrado y retorcido hacia pensar que un pulpo gigante se las había hecho con él. No encontraron huellas ni ADN que estudiar. Tampoco encontraron respuestas. Solo que alguien había sido destrozado brutalmente con ensaño pero no con una fuerza humana. Fue secreto de sumario durante mucho tiempo. Y aun después de reabrir el caso de nuevo nunca encontraron nada explicable para aquella situación.
Ahora si empieza el cuento.
Richard era un tipo alto con bastante barba y unas gafas de montura de hueso bastante recias, con una graduación de cubo de vaso. Era un escritor bastante prolífico hasta ahora. Hasta que la musa lo había abandonado hacia ya algún tiempo. Por eso se traslado a vivir a la nueva casa de tipo victoriana, con 6 habitaciones y 3 cuartos de baño amen, de otras partes mas de la propia casa. En definitiva el lugar perfecto para un escritor que esta vacío de ideas y que necesita espacio para inspirarse.
En la época que alquiló la casa, por unos 2500 al mes, la lluvia estaba presente un día sí y otro también. Era un frío invierno que había dejado paso a las estufas y calderas en todo el pueblo. Richard ajeno a todo aquello se tapaba con una manta mientras aporreaba la maquina de escribir. Aun a día de hoy cuando todo esta ya informatizado, Richard prefería la vieja maquina de escribir que tantos éxitos le habían permitido cosechar. Pero ahora evidentemente la maquina roja había dejado de escupir palabras sobre las hojas en blanco.
El tratamiento Psiquiátrico que llevaba Richard no era una absoluta broma, tomaba mas de tres tipos de pastillas al día para poder concentrar toda la ansiedad en nada. Pero eso requería esfuerzo y era difícil de controlar. Si a eso unimos que era un gran bebedor de cervezas, teníamos que a la mañana siguiente apenas se acordaba en que maldita cosa había pensado la noche anterior. Por suerte no estaba casado, sino, ese tipo de vida no seria compatible con la idea de formar una familia y escribir todos los días como parte del trabajo diario. Aunque era un escritor de éxitos no disponía de mas libros suyos en las estanterías porque siempre andaba borracho o sonámbulo con las pastillas, y no siempre cumplía con sus deberes como escritor.
Era bastante descuidado. No se preocupaba de nada en estos momentos, excepto que tenia que entregar un para de libros mas a la editorial como parte de un acuerdo entre ambos y no tenia ni puñetera idea de lo que iba a escribir esta vez. Por eso eligió una gran casa apartada del ruido vecinal y del mundo. Se abastecería de alimentos y cervezas y pronto surgiría la musa. De eso estaba seguro.
“Vamos Richard tu puedes. Todos los escritores tienen un lapsus, pero al final todo se arregla y publican un nuevo bestseller”
Si claro y una mierda, pensó para adentro con una botella de cerveza en una mano y la pastilla en la otra.
Al día siguiente Richard se despertó a eso de las 10 y media de la mañana, con los ojos enormemente hinchados de tanto dormir. Fuera el panorama era el mismo que el día que dijo sí, al alquiler de la casa. Una lluvia pastosa que se hacia interminable. Llevaba allí solo tres días y todavía no había bajado al pueblo a por comida, pues ya se vino con buenas intenciones de la misma el primer día de estancia. Así que pasaría de bajar al pueblo en al menos unas tres semanas. Tenia cervezas, y tenia las malditas pastillas de colores. Apenas si se acordaba que color tenia que tomar por la mañana, el mediodía o por la noche.
Había dejado la maquina de escribir sobre una gran mesa de madera antigua con una hoja de papel en blanco ahogada en el cilindro de la maquina. La cinta de tinta dispuesta a imprimir cualquier carácter, pero a Richard la musa todavía no le había aparecido por ningún lado. Era como si de repente hubiera dejado de ser escritor. Se paseaba por toda la casa realizando escuetas visitas en todas las habitaciones de la misma, pero él había elegido dormir en el sofá, al menos de momento. Allá arriba, en la segunda planta, el frío era mucho más intenso. Al menos en el sofá estaría al lado de la maquina de escribir y se levantaría corriendo a aporrear las teclas si se le ocurría algo de pronto. Como cada hora o dos, iba al baño, uno que estaba justo al lado del espacio que ocupaba ahora mismo y mientras caminaba en la penumbra se fijaba en la sombra de la maquina de escribir y se preguntaba si por fin había escrito algo esa noche. Pero la borrachera le impedía pensar con claridad.
“ Demasiadas cervezas Richard y mezcladas con pastillas, así no iras a ninguna parte. Pero forma parte del plan a que sí?”
Durante todo el día la musa dejo en el olvido la mente de Richard. A la mañana siguiente se despertó a las 11, y el silencio reinaba dentro de la gran mansión, salvo el repiqueteo de las gotas de la lluvia fuera. A veces se asomaba por la ventana principal del salón para ver como las gotas hacían curiosas y gruesas hileras desproporcionadas sobre el cristal. Esperando que la musa de los huevos de oro apareciera. Esas gotas podrían ser toxicas y quemar el mundo, bah! Pensó eso ya lo habían escrito otros. Tampoco valía que allí habitaba un fantasma. Era repetir su primera novela o quizás era la tercera de ellas. Tampoco lo recordaba.
“Vamos Richard, tienes madera, prepárate para escribir, no ves la hoja en blanco en la maquina de escribir. O te estas cagando de miedo por haberte quedado sin ideas”
En parte tenia razón.
Una de esas noches, el repiqueteo de la lluvia era más intenso, como más fuerte. Como si se tratara de algunos golpes ocasionados por un granizado. Tampoco seguían un compás, eran golpes sueltos, pero fuertes a la vez. Y eso le hizo despertar de su resaca. Serian las 7 de la mañana. Y por un instante pensando en que serian granizo se preocupo por el techo de la vieja caserona. Pero al asomarse a la ventana del salón principal no vio nada en la penumbra mas que agua resbalando en el cristal. Ahora los golpes eran más nítidos, no estaban acompasados. Absolutamente cierto de que no era una granizada sino unos golpes, pero, quien podría dar esos golpes en una casa vacía?.
El ruido provenía del piso de arriba, de una de las habitaciones y para cuando estuvo a punto de subir las escaleras principales no sin antes titubear un rato, los golpes cesaron. Ahora había podido adivinar que tipo de golpes serian, como los de un nudillo chocando contra la madera.
“ Ratas! Serán las malditas ratas o algún pájaro enorme allá arriba!
Volvió al sofá y se durmió casi al instante.
Al día siguiente no recordaba nada y la musa seguía sin aparecer. La maquina de escribir seguía allí, intacta con el papel doblado sobre ella. En blanco por supuesto. Ni tan siquiera había escrito lo más absurdo del mundo, su nombre mas un palito indicando que es el primer capitulo. No podía hacerlo porque sencillamente antes iba el titulo y no lo tenia todavía. Para desayunar se tomo una cerveza y otra de esas pastillas que no podías dejarte de tomara a la ligera, porque el remedio era peor que la enfermedad.
“ No no estoy loco, simplemente tengo stress, un maldito stress.-“
En alguna parte el sol debía brillar sobre la tierra pero allí seguía lloviendo durante toda la semana y el repiqueteo de las gotas ya se hacia insoportable. A veces el silencio hace que cualquier chasquido suene como un explosivo en tus oídos y te moleste enormemente.
Aquella noche se repitieron los ruidos en una de las habitaciones del piso de arriba. No se atrevió a subir, a decir verdad le había venido la patalera en medio la borrachera. Eran golpes demasiados precisos, un martillo tal vez? . Ahora sonaban con mas fuerza, y ya no seria un maldito pájaro o una rata. Decidió dormirse de nuevo ajeno a todo aquello. El silencio reino de nuevo en la noche excepto el repiqueteo de las gotas innecesariamente audibles ahora desde la ventana también.
Por fin al día siguiente la lluvia dio un respiro, pero no las nubes que seguían encapotando el cielo. Richard como de costumbre se tomó la pastilla con un trago de cerveza. Una combinación letal a altas dosis, pero para él, ahora no era nada, salvo que lo hacia ir de un lado para otro cuando caminaba por el salón y de ahí al primer cuarto de baño, el inferior. Hoy si, hoy si que recordaba los repiqueteos y se dijo que iba a subir a husmear allá arriba. De modo que cerveza en mano y con los faldares fuera se dispuso a subir las escaleras de madera que parecían crujir bajo sus pies, solo lo parecía. Una a una discurrió por las 6 habitaciones y dos cuartos de baño más. Todo era tétrico a los ojos de Richard, tan vacíos como sus ideas ahora mismo. Y es que en realidad no estaba amueblada ninguna de las habitaciones, salvo en una de ellas la que daba al fondo del pasillo, que tenia un armario, uno de esos de la edad del año de la pacotilla. Con cristales y dos manivelas realmente oxidadas. No se atrevió a acercarse. ¿Para que? Pensó. Allí no habría nada, de modo que volvió a bajar al salón. Y siguió bebiendo mas cerveza. En todas partes latas vacías de esta formaban extraños montículos de basura.
Esa noche todavía sin su musa, Richard todavía consciente escucho de nuevo el ruido pero esta vez era como si algo extremadamente pesado se retorciera sobre la madera del suelo del piso de arriba. Escucho un momento y se hizo el silencio. Todo estaba demasiado oscuro y decidió que era hora de dormir ya.
A la mañana siguiente, cuando se despertó entre latas de cerveza vacías, lo primero que le vino a la cabeza fue el extraño ruido que escucho la noche anterior. Tan diferente a las otras. A veces las casas grandes y viejas hacen ruidos por la noche, pensó jocosamente. Pero eso no le decía nada, en realidad no le dejaba tranquilo para nada. De modo que esta noche estaría lucido y subiría a ver de donde provenía ese ruido.
Y así fue. Mientras volvía a llover afuera y se escuchaba el repiqueteo de la lluvia, el ruido volvió ha hacer acto de presencia. Esta vez Richard estaba lucido. Decidió subir las escaleras lentamente y a medida que lo hacia el ruido era más prominente. Era como si algo allá arriba estuviera arrastrándose. Cuando llego al pasillo principal no vio nada. Tenia las luces encendidas. Miro en las habitaciones y todo parecía normal. También el armario estaba allí, pero percibió algo. Que el ruido que ahora había desaparecido habría podido venir de aquel extraño armario. ¿ Y si fuera un gato atrapado en él? Pensó con una sonrisa en sus labios.
Se acerco hacia el armario lentamente. Una de las puertas estaba medio entreabierta. Se fijo en el interior desde esta apertura. El armario estaba vacío. Tocó la manivela de la puerta y un chirrido de bisagras acompaño a la apertura total de la puerta. Efectivamente, no había nada allí dentro, ahora iba a probar con la otra puerta, pero de repente se fue la luz. Richard volvió la cabeza esperando obtener una respuesta. Sencillamente se había ido la luz y ahora estaba en penumbras.
“Vamos Richard baja al sótano y tomate dos o tres cervezas con un par de pastillas y te olvidas de todo”
Pero no lo hizo, porque en el fondo de la habitación tras la puerta, había una sombra viscosa perfectamente visible. Era de color pardusco y de un tamaño considerable, mas alto que un hombre y mucho mas recio. Como dos dedos el pulgar y el índice de una mano humana apoyados allí mismo. Podía olerlo, un olor nauseabundo y Richard empezaba a dudar si aquello era ya el efecto de las continuas mezclas del alcohol y las pastillas.
Trato de moverse un paso, pero la forma inhumana se movió en el centro de dichos dedos que estaban en posición vertical, se movieron varios tentáculos de gran alcance que casi le rozan la cara a Richard. Una forma abominable estaba allí presente y comenzó a avanzar hacia Richard. Dada la profesión de él, como escritor al verlo con mas nitidez, lo reconoció como una criatura como los que describa un autor favorito suyo, H.P. Lovecraft en los Mitos de Culthu. Y de pronto a Richard se le helo la sangre. Seria producto de su mente pensó una vez mas, pero el abominable ser se apoyo en varios de sus tentáculos y lo último que vio Richard mientras chillaba de pánico fueron unos refulgentes ojos amarillentos sobre una protuberante boca con cientos o quizás miles de dientes afilados y colapsados en una traquea pestilente. Un dolor intenso le recorrió en el cuerpo mientras la bestia lo abrazaba y entonces supo que no era ni una pesadilla, ni las malditas pastillas, ni el alcohol. Cuando vomito sangre por el hecho de que estaba ya reventado por dentro, supo que todo aquello era realidad. Maldito coco1 profirió.
Por la mañana y después de una larga semana de lluvias y nubes, apareció el sol. Los primeros rayos del mismo entraron por la ventana de la habitación. Allí había un cuerpo retorcido y un amasijo de huesos asomando de entre la carne rígida. Abajo en el salón, la maquina de escribir estaba donde el mismo primer día ocupó sitio, con la hoja en blanco todavía en ella. Los rayos del sol la iluminaban. Ahora Richard de haber sido un sueño podría escribir las primeras palabras “ A veces duermen “
Del ser abominable ahora ya no se sabia nada, hasta el próximo inquilino...
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