Capítulo 4
[FONT="]Mi vida como vendedor de seguros y padre de familia me había cambiado todas mis costumbres. Si bien tenía el apoyo económico de mi padre, vivir ahora en un edificio y ver crecer al bebé fue algo a lo que no estaba acostumbrado, haciéndome imposible hacer economía en el hogar y gastando en las más inusitadas cosas.[/FONT]
[FONT="]Pero bien no me quejaba de mi vida madura, me quejaba de otras cosas. Por ejemplo, me daba rabia que mis amigos Jaime y Roberto nunca más aparecieran, cuando los llamaba no estaban, y cuando estaban, el estudio de sus carreras universitarias los consumía. Mi vida era casi exclusivamente Marta y nada más. Era, sí: bueno, pero nada de entretenido, se hacía monótono y a veces tenía la sensación de un vacío interior que me ahogaba. Este se diluía después de cierto tiempo, como con el trabajo (que me traía cierta satisfacción, eso de relacionarse con la gente…) o como cuando íbamos con Marta a un restaurante y comíamos caviar (a veces nos dábamos buenos lujos), pero por supuesto nada era suficiente.[/FONT]
[FONT="]Trataba de olvidarme de ese problema del vacío en mi vida (y le echaba la culpa a vivir la misma de manera muy rápida). Hubo algunos matices de la vida de casado que me gustaban, pero había cierta insatisfacción que me aquejaba.[/FONT]
[FONT="]Un día, Marta me declaró algo. Era sobre alguien según me dijo. Estábamos en la plaza paseando y comiendo peras confitadas la que encontramos gracias a alguien muy original que las vendía. El viento radiaba por todos lados y hacía algo de frío, este frío, me imagino, era lo que colmaba al ambiente de algo que no me gustaba, ¿por qué habría elegido Marta un día tan poco apropiado para decirme algo tan importante?. Estábamos reunidos en una silla del parque y ella me declaró lo siguiente:[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]Quiero tener otro bebé.[/FONT]
[FONT="]Ya teníamos 3 años de convivir y yo no es que no quisiera, en realidad no me convenía. No podía cuidarlo y no tendría la imagen de padre que debería tener. El cuento es que, con un solo hijo sería suficiente.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]No, … no creo que sea tan apropiado- dije exaltando el tan y alargándolo.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]Pero, pero ¿cómo puedes? ¿cómo puedes decir eso, yo te amo y tú me amas? Tú me lo dijiste uno de esos días con aquel poema y aquellas palabras tan bellas, y tú sabías como soy… que me gustaría tener una familia grande y feliz- expresó casi llorando pero yo detecté, más allá del llanto, una profunda tristeza.[/FONT]
[FONT="]Fue lamentable, yo siempre le decía que sí para no destrozar su corazón, pero esta vez fue demasiado. Evité una pelea y nuevamente le dije que sí, esperando que un milagro sucediera por ahí para evitar tener otro bebé con ella.[/FONT]
[FONT="]Fue duro, tenía deudas y no me sentía preparado para tener otro hijo. Durante un tiempo estuvimos un poco distanciados, no sé porqué; pero sucedió algo que debía pasar. Mi jefe me había enviado a un viaje de negocios por distintos países de América Latina. Parecía entretenido y excitante, pero lo que más me gustó es que evitó que me acostara de nuevo con Marta y tuviéramos un hijo, ya necesitaba ese descanso de ella.[/FONT]
[FONT="]Después de que me dieran la noticia de que debía salir del país y vender seguros de la compañía Segvida, yo me sentía aparte de feliz, sereno. Creía que lo que de verdad me faltaba era conocer nuevos lugares del mundo. Debía pasar por la Serena y Antofagasta, en Chile, por Tacna, en Perú, y por Santiago del Estero y por Buenos Aires, en Argentina. Me dijeron que era libre de planificar mi viaje, mientras cumpliera con un itinerario de tres meses.[/FONT]
[FONT="]Primero, investigué en la Red cuál era la forma de demorarse menos entre caminos, y encontré el ya famoso Algoritmo del Vendedor Viajero. Este no resultaba muy claro, así que agregué al motor de búsqueda la palabra clave “heurística”. Así fue como encontré un algoritmo heurístico, o sea que se acercaba a la solución y que me entregaba el camino cíclico más corto entre las ciudades que quería visitar. Se llamaba el “Algoritmo de los Caminos Más Cortos”. Consistía en escoger la localidad adyacente de menor distancia en el grafo o red que consistía mis rutas de viajes. ¡Qué satisfactorio! Había planificado casi todo mi viaje desde el computador y sin moverme de mi escritorio.[/FONT]
[FONT="]Pero el largo de mi viaje no era lo que más me importaba. Iba a pasar primero por La Serena, luego Antofagasta, después por Tacna. Tenía dudas de pasar desde Antofagasta hasta Buenos Aires primero y luego seguir el viaje por Argentina hasta Perú, pero nominativamente iría luego a pasar por Santiago del Estero y con este esquema por Buenos Aires para regresar a Santiago. Estaba emocionado, porque iría a conocer gente nueva con nuevos objetivos y lo mejor de todo: distinta. Es cierto, iba a ser el viaje de mi vida, y con él, soñaba eso sí, con conocer la amistad de verdad. Ese sentimiento, o quizá un mero sustantivo era el que honestamente me aquejaba; no porque pensara que me faltaban amigos, sino porque desde que empecé a pensar en el amor, implícitamente descubrí que en él estaba la palabra amistad inmersa, cuyo significado desconocía.[/FONT]
[FONT="]Pasaron 3 meses hasta que tuve que tomar el bus. Antes de partir me dijeron con mucha aprehensión que el viaje era negocios, y negocios son negocios, así que por un lado debía lograr objetivos y por otro lado el viaje se trataba de ventas, lo que componía, según creo yo, la parte fácil del trayecto. Claro, era más fácil vender seguros de la compañía puerta por puerta que negociar con los diferentes clientes masivos de seguros que demandaban el producto final de la compañía, pero en fin, nada resulta tan perfecto como parece. Pero sí, feliz de poder cumplir mis sueños idealistas.[/FONT]
[FONT="]Marta estaba por supuesto preocupada, y enojada. No quería dejar de verme durante tanto tiempo, pero preocupada sí haciéndome mucha comida para el viaje en bus (para el vuelo no sería necesario) y dándome muchas recomendaciones. Yo por mi parte le deseé mucha seguridad y comprensión con el bebé y que le fuera muy bien mudándolo y cuidándolo. Mi sabio consejo fue que nunca lo dejara solo ni que descuidara de él.[/FONT]
[FONT="]Pensaba básica y meramente yo que la base para pasarlo bien era conocer la mayor cantidad de gente posible, y después invitarlos a tomarse un trago, o salir a un cabaret, y no tanto entrar en profundidad. Compartir, si se puede resumir. Pero entre tanta conjetura, yo me iba, es decir, me abstraía de lo verdaderamente importante y se me hacía poco el tiempo restante para preparar mis maletas y mi itinerario. Al final reduje complicaciones y fui pragmático: me iría derecho para el norte, para luego continuar por Argentina.[/FONT]
[FONT="]El día del viaje llegó y Marta se encontraba muy triste y angustiada. Antes de dejarme en el aeropuerto me abrazó llorando. Seguramente pensó que era la última vez que hablaríamos en mucho tiempo, pero aquello era mentira: yo la llamaría frecuentemente porque la amo. “Tan sólo viajo por madurar, por avanzar un ciclo en mi vida” le dije yo, pero eso le hizo lloriquear aún más. Fue una despedida penosa, pero así tenía que ser esta despedida. Ante toda pena, le prometí que la llamaría frecuentemente.[/FONT]
[FONT="]Y así partí en bus con destino a La Serena. Un viaje bastante largo y tedioso el cual armaba con paciencia.[/FONT]
[FONT="]Cuando llegué a mi destino, decidí antes de quedarme en el hotel, identificar a mis compañeros de trabajo que viajaban conmigo y conocer sus números de habitación del hotel, para luego poder salir a tomar unas copas. Sin embargo, el cansancio pudo más conmigo y decidí irme a dormir apenas atardeciera, sólo interrumpido por el sonido de la televisión. Dejaría así para otro día el conocernos.[/FONT]
[FONT="]Pero no fue muy distante nuestra reunión. Después de un agotador día, en el que tuvimos todos una junta de negocios y un acuerdo fácil de conciliar, estuvimos de acuerdo con salir a de jerga Luego de la reunión, en el bar de la esquina. En aquel lugar, he de admitir que nos divertimos mucho.[/FONT]
[FONT="]Pero pasó.[/FONT]
[FONT="]Entre tragos y conversaciones varias se terminaron los encuentros y compartimos ya bastantes opiniones. Volví (o me volvieron) a la casa sin ningún recuerdo ni acuerdo especial. Sólo conversaciones bastante poco portentosas, que no tenía hace años. Con alguno intercambié un teléfono, pero no obtuve mucho más, una mera superficialidad.[/FONT]
[FONT="]Al siguiente día tuve otra reunión en el mismo lugar. Estaba cansado, y casi se me caía la cara aletargada, hasta que uno me llamó la atención diciéndome que si quería reposar que saliera para afuera, pero que no interrumpiera ni distrajera con mis malos ánimos. Nuevamente tuvimos una salida, pero con mucho menos personas. Recuerdo que a uno le presté billetes que sabía nunca iban a pagar, pero fueron necesarios para que siguiéramos tomando y “charlando”.[/FONT]
[FONT="]Al final me fui a acostar de nuevo, esperando el siguiente día, en el cual iría a hacer mis primeras ventas.[/FONT][FONT="]
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Comentarios
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[FONT="]Un salto con contra salto me hizo caer en sobresalto… y me despertó. Jamás sentiría un adormilamiento similar, puesto que habíamos atropellado a un gato salvaje. Uno que maulló fuerte tras el choque, y que me hizo valorar la vida y la simpleza aburrida que estaba viviendo.[/FONT]
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[FONT="]Me levanté y tuve que bajar a tomar el desayuno. Lamentablemente no había café, adoro el café, pero la mesera no accedió a darme porque no tenían en la cocina. Estuve un poco adormecido a lo largo del día por eso, tan sólo me avoqué a leer el diario y a hacer bien mi trabajo (y cierto que tenía ganas). Leí por ahí que habían matado a una persona en un bar, lo habían golpeado a palos y lo habían dejado malherido, al final se murió por una hemorragia. Recordé el momento en que casi me moría y que tan sólo me quedaban las esperanzas, el amor de mi familia y el de Marta.[/FONT]
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[FONT="]Me sentía realmente solo. Estaba inmerso en una especie de limbo en el cual solamente trabajaba y dormía para vivir. La rutina era agobiante y en estos momentos no sentía un progreso en mi crecimiento personal con este viaje. A ratos no había trabajo para vender, así que salía por la calles de Antofagasta bajo el atardecer y posterior noche, a mirar. Tan sólo miraba, y cuando me aburría entraba a una taberna a beber. La vida era tan complicada de vivir. Más aún con todo el tiempo solo que tenía que soportar. En un momento, me sentía desesperado mirando el techo de mi habitación y no encontrando nada diferente que te sorprendiera y te respondiera, fue tal el grado de deterioro y alienación que llegué a la determinación de unirme a un centro de ayuda.[/FONT]
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[FONT="]Así fue como llegué a Alcohólicos Anónimos de Antofagasta. Fue, un alivio momentáneo.[/FONT]
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[FONT="]- [/FONT][FONT="]He de confesarte que mi padre es una bestia, siento que no me quiere y que no tiene más ganas de verme.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]¿En serio?- respondí.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]Sí, de hecho pienso que toda mi vida me ha faltado padre ¿hey, cómo está ese café?.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]Buenísimo, sigue contando.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]En realidad no hay mucho que contar, él siempre me reprendía por cosas que no entendía, cuando pequeña ¡ay, qué tonto! No me dejaba que me acerque a los guardias del edificio porque podrían, sin decirme mi papá, violarme.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]En realidad es una persona muy rígida.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]Y sí, en resumen siempre pensé que me faltaba padre.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]¿Sabes? A mí también. Por lo menos en estos últimos momentos, después de que salí del colegio: nunca más una palabra de cariño y ni siquiera de aliento.[/FONT]
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[FONT="]- [/FONT][FONT="]Hey, ¿sabes? Yo aquí me siento más aburrido que las ostras. Quiero hacer algo diferente, ¿por qué no vamos juntos al casino de Tacna? ¿cómo es que se llama…?- dije.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]¡Ah!- respondió ella poniendo sus manos en el mentón- el Palacio Royal.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]A ese vamos ya. ¿Qué te parece ir el jueves en la noche, después del trabajo?.[/FONT]
[FONT="]- [/FONT][FONT="]Muy bien, será un placer.[/FONT]
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[FONT="]Y nos despedimos. Yo trabajé hasta quedar harto y ella, una vez reencontrados me contó que también. Llegó el día y todo me hizo ilusión. Era una buena oportunidad para ganar dinero y divertirse como la gente, y no estar desfragmentado con la sociedad. Ella se veía elegante para ir al casino, y yo sólo estaba con una camisa y pantalones de vestir. Ella se fue sola a las máquinas tragamonedas o pachinko a jugar y tratar de ganar plata. Yo también, pero a las tradicionales. Siempre se ganaba y se perdía dinero, ganaba y perdía, ganaba y perdía, era tedioso pero enviciante, como un trabajo que no desagrada, hasta que en un momento, en que no gané plata, decidí espiar a Mónica, ella se veía empeñosa y concentrada en las máquinas pachinko, cuando le pregunté cuánto había ganado, me dijo “menos 100 soles”, a lo que yo me reí y le sugerí que hiciera otra cosa, iba a meter la moneda nuevamente en la máquina cuando la alcancé: “juguemos póker en vez; en equipo y dividamos las ganancias”.[/FONT]
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[FONT="]Y así lo hicimos, entramos en una mesa y organizamos equipos de a dos, porque éramos dos, y los equipos fueron cuatro. Empezamos las partidas mal con puras cartas malas, y nuestras ganancias eran reducidas. Cuando jugamos el quinto juego la cosa empezó a tomar color: par de ases en mi mano y dos cartas consecutivas en la mano de ella ¡y del mismo color!, como nosotros apostábamos primero pusimos todo nuestro dinero (bueno, dejamos plata para alimentarnos y sobrevivir) dedicado a las apuestas para ganar por seguro, una pareja por ahí se asustó, pero otro también apostó fuerte ¿qué será lo que tenía esa pareja? No lo sabíamos, pero no fue lo suficiente como para amedrentarnos. En un momento obtuvimos con las cartas para “robar” un trío de ases y ella una escalera casi real, pero sí del mismo color. No lo podíamos creer, ellos sólo tenían un trío de reyes y una escalera simple, el resto o se retiró o tenía dobles o tríos, nada bueno; así ganamos con nuestra buena racha 200 soles cada uno: ¡fantástico!. Luego de recoger nuestras fichas (y recuperar significativamente las pérdidas), compramos una champaña y salimos a la terraza del casino a celebrar. Con nuestras copas, un poco ebrios, hicimos el último salud cruzado, y, sin darnos cuenta rozamos nuestros labios traicionando yo (pero claramente sin que se dé cuenta) a Marta y había caído en el pecado inconsciente de la lujuria, pero ¿qué más daba? si Marta nunca iría a saber. Sí, yo estaba completamente enloquecido con la encantadora de Mónica y no podía aguantar más. La invité a mi hotel y cuando llegamos, la lancé sobre la cama y la besé apasionadamente, hasta quedar embadurnados de tanto beso. Nos acostamos juntos y disfrutamos del placer lujurioso del sexo.[/FONT]
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[FONT="]Ahí descubrí que, salvo el precio pagado por el pecado, cuando se tiene algo en común con alguien, se siente amistad hacia la otra persona, quizá un sentimiento íntimo o no tanto necesariamente, pero lo que sí estaba seguro es que esta vez el sentimiento de cohesión era inmenso.[/FONT]
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[FONT="]En la taberna conversamos de temas políticos y temas filosóficos. Éramos yo, Tomás, Aguirre (no sabía su nombre) y Barrera(tampoco). Yo me había soltado mucho más después de mi último encuentro. Ahora debatía todo “y si así debe ser, a tomar vino el ser” siempre concluía con este brindis bastante original. Pero no fue hasta un tema de reflexión profunda cuando entré en problemas con la gente. Así fue: yo creía que los sacerdotes no debieran casarse ni tener hijos, es decir, ser castos y así promulgar el amor de Dios, mientras que él me dio rebatidas razones para que fuera lo contrario. Debatimos largo rato, saltando sus razones de que el hombre es una máquina que debe gozar, sentir y tener placer, también saltaron palabras trastabilladas que ligaban al hombre con una mujer sin importar su nivel de credo, pero no le entendí muy bien debido a su nivel de alcohol. Fue de esta forma que entré en conflicto con Aguirre, quien no creía que el tema religión fuera así, más bien por una especie de fanatismo que no terminé de comprender. Así que me sacó del bar con un empujón que casi me hizo trastabillar e inició una pelea a golpes. Creía que me había ganado a los amigos pero no fue así, mas por el contrario, entré en una situación de conflicto con todos ellos, porque nadie pensaba como yo, como si no hubiera leído la obra de Dale Carnegie cuyo primer “mandamiento” decía que uno debiera darle lo que le interesaba al prójimo. Por supuesto, y ustedes me conocen bastante bien, suelo perder las peleas, pero no fue tan así en este instante, de verdad; logré darle un derechazo seguido por un zurdazo a Aguirre, pero ese fue mi minuto de gloria. Después de que zarandeó la cabeza por tales ataques, me noqueó de un solo puñetazo. Yo no supe más nada después de aquello. Fue terrible, mis compañeros me habían abandonado, afortunadamente nadie que pasaba por ahí me robó nada, excepto la chaqueta, pero fue así: yacía abandonado y sentido, y obviamente no volvería a tener relaciones diplomáticas con mis compañeros, pero eso no era lo que importaba ahora. En este momento, medio emborrachado, me costó entrar en pie, estaba entre bolsas de la basura y estas habían amortiguado mi caída, por lo que no estaría muerto, sino más bien malherido. Entré en pie, me desequilibré, casi caí, pero pude afirmar la postura, y emprendí moreteado y todo, mi camino a casa.[/FONT]
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[FONT="]Fue en la última parada que entré en crisis nuevamente. En verdad no podía congeniar con la gente del hotel, porque simplemente no tenía afinidades con ninguno de ellos. Por otro lado, no encontraba diversión así que me fui al salón de tenis contra el frontón. Jugué largo rato contra mí mismo y fue bastante placentero, en especial contra los kilos que gané. Pero después, encontrar otra diversión fue un problema. Traté leyendo libros nuevos para mí, encontrar ideas nuevas, leer el diario, etcétera. Pero ¿qué sacaba? Eran ideas para mi yo egoísta que con nadie compartiría. Terminé tirando toda mi ropa al suelo en un gesto de furia y me fui a acostar.[/FONT]
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[FONT="]Caí en resumen en una crisis grave. No tenía nada qué hacer ni nadie con quién congeniar. No pasó nada hasta que decidí pasear por la plaza de armas de Buenos Aires, un día flojo, de poco trabajo. Allí, encontré algo que me gustaba: ¡una maquinita de tetris! Decidí competir con uno que se veía bastante malo para el juego. Le aposté 10 fichas a que ganaba. Yo no quise intimidarlo así que le aposté yo 10 fichas y él, si ganaba, me entregaría 5 fichas. “Trato hecho” me dijo. Por supuesto le gané, lo que le causó impresión a él, me contó que jugaba ajedrez con frecuencia y que estos juegos de inteligencia no le eran ni un bocado para él. “¿Ajedrez?” le pregunté, “¿podrías presentarme a tus amigos?, a mí también me gusta el ajedrez…” y así me llevó a la esquina de la plaza de armas y me presentó. Eran ajedrecistas expertos, como nunca podría encontrar en la faz de la Tierra. Me invitaron a jugar y yo acepté cordialmente, me interesaba de sobremanera el relacionarme con esta gente, además eran unos profesionales, cosa que me abismaba bastante. Creo que jugamos unas 100 partidas en todo el tiempo que estuvimos juntos en Buenos Aires, fue bueno, además íbamos siempre al terminar el día a tomarnos unas copitas y brindar por la vida, la paz y los nuevos temas que conversábamos, que rozaban la metafísica y el más allá.[/FONT]
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[FONT="]Así fue como, finalmente, me di cuenta que un amigo es, el que comparte contigo intereses tanto materiales como espirituales contigo. Por ende, es que comparten contigo la felicidad que tienes, pero no el amor. La amistad es recíproca y puede o no durar eternamente. Con esa emoción de darme cuenta terminé mi viaje, un viaje del que no sólo recorrí terrenos que no conocía, sino que además viajé por lo más profundo de mi ser.[/FONT]
Por lo demás quería volver a decirlo: agradezco su apoyo:rolleyes: y sean bienvenidos, prometo seguir con el suspense y la filosofía del amor del protagonista.
abrazo muy fraternal, Antípoda.