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La venganza de Alberto Irisorri.

antipodaantipoda Pedro Abad s.XII
editado diciembre 2010 en Narrativa
[FONT=&quot] Los niños jugaban en la calle Rabinni, camino al pasaje que la estrecharía, con una pelota de tennis que la pateaban como si fuera de fútbol; corre que te pilla de punta a punta era el devenir de Paco, Benni y María. La imaginación puede hacer grandes cosas, como esta. La hora había pasado y don Alberto Irisorri ya estaba cansado y con los músculos adoloridos mirando el reloj para saber si sería la hora más prudente de ir a buscar a sus hijos.[/FONT]
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-[FONT=&quot]¡Paco, Benni, hija! ¡Pa' la casa![/FONT]
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[FONT=&quot] No tardaba en rajar (con el cuchillo cartonero) cuentas de luz y agua a medio pagar, después del te, pues a esa hora era frecuente que llegara el cartero. En fin, pareciera que ese era el estrechillo momento de cambiar el enfoque de la vida o por lo menos, encontrar un método de hacer dinero en combate con esas cuentas impagas, que estrujan de sobremanera el bolsillo.[/FONT]
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[FONT=&quot] En el presente día tocaba trabajar, y esa oficina enfriaba cavernariamente... pero no buscaba en eso desconsuelo, sino que todos se dignaban a trabajar rápido; en eso que el papeleo tornaba pilas en escritorios llegó al despacho de Alberto una señorita angustiada, con claros horrores en la cara que hizo latir a quien la viera que necesitaba crédito. Alberto, muy cortésmente la atiende, le da un dulce aún atento a su computador y a los cuadros de su familia como si le importara poco la angustia de la señora.[/FONT]
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[FONT=&quot] Rápidamente escuchó acometiendo que tenía una reunión en otro sitio, pero que oía atentamente aún sin yo saber si esto es verdad o mentira. Sin mediar en sus congojas, la despachó a ella rápidamente y no le concedió ningún crédito, pues la señorita no dejó correr ninguna lágrima por su rostro; momento impausado del que aprovechó de salir rápidamente de la oficina despidiéndose -amable pero apurado- de la señorita que, una vez fuera dio cuenta de lo atractivo que se veía con sus abriguitos y bufandas.[/FONT]
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[FONT=&quot] Por la noche, lamentablemente sin "pasta" para tomar un taxi tuvo que caminar. Miraba de frente por el pasadizo de calle Cármen. Su atlética anatomía trastocada en una panza sonora, seguramente por los encuentros de amigos con botellones de cerveza, lo hacía un blanco perfecto para ladroncitos que justamente pululaban en las regiones laterales del pasadizo Cármen. Él no se daba cuenta, los ladronzuelos lo acechaban por atrás, y quizá, este sería el principio del fin. Sin embargo, sintió efectivamente una presencia malhechora y mordaz a lo que trata de ponerse atento y en guardia. Quizá su mayor talento es ese, estar atento a las cosas, las ideas, los fines, su lengua y finalmente, como en la presente aplicar sus técnicas de peleas pues en vano lo llamaban el vengador en sus años mozos de colegio. Pero los ladrones no tuvieron ninguna piedad; asecharon al individuo solo, momento que atrasó a Alberto Irisorri, ya que no pudo aprovechar de golpearlos. La defensa estaba débil, y ya lo habían amenazado, sin mostrar cuchillos. Sin embargo, aprovechó el momento para saltar y pegarle a uno de los 2 un puño y una patada muy fuerte en la cara, mientras intentó tomar espacio por el estrecho pasaje. Transpira pero no espabiló, trató de pensar una estrategia, pero el tiempo no era mucho y pareciera que el ladrón amenazaba con un cuchillo, pero nada era seguro en ese momento; decidió atacarlo primero con un "panzazo" osea todo su cuerpo, lo que fue efectivo y tiró por los suelos al villano.[/FONT]
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[FONT=&quot] Su cuerpo sudaba, aunque más debido a la presión que al ejercicio físico realizado, por motivos de adrenalina no supo si seguir o escapar, dado que no le dejaba tomar una decisión vital, pues podrían haber infiltrados. Por eso, simplemente decidió quitarle el cuchillo al ladrón y amenazarlo en el suelo: "¡si no se alejan de aquí tú y tus amigos, te voy a meter este cuchillo por el culo!" frase que bastó para dar una sensación de autoridad.[/FONT]
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[FONT=&quot] El regreso a casa fue en resumen sinuoso y bastó para llamar la atención de su entera familia. Al día siguiente el jefe relegaba trabajo a raudales. Los objetivos de Alberto Irisorri no podrían permanecer presentes por más tiempo. Habría que cambiarlos frente a una frustración inminente.[/FONT]

Comentarios

  • antipodaantipoda Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2010
    [FONT=&quot]El aire fue asfixiante en la oficina por mucho tiempo. Tanto así que a Alberto Irisorri le asignaron una secretaria que lo ayudaría en sus estresantes labores puesto que la remodelación y reestructuración del banco llevaba a ampliar y acomodar lugares para todos los empleados, incluso el más funcional. La secre, de quién conversaba, era bonita y no adolecía de piernas flacas, en cualquier caso de gordas piernas más bien. Pero, difícilmente sería ardid de distracción para Irisorri, su enfoque a sus labores más el insaliente carril de su maestro objetivo le llevó a ignorarla unos días, otros, sí verle los agradables ojos. Aun estando casado tenía ambiciones sexuales que no lo dejaban libre.[/FONT]
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    [FONT=&quot]La idea de él ahora se tornaba negra. No había otra opción. La vida o la muerte. El ying o el yang. Habría que esperar el momento preciso e inminente para pedir un aumento. Pero a cuanto, "no no”, eso no habría ni que pensarlo: un aumento que si se consulta, al doble; sin razonamientos.[/FONT]
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    [FONT=&quot]Y eso lo anotó en una hojita con crepé pero bien cuidada, que a un lado de su escritorio nunca se le olvidaría, acercándose así a la certeza de sacarlo en el momento justo. Y prosiguió con sus tareas: dejó de lado lo otro y esperó a que viniera su colega para seguir su o anestésico trabajo grupal. En la espera pensó virilmente en la educación de su menor: Paco, su plan sería enseñarle a trabajar en pintura o en mecánica para que saliera rápido del colegio y entendiera la vida. El estudio se lo dejaría para su mayor: la hija.[/FONT]
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    [FONT=&quot]Y cuando se fue con Rodrigo, pasó la asistente de aseo y le hizo volar la hoja cerca del tacho de la basura. Los pies se le embarraron con un charquito de agua que a cualquiera sino es él lo pondría pulcro sacándose el agua con un pañuelo; al rato, llegaron y terminaron planificando unas curvas inútiles pero que se justificaban con lo harto que las pensaron.[/FONT]
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    [FONT=&quot]En un momento inerte se preocupó de su uniforme, lo estiraba, planchaba y finalmente se repeinaba un poquito con la manito. Pero, para mantener lo casual, sacó un poco la camisa fuera, y aquella cosa que le llamamos marrueco no le hizo sentir vergüenza alguna, no se lo fijó. Alistado, sin peros se dirigió donde su jefe, a intentar atisbar una conversación veraz sobre aumento con motivos declarados pero discretos, se sentía nervioso, quizá no le convendría saltar inmediatamente, pero cuando entró a la habitación, el mundo se le fue abajo poquito a poquitito, sumergido hondo a hondo por una depresión post-momento que, cualquier triunfador y galán la sabría manejar, pero él no, no siendo así, decidió cambiar de tema en el momento justo, en el instante en que le preguntarían que qué viene a hacer.[/FONT]
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    [FONT=&quot]Pero lo volvería a intentar, sabe que no debe sentir, sino arriesgar, ubica la variable humor en su catálogo, en la ingeniería de su cuerpo, en su esquema que sabe que le permitirá tomar determinaciones buenas sí o sí.[/FONT]
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