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Felipe ( V )

KundryKundry Garcilaso de la Vega XVI
editado noviembre 2010 en Narrativa
Felipe ( V )

Jabón y agua caliente. Sí , eso era lo que necesitaba. Cómo si, realmente, eso fuera lo único que se necesitara para librarse del peso de la conciencia y de la viscosidad de la sangre. La sangre siempre es demasiado roja y viscosa, demasiado sucia.
Felipe llevaba el cubo de la fregona en una mano y en la otra un detergente industrial de los que se usan en las perreras , como un peso más que se agregaba a su propia gravedad, a su propio aislamiento e imaginaba que era así como debía de sentirse el pecador o el delincuente.
Había aprendido en la casa, especialmente de Salsa, acerca del lugar que ocupaba en el mundo y se esforzaba en adoptar una actitud que se correspondiese con ese relegado lugar. Incluso había llegado a adoptar la personalidad generosa de Salsa. Como en realidad no comprendía la naturaleza de la perrilla se limitaba a imitarla. Imitaba , simplemente, los aspectos más visibles de su comportamiento , y a eso no había nada que objetar.
Un tanto inconsciente de cómo había llegado a ser, prácticamente, invisible , iba reduciendo el espacio que ocupaba, el espacio en que vivía. Así adquirió una gran habilidad para esquivar las preguntas que pudieran dar pistas sobre las dimensiones de su padecimiento.

Con el suelo inmaculado y su padre meticulosamente desangrado , expuesto al frío y descuartizado , procedió a repartir , equitativamente en dos hatos , la carne del cuerpo y envolverla en la gruesa capa de plástico que le hacía las veces de salva colchón . Meneó la cabeza y chasqueó los dedos para tranquilizarse. Recorrió el pasillo hasta llegar a su habitación y consciente de que aquél era el momento oportuno , introdujo los fardos en la mochila de Boy Scout que había pertenecido a su padre. Cargó la pesada mochila a las espaldas y se encaminó a paso rápido hacia la puerta. Bajó de forma trepidante los peldaños que le separaban del portal de la calle y salió al exterior. Su rostro emanaba una sorprendente serenidad, no forzada, lograda por el reconocimiento de su propia insensibilidad. No sentía nada por esos despojos humanos. Total indiferencia. Desde algún lugar recóndito de su interior su soledad pareció adquirir voz propia y entre líneas le advirtió:
Lo que un hombre haga o deje de hacer es cosa suya, un acto sólo trasciende si las emociones nos traicionan. Pero sus emociones, su miedo estaba tratando de salvarle. Por extraño que parezca lo único que redime es la culpa , pero ahora Felipe no sentía culpa precisamente.
Caminó de forma distinta a la habitual en él. Examinaba con decidida atención todos los madrugadores rostros con los que se iba cruzando , allá a donde le alcanzaba la vista.
Hay zonas de la ciudad ciertamente sórdidas. Caminó buscando la periferia , adentrándose en descampados y polígonos industriales , siguiendo una ruta familiar.
Había algo de hipnótico en su mirada, en sus movimientos pausados y firmes. Nada le atormentaba, ni siquiera tenía la necesidad de justificarse ante sí mismo. Llega un momento que un hombre se rinde ante la irrevocabilidad de una situación.

La ventana trasera del Break Dog estaba abierta, como de costumbre , a lo lejos se bosquejaba la silueta rotunda del horno crematorio con su negra tolva de hierro…

Comentarios

  • Jack LondonJack London Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2010
    Merecido final.

    Enhorabuena por el relato. ;)
  • antipodaantipoda Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2010
    Felicitaciones, Kundry. Extraordinario relato. He de admitir que te tengo envidia sana: las descripciones psicológicas, la macabridad, la sórdida atmósfera y muchas otras cosas y detalles me encantaron en este cuento. Increible todas las partes que ayudaron a hacer mejor tu relato.
  • antipodaantipoda Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2010
    Y ni hablar de la no-linealidad del relato, algunos hechos desordenados que le dan estilo a tu escrito. Muy bueno. Vuelve a ocuparlo
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