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Llagas

toastedmantoastedman Pedro Abad s.XII
editado octubre 2010 en Negra
Espero haver elegido bien la categoría, siempre queda la duda...



Todas juntas se congregaban y celebraban, como podían, el convite, en esa boca enferma, que las albergaba en vida sin devorar nada… Josefina tenía la boca repleta de llagas. Comer era todo un parto y el sólo hecho de tragar saliva le dolía en el alma. Experimentaba un fuego que cada vez se hacía más difícil de soportar. Había probado de todo: desde auto medicarse con antibióticos, pasando por buches con bicarbonato de sodio, hasta untarse pimienta roja diluida en alcohol etílico con un hisopo. Nada funcionaba en lo más mínimo; y llevaba una semana en ese estado. Lo peor de todo era que, con bastante antelación, había planificado un encuentro para el día siguiente con un muchacho con el cual estaba claro que tendrían sexo; se lo habían dicho mutuamente y con todas las letras, no había lugar para pelos en sus lenguas, o probablemente sí, pero eso era otra cosa.


Como la mayoría de las llagas estaban en su lengua y en el interior de sus mejillas (porque las encías se habían salvado), se le ocurrió que tal vez podría darles guerra mordiéndoselas. Eso sería un calvario, pero también le daría el toque final a sus inseguridades para encontrarse con su pretendiente, la idea de venir pensando en él también era algo molesta.


Se compró una botella de whisky barato en el supermercado y comenzó a beber del pico en el transcurso de vuelta a su casa. La bebida le provocaba bastante ardor en las zonas afectadas, pero no tardaría en hacer su efecto analgésico.


Una vez de vuelta, se instaló en un sofá del living, y siguió tomando hasta bajarse la mitad de la botella. Se sentía mareada, eufórica y al fin anestesiada; lo cual era la combinación perfecta.


Inició el proceso quirúrgico mordiendo lentamente la primera llaga seleccionada, una que estaba en el interior de la mejilla derecha, y como casi no le dolía, ni le ardía lo suficiente como para desistir, continuó ejerciendo presión con los dientes, hasta que la arrancó, entera y con algo de carne sana en los bordes. Una sensación de venganza la recorrió inmediatamente a manera de escalofríos. No pensaba dejar a la muy condenada en paz de una vez y por todas, no señor, jugó durante un par de minutos con ella aun dentro de su boca, palpándola, estudiándola, torturándola con su lengua; hasta que la escupió. Le dio un trago a la botella de whisky para sacarse el gusto amargo de la sangre y se escurrió los labios con el antebrazo.


Repitió en lo sucesivo la operación “un trago y morder” hasta extirpar todas las demás llagas, que formaron un montoncito sangrante en un sector de la alfombra, junto a la mesa ratona, sobre la cual no había más que un retrato familiar viejo y un pequeño plantero con una orquídea marchita.


Fue tambaleando de la ebriedad hasta la cocina y tomó un trapo sucio que se lo metió en la boca para absorber la hemorragia, lo mordía tímidamente, para empaparlo y suavizar sus fibras; y tuvo la suerte de encontrar un frasco de café vacío que días atrás había lavado y guardado en la alacena para darle algún uso.


Volvió al living y metió en el frasco las llagas, bien a lo bruto.


Se quedó contemplándolas por horas y horas, mientras comparecían famélicas algunas parejitas de moscas. Continuó presenciando el espectáculo, sin interrupciones, durante días, hasta que un ecosistema entero se formó en torno al menjunje de carne muerta. Nunca se movió del sofá, que a esa altura se contorneaba como vivo con su cuerpo, rodeando sus caderas cálidamente.


Josefina se había desmayado, producto de la nula alimentación y la hidratación deficitaria con lo poco que le quedaba de whisky. En aquel periodo el timbre había sonado unas cuantas veces; y una de las primeras probablemente haya sido procurada por el muchacho con el cual tenía la cita.


Cuando se despertó estaba muy debilitada, aunque pudo notar, con cierto dejo de satisfacción, que los mordiscos que se había hecho le escocían y estaban inflamados: las heridas se habían infectado. Se abandonó a la inercia misma, mientras degustaba esa pizca de acidez que percibía en sus nuevas llagas.


En el sofá, ya empapado de excrecencias y amalgamado al cuerpo de la mujer como un injerto, algunos hongos iban trepando y ramificándose, como una enredadera, todos juntos se congregaban y celebraban, como podían, el convite…

Comentarios

  • FilocratesFilocrates Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2010
    Siendo tan largo dude en leerlo, y habiendo leído primero el final, se me hizo fácil ver el detalle.

    Interesante, pobre, la torturaste de principio a fin, pobre chica, al final, todo ese sufrimiento para estar con él y quedo desmayada en el sofá. Diría que quiero leer la segunda parte, pero lo dudo si le depara un futuro tan cruel, si me dices que la historia mejora, leo gustoso.

    Yo ni idea si es la categoría correcta, en erótica también quedaría más o menos bien, creo.


    Atte.:Filocrates.
  • toastedmantoastedman Pedro Abad s.XII
    editado octubre 2010
    Hola Filócrates. Se agradece el comentario. Y sí, queda un poco masacrada la chica, pero te aseguro que en el fondo le daba placer, ja. Saludos.
  • FilocratesFilocrates Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2010
    oca saludos.
  • WoodedWooded Garcilaso de la Vega XVI
    editado octubre 2010
    Me gusto el argumento nuevamente.
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