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Proyecto

DA_SaRaDA_SaRa Pedro Abad s.XII
editado octubre 2010 en Narrativa
[FONT=&quot]Gina observaba la calle desde el balcón de su ático. La Gran Vía rebosaba de tráfico. El sonido ensordecedor de los impacientes pitidos de todos y cada uno de los vehículos de la interminable calle hicieron que su resaca se hiciese más intensa. Se llevó una mano a la cara, sujetando su cabeza. Iba aún en pijama. Era de tirantes, a pesar de tratarse de una mañana inconfundible del frío noviembre.[/FONT]
[FONT=&quot]Se había despertado de madrugada y había permanecido tumbada en la cama, bocarriba, mirando el techo, intentando recordar, sin éxito, lo que había sucedido la noche anterior. Una vez se hubo levantado el dolor de cabeza se extendió. Sin duda no era peor que unas migrañas pero se les asemejaba demasiado. Había salido a su pequeña terraza con el fin de despejarse, pero de muy poco había servido.[/FONT]
[FONT=&quot]Bostezó, aunque le pareció más un suspiro de resignación. Entró nuevamente a su piso y caminó descalza por el largo pasillo, lentamente, dirigiéndose hacia el baño. Una vez allí se miró al espejo con temor de que su deprimente estado se reflejase en su cara…No se equivocaba. El brillante azul de sus ojos era ahora cansado y su blanco se había transformado en la marca roja del insomnio. Las ojeras estaban tan marcadas que necesitaría todo el maquillaje que tenía para taparlas y su espalda estaba ligeramente encorvada, reflejando la tensión que tenía en sus hombros en ese momento, incapaz de mantener la postura elegante que siempre había sido propia de la joven periodista. Se apoyó con ambas manos en el lavabo, bajando la cabeza, incapaz de volver a levantar la vista a su rostro. Seguramente habría tenido momentos peores solo que no se acordaba de que realmente hubiesen sucedido. Volvió a suspirar mientras se pasaba una mano por su rubia y enmarañada cabellera. Aparte de la depresión de su aspecto sentía una profunda angustia proveniente de los hechos borrosos acontecidos la pasada noche. Aquella aspirina que se había tomado no había servido de nada. Demasiadas sensaciones con esa jaqueca, pensó…Indiscutiblemente necesitaba una ducha; y un buen café.[/FONT]
[FONT=&quot]Dejó la ropa desperdigada por el suelo, ya lo recogería más tarde, y se metió de cabeza a la ducha hidromasaje. Abrió el grifo. Agua fría, por supuesto. Tenía que aclarar sus ideas, o al menos despertarse del todo. ¿Qué había hecho esa noche, antes de desplomarse, abatida, sobre la cama? Se esforzó por recordar lo que ocurrió pero su dolor de cabeza se lo impedía. Recordaba algo, lo primero que ocurrió quizá, o tal vez lo último, no lo sabía. Recordaba haberse introducido en una… ¿fiesta? Sí, debía ser una fiesta…las luces, la música, el alcohol… [/FONT][FONT=&quot]— ya sabía de dónde venía la resaca — ella lo observaba todo desde la esquina. Estaba ¿buscando algo?, aunque no se acordaba de qué, ni y de por qué. Alguien la miraba.[/FONT]
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[FONT=&quot]Al salir de la ducha se percató de que tenía algo raro en el brazo izquierdo. Primero pensó en un tatuaje, que parecía ser una gaviota, de las que realizan los niños cuando quieren formar un pájaro en la lejanía, pero pronto se dio cuenta, con dolor, de que no era un tatuaje sino una cicatriz. No era médico, ni mucho menos, parecía como si se lo hubiesen hecho con hierro candente, igual que con el ganado. Intentó tocárselo pero el simple roce hizo arrepentirse de ello. [/FONT]
[FONT=&quot]Después de vestirse con ropa más presentable, se dirigió a la cocina, y allí, mientras tomaba un café, cogió el teléfono. No sabía a quién llamar primero; al hospital para que le viesen aquella cicatriz o al trabajo para decir que iba a llegar tarde. Decidió mejor no llamar al trabajo, ya pondría alguna excusa como que el tráfico era insufrible, o que no llegaba el autobús…tampoco importaba mucho que faltase un día, es más, estaba pensando en cogerse un tiempo de vacaciones, no estaría mal por una parte, pero por otra, como siempre le decía a Liz, un periodista nunca descansa.[/FONT]
[FONT=&quot] Liz… No se había dado cuenta de que ella la estaría esperando. Miró el reloj. Las nueve. La pobre debía de haber estado esperando casi desde las siete y media para que le ayudase en su proyecto y la había dejado plantada. Suspiró con fastidio: adiós a sus mini vacaciones. No la iba a dejar tirada, aparte de su compañera de trabajo también era su mejor amiga, y de avisar debería haberlo hecho hacía ya dos horas, así que mientras terminaba su café, de un trago como en los anuncios televisivos, se ocupó se ponerse prendas más adecuadas para el trabajo. Colgó el teléfono apuntándose mentalmente que tenía que visitar a algún médico que le examinase su extraña cicatriz.[/FONT]
[FONT=&quot]Miró en su armario rápidamente, no tenía tiempo de ser tiquismiquis con el conjunto. Cogió una de sus blusas blancas y una falda negra. Le pareció demasiado formal pero no iba a volver a cambiarse. No había tiempo. Tomó sus gafas rojas y se puso sus zapatos de tacón negros, dispuesta a salir a la calle. Se estaba lavando los dientes cuando oyó en la lejanía un móvil sonar. No recordaba haber cambiado la melodía. Salió al salón seguida del sonido de sus tacones inundando la estancia. El sonido se había apagado.[/FONT]

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