Otra crisis de ansiedad que me inunda. Y ya no soy tan joven, mis pechos siguen cayendo. Para colmo la sociedad se ha propuesto joderme el día. Especialmente hoy: cumpleaños de la Gran Vía. Agárrate de risa. ¿Pero la Gran Vía no estuvo siempre aquí?
Me parece llevar los mismos años que ella con este mal cuerpo.
Ni leer, ni ir de tiendas, ni comprarme unos discos, ni ir a comerme unos rollitos, ni pasear, ni la madre que la parió a la Gran Vía. Siempre llena de gente, a veces parece que se va encerrando en Callao.
Aún así, a pesar de este ánimo, a pesar de este cuadro...bajo a la calle.
Antes, seamos sinceros, bajar a la calle es el último recurso que me queda antes de la pastillita. Y seamos sensatos: casi siempre funciona. A medida que avanzo barrios, avanzo en estados de ánimo. Pasear por estas calles se parece a jugar al Monopoli. Voy saltando obstáculos a medida que avanzo, tirando los dados de mis pasos. Salgo de la primera casilla en Vázquez de Mella y tiro porque me toca. Siempre con las gafas de pasta ancha para aparentar ser moderna, alegre, culta, integrada. Y al esforzarme en disimular bien, me mimitizo con ellos. Consigo serlo. Suelo estar bien después de un rato. Que curioso, pero funciona. Empiezo a fijarme en algunos escaparates por inercia; en algunas caras por vergüenza; y en los tíos para mi sorpresa. Aún me gustan. Los escaparates digo. Los tíos no consiguen llenar este vacío. Los escaparates tampoco...pero lo calman.
A todo esto, se me debe notar el hastío, la paranoia: Una niña se me acerca, con cara de salvarme la vida dándome su mejor sonrisa. Está sola. Muy inocente y pequeña para estarlo. Me para con su delicada mano. Miro a un lado y otro buscando a sus padres. Pero nadie tiene tiempo para detenerse. Solo veo cosas grises pasando con sus móviles, sin tiempo para esta cosita. Me pongo nerviosa. Su mano no suelta la mía por más que yo tiro. Ella no pierde la sonrisa a falta de la mitad de dientes. Me voy a marear. No necesito más melancolía en mi vida, y lo vulnerable me da pánico. Sus labios con una extraña sensación de paz.
-¡Pásalo! – me dice, dándome el beso más cariño que ningún conocido jamás me dió.
Apenas tengo tiempo y fuerzas de decirle adios, antes de perder la conciencia. Cuando me recupero estoy rodeada de sombras grises, gente sin rostro, sin mirada, que siguen pasando lentos a mi alrededor. Distingo al fondo el único color que me trajo el día de hoy, su sonrisa, y su roída chaqueta de lana roja.
Vuelvo a mi casa.
Llevo un rato vomitando. No puedo centrarme. La dulce felicidad de esa niña me corroe por dentro. Su beso hizo temblar los cimientos de mi ya de por sí endeble existencia.
He de encontrarla. Y allí está otra vez. En la misma acera. Mirándome. No veo más que el rojo. Su rojo.
A gritos me repite: "¡¡¡pásalo, pásalo…!!!" y se desvanece entre el gris.
¿Pero a quién? ¿Qué paso? ¿Que hago con esta carga? ¿Dónde me dirijo?
La pierdo.
He tocado fondo. Persiguiendo a una niña. Necesito ayuda.
La noche pasa como imaginaba. Desvelada.
Tengo que solucionar esto. Mi vida es absurdamente gris. Esto me pasa por neurótica e insegura. Me lo nota hasta una niña.
Voy a enfrentarme a mis miedos.
Bajo a la calle.
Pásalo, ¿pero que coño significa esto?
De noche La Gran Vía cambia de color. Ahora no es gris. Es gris oscura tirando a negra. Como sus gentes.
Voy a hacer lo que he venido a hacer. Pasarlo. Y que sea lo que Dios quiera. Total.
Hay un señor tumbado cerca de mi portal. Es evidente que está borracho, bueno, no evidente, lo digo por el cartón de vino de al lado.
Me acerco y le planto un beso con todas mis ganas.
Que ridícula soy.
-Pásalo –le digo, como si no tuviera bastante el pobre.
Nada. Ni caso.
¿pero que esperabas que ocurriera hija mía? Curiosamente, esa noche duermo algo mejor. Me acuerdo del pobre indigente y me río a carcajada limpia. Mis vecinos deben alucinar, porque no creo que me hayan oído reírme jamás. Pensarán que me he pasado con la receta.
Mañana voy a buscar otro candidato.
Lo tengo. El chico del bar. El señor del bar, no penséis mal. Si pensamos interesadamente no sirve. Estoy tan emocionada de que llegue mañana, que vuelvo a reír por segundo día consecutivo. No sé si podré resistir tanto empacho de risa.
Ante mi beso la reacción del camarero es de sorpresa. Suelta la caña que estaba tirando y me mira. Yo creo que nunca le agradecí que me sirviera tan bien las cañas, así que aprovecho. Pero para mi sorpresa, sale de la barra y le planta un beso a la señora que juega a la máquina. Ella deja de jugar por un segundo…
-la que estás liando bonita –me dice la señora mirándome con tristeza-
-¿le molesta? –la pregunto-
-¿molestar? –dice llorando- hace años que nadie se dirige a mi, si no es para regañarme por mi enfermedad.
-Páselo entonces señora –la animo, cogiéndola del brazo-
-No te quepa duda hija.
Os tengo que contar que en un mes, la mismísima hija de la gran puta de la Gran Vía entera se está besando apasionadamente. Se lo estaban pasando.
Para comprobarlo, para comprobar que no estoy loca, entro en una Iglesia que ni siquiera sabía que existía. Una señora, entra al tiempo conmigo. Impregna sus dedos con unas gotas de agua. Mira al frente. Después de Santiguarse, su gesto cambia tornándose afable, lleno de paz. Girándose hacia mi, ríe. Despacio se acerca. Sin yo poder contener mi necesidad de paz, me relajo y cierro los ojos. Noto el calor de sus labios húmedos en mis mejillas. "pásalo hija, y que Dios te bendiga".
-Se sorprendería saber cuantos he pasado este mes señora – le explico.
Ay Dios mío que mi calle vuelve a recuperar algunos colores. Al menos para mi. Aún no sé bien qué está pasando. Lo que sí sé es que mis besos se están pasando. Es una cadena ¿pero puede ser? ¿es casualidad? ¿la niña?.
Otra prueba: voy al teatro. Un musical. Una chica joven, monísima, donde los ticket dando besos como una posesa por el cristal. De vez en cuando alza sus manos y asoma un cartel escrito a mano:
"pasarlo, pasarlo por favor, a todo el teatro, de arriba abajo. Pasarlo".
Otra más, otra prueba más. Necesito saber que no es casualidad. Voy a una gran tienda de discos:
-Ese es muy bueno. Puro jazz –me dice un desconocido buenísimo de dos metros-
-¿me lo recomiendas? –le pregunto, sabiendo, o intuyendo, cual va a ser el final.
-Si, mucho. – responde con su mirada delatadora -
-Si me vas a pasar algo –le pregunto- que sea en la boca ¿vale?.
-Como desees.
Los días pasan…pasando. Pero hoy no he pasado nada. Ni ha pasado nada. Tanto beso, a veces me cansa. Es un cansancio mental, alegre, de esos que da unas copas con los amigos. De esos que te dejan en un banco mirando como la Plaza España se junta con el cielo. A gustito. Qué paleta de colores. Por fin.
Sentada con mi café advierto algo rojo al otro lado de la calle. De mi "gran calle". Este "algo" sigue sonriente. Como la última vez.
Me levanto sobrecogida. Me subo al banco.
-¡¡¡Gracias!!!, ¡¡¡niña!!!,
Ella vuelve su carita y cruza la calle hacia mí. Sin mirar. Inocente. Como siempre.
El atropello fue grave. En mis brazos, envueltos en color rojo, esta vez de su sangre, la niña no paraba de decirme: "pásalo, sigue pasándolo, pásalo".
No está. Un médico me recibe y me cuenta que la niña ha salido por su propio píe hace unos días. Que una familia de gentes muy pobre, con ropas grises vino a buscarla. Que recorría con la botella de suero todas las plantas pasando sus besos. Que consiguió que algunos enfermos graves sonrieran después de años sin hacerlo. Después de años. Después de...años.
-No me cuente más doctor, o me desmayo.
-No te marches sin…
-Sí, sí, ya sé doctor: sin pasarlo.
Comentarios
He visto algunas erratas pero son fáciles de localizar, seguro que si le das una lectura las encuentras y lo dejas "planchao".
Enhorabuena.
Felicidades, en serio.
Mil gracias por vuestra lectura, mil gracias por vuestras palabras.
Un saludo.
Un beso y PÁSALO...
Está bien el tono algo cínico y sincero conjuntado a las sensaciones físicas, lo cotidiano. Todo queda coronado por ese gesto sencillo pero trascendente de pasar el beso. Bien logrado.
Un saludo.
Y espero que no le moleste al autor, porque cuando lo ponga (glups) la cosa no tendrá remedio al no poder editar los temas, pero qué le vamos a hacer:(. La música es de David Guetta (Ibiza).