Antes de la desaparición del Sahur, Cleo alcanzó a ver una llave, una que alegóricamente la conduciría a otro mundo, otra dimensión. Pero esa llave asimismo desapareció. Acto seguido Cleo fue rápidamente a su casa, a recluirse en su dormitorio. Allí, Cleo preparó un pernicioso cóctel de medicamentos que una vez los hubo introducido en su estíomago, cayó desplomada sobre la cama.
Su madre, que la había visto arribar a la casa, más nerviosa y temblorosa que de costumbre, fue a la habitación, golpeó la puerta con pertinacia, y al no poder abrirla, la derribó empleando un impensado vigor y sangre fría. Halló a su hija inerte, que yacía sobre su lecjo como si literalmente estuviese muerta. Inmediatamente la llevó a la clínica dónde estuvo ingresada en varias ocasiones; fue su modo de echar el resto por la vida de su hija.
Durante un período de casi una semana antes de su ingreso, Cleo había interrumpido totalmente el consumo de "sus" fármacos, de esas grageas que conformaban una piedra, un óbice en el camino de su flujo vital, de un caudal de sentimientos; los comprimidos la auxiliaban a permanecer algo guarecida de brotes de agresividad y autoflagelación, pero ya le suponían una pesada rutina diaria.
Despertó entonces en la clínica, en una habitación de paredes enmohecidas, que hedía a humedad y pintura. Estaba aturdida, desorientada, no entendía lo que la rodeaba. Durante varios días, su madre la visitaba, aprovechando a explicarle lo acaecido, y la relación entre las dos se fue tornando más delicada, abierta y transparente que antes.
Cleo, si bien estaba contenta por sentirse más cerca de su madre, añoraba con furor al Sahur, no así a Ohlab y Visna. A través de la pequeña ventana de la sala, sin el Sahur se recrudecía su percepción de soledad y desamparo. El Sahur le retrataba en vivo y en directo lo más ignoto, global, pomposo, imponente del Universo, le enseñaba mares, valles, le evocaba la voz de su padre y además podía verlo. Sus sueños de ser maestra y poetisa también se esculpían en el Sahur. No obstante todo aquello era en esos instantes; no ser, nada, el cero absoluto.
Su estancia en la clínica no se extendió más de dos semanas, tocaba retornar a su casa, y reencauzar para bien la interacción con su madre.
Pero sin esa óptica perspectivista del Sahur, sin el Sahur, se encontraba como un fragmento lánguido de todo, un ser apagado.
Se le hizo tan difícil su vida siendo nadie más que Cleo, que súbitamente, escapó de casa, para enorme disgusto de su madre.
¿Realmente son Cleo y el Sahur dos ángulos de una misma figura? Un elefante sosteniendo un conglomerado de ideas, entre una pirámide, un pantano, un hogar de aquelarres o un libro de crónicas vitales de una adolescente, ¿puede concebirse bajo patrones racionales todo eso? Alta probabilidad existía de que Cleo en ejercicio de su devenir columbrase un más allá de la razón, ella quizá haya catado sabores no ordinarios o hallado un guiño de tornasol a la inteligencia emocional. Quizá pieza de un andamiaje sin Sahur, ¿y qué con éste? Cleo se alejaba de gárgolas de humo, de ruidos, de transeúntes, disgregada sin pausa notoria hacia un perpetuo horizonte.
Y nadie sabe ni cómo, ni dónde está. Quedan numerosas preguntas flotando en el aire, sobre todo en las emociones de su madre, y para Cleo, la más importante es como encontrar al Sahur, como reencontrarse consigo misma.
Su madre, presa de la desesperación, fue a la habitación de su hija, creyendo que a lo mejor habría dejado alguna nota. Encontró sobre su cama, no una nota, sino una llave que la cogió debido a su curiosidad, y la llave, así como el espejo de la habitación, se tiñeron de color tornasolado.
Comentarios
Creo que la primera parte-Cleo 1-ya es una unidad acabada con un fin en suspenso y toda la tensión del misterio;de todas formas Cleo2 me deja con la imagen de la madre sopesando la llave y por adentrarse en la inquisición peligrosa que atrae a los espíritus curiosos:"¿Qué pasa del otro lado del espejo?"
Una historia extraordinaria;porque vamos,niñas que huyen de casa-"hogar,dulce hogar"-las hay en abundancia,pero mujeres dispuestas a correr riesgos,a estimular la mente y crear;entregadas a la exigente desventura de desafiar los límites de la percepción y bucear en esas aguas...poquitas y singulares.
Muy apropiado que abandonara los fármacos,propio de un carácter definido.
Saludos.
La historia es toda una, naturalmente, con marcados tintes de fantasía. Y, como suele suceder en muchos cuentos míos, hay que buscar parte del contenido fuera. Tiene sobre todo, carácter de alegoría, el personaje de Cleo contrapone su creatividad vinculada a sus trastornos psíquicos con un hilo argumental más o menos definido. Suelo en muchas ocasiones dar predominio a echar imaginación, a apartarme de realidades palpables, que a la rigurosa documentación...
Saludos...