Bonita frase “que te den”
No recuerdo ni la hora, ni el día, bueno, ni el siglo, cuando conocí esas tres palabras que tanto han marcado la rutina de mi vida.
“Que te den”. Incomprendida del léxico, encasillada en una expresión vulgar, marcada como una acción grosera y soez. A ella misma le han hecho un “que te den”.
Empiezo a hacer memoria, y creo que ya en el mismo momento que nací, en el instante que vi la luz del día con mis diminutos ojos, me hicieron un “que te den”. Abandoné un mundo de sueños, de ilusiones, estaba protegido frente a todo y frente a todos, pero llegó el “que te den”.
“Que te den” para mí fue saber que esas navidades no recibiría el regalo que había pedido. “Que te den”, llegó a mi conocimiento cuando a la vuelta del colegio, tras las navidades, solo veía caras felices y sus regalos deseados bajo el brazo. Buen ejemplo de “que te den” es saber que mi abstinencia ociosa por parte de padres no fue un tema económico, sino un tema de principios.
“Que te den” es saber de antemano que serás un fracasado. “Que te den” es ver el futuro y no poder remediarlo. “Que te den” son burlas y risas, son olvidos obligados y rencores cebados.
Un famoso “que te den” fue mi primer suspenso, tantas horas estudiadas, tanto trabajo perdido, tantas esperanzas puestas, para esfumarse por el criterio de una persona, por la actitud crítica de otra; que bonita frase “que te den”.
“Que te den” engloba todo un concepto y una abstracción filosófica en sí misma, “que te den” no se anda con rodeos, es “que te den” y no es “quizá para la próxima vez” o “¡inténtalo de nuevo!”. “Que te den” es más realista, más simplista…. más humano.
Otra escena de un acertado “que te den” fue cuando descubrí que el ser humano subsiste a base de alimentarse de sus semejantes. Somos caníbales de la razón, depredadores de ilusiones ajenas. A partir de aquel instante “que te den” adquirió un término sociológico.
“Que te den” es sentarte en el patio del colegio sin compañía. “Que te den” es desear que pasen las horas tan rápido como sea posible. “Que te den” es abismarse del lugar físico para viajar a un mundo irreal, lleno de esperanzas, lleno de felicidad… lleno de justicia. “Que te den” es saber que eso, nunca será posible.
Amargo es este “que te den”. Todavía recuerdo las hojas de inscripción para solicitar la matrícula de la universidad tras finalizar el último curso del instituto. Sonrisa de palo, pupilas dilatadas, pelos de punta, proyectos que se iban haciendo cada vez más grandes. Un gran castillo se estaba levantado ¡y yo era su dueño! “Que te den” es la bola de demolición que destruyó mi castillo con una simple palabra onomatopéyica. “Que te den” es el hierro candente que me recuerda que nunca podré ser lo que quiera. “Que te den” me hizo saber que yo seré de esa clase de personas donde los privilegios son ajenos. “Que te den” es experimentar el mundo adulto a base de patadas.
Todavía recuerdo el “que te den” de mi novia. Como poder olvidarlo. Fue un “que te den” ligero, sin apelmazamientos, un “que te den” directo. Un doble “que te den” cuando supe que estaba con otra persona. Un “que te den” místico, un “que te den” clarividente. La realidad en la que yo vivía se desmoronó de pronto y apareció el “que te den” envuelto en un haz de luz diciendo: -chico esa mujer no te convenía.
“Que te den” es pensar que el tiempo pone a cada persona en su sitio. “Que te den” es ver con tus propios ojos como las personas que te han hecho mal triunfan en la vida mientras tú te vas hundiendo en un pozo cada vez más profundo. “Que te den” es que te llamen pesimista y te digan –chico tira para adelante.
“Que te den” es que llegue tu novia y te pida una amistad. “Que te den” es que tú la aceptes. “Que te den” es verla por la calle, que-te-dé un vuelco el corazón y ella ni siquiera se inmute. “Que te den” es reconocer que has sido olvidado.
Las mujeres son buenas portadoras del “que te den”. Lo pueden decir con tanta facilidad que me parece hasta admirable. No tienen remordimientos, y cualquier esperanza mía en dejar un recuerdo es inconcebible. Un buen “que te den” es saber que estas palabras que yo escribo no les produzcan ningún efecto.
“Que te den” es independizarte y llevarte una patada. Vivir en una ciudad ajena, con un mal trabajo donde tu vida vale menos que la nada. Donde tu título como persona se resume en un “ahora te mando al chaval”. Un buen “que te den” es que esa situación no va a cambiar jamás.
“Que te den” es trabajar 10 horas todos los días. “Que te den” es ir en tu coche un viernes por la mañana a las 6 de la madrugada y ver a multitud de chavales, donde más de uno y más de dos tengan tu edad, venir de pasárselo bien. “Que te den” es llegar a casa y escuchar un silencio que hace que las paredes se hagan más pequeñas, y el blanco de la pintura se vuelva negro. “Que te den” es que te digan que “así se vive estupendamente”.
Comentarios
Si no lo tienes, me pregunto qué sentido tiene escribir algo que no se sabe aun muy bien cómo ni cuándo va acabar ni cuánto va a durar, y sobre todo.. cuántas veces vamos a tener que entrar para ver el final ... y poder apreciarlo en su conjunto.
Un saludo.
La segunda es más reflexiva y la tengo que pulir mucho, porque tratar de conceptos abstractos me cuesta muchísimo. Además reedito mucho lo que escribo, y no quiero sacarlo todo a la ligera.
Pero cuando termine esa parte la subiré tan pronto como sea posible. Esta primera parte es más introductoria.
Gracias por leerlo.
¡Un saludo!
¡Viva lo que leo en este segundo y en este espacio de existencia!
¡Viva lo que transmites y lo acertadamente que lo haces!
¡Viva la libertad del texto!
Muy bien, Vitooo.
Esperamos pues.;)