Dejó sobre el sillón su trajecito beige y su cartera sobre la mesa del comedor. Después, se quitó los lentes, le dio un beso como siempre, y le susurró al oído, en tono amenazador,− Hoy seré esa otra que reclamaste tantas veces.
Lo tomó de la mano, y lo condujo hasta la habitación.
Suavemente, procurando no rayar el piso, acercó una silla, lo invitó a tomar asiento y se fue hasta el baño con un bolso que extrajo del placard.
Mientras el reloj hacía tiempo en la pared, en el cuarto se oía el repiqueteo rítmico de sus dedos ansiosos perdiéndose entre las sombras que se esconden tras los muebles del dormitorio.
La puerta del baño se abrió por unos pocos segundos y antes de volver a cerrarse recortó con su luz la silueta de un sombrero que se perdió en la oscuridad. El sonido de unos tacos se alejó hasta perderse en otro ambiente de la casa, luego regresaron pero con un extraño tango de fondo que de a poco comenzaba a invadir las penumbras. Se encendió un pequeño velador y se tensaron unos cuantos músculos.
Vestida de arrabalera quitó con dos dedos el lazo que rodeaba su cuello, lo arrojó hacia un rincón y éste convertido en paloma huyó por la ventana que a medio abrir bostezaba en una de las paredes. Posó su pie sobre su rodilla y sonrió mientras notaba como generaba dolor con sus tacones e incontenibles ganas de tragar saliva en los ojos de su espectador.
Bajó su pierna a la vez que daba un giro contorneando las curvas que a diario sabía esconder bajo las telas de la monotonía y el recato.
Abriendo los brazos en cruz arrojando su sombrero contra la pared con una mano, y su vergüenza con la otra sobre la mesita.
Su rodete fue deshecho y el moño que lo abrazaba se estrelló contra el espejo cegándolo. Provocándole la amnesia necesaria que hace olvidar antiguos complejos estéticos.
Mientras bailaba como nunca lo había hecho, amalgamando los movimientos del tango con las sombras felinas que jugaban a sus pies, comenzó a aflojar sus breteles sin dejar de volar por la habitación. Finalmente quitó su vestido y lo lanzó hacia arriba. El techo por su parte le respondió regalando constelaciones que alumbrasen la cama como hace meses no ocurría.
Ella se despojó también de las largas medias de red, de sus temores, de su corpiño y de su pacata vida color té con leche.
Él miró a la mujer, su desnudez, su cuerpo urgente y le confesó − Está no sos vos, creo que ya no me atraés − y se recostó en la cama para poder, otra vez, intentar dormir sin soñar.
Comentarios
Después hay algunas pinceladas estéticas que me ecantan y por las cuales te felicito. Me gustó "el reloj que hacía tiempo en la pared" y también "la ventanta que a medio abrir bostezaba en una de las paredes".
Un buen relato. Colgué un par de textos míos, "Paz y amor" y "Resurreción" si quieres opinar sobre ellos me encantaría saber tu opinión, porque me gusta como escribes.
JNM: Me alegro que te guste. Será un placer leer y acptar sobre tus letras. Si no lo hago es porque no los encontré. De ser así mandame por acá el link.
Texas: Qué no daría uno por una vuelta sobre el lomo de unas piernas tangueras, no...? No creo que pase por maricón la cosa. Un amigo una vez me dijo hablando de una señorita que había estado con él. -Es hermosa, inteligente, simpática, adora el sexo.... - le pregunté por qué no la vio más, y éste me dijo..- Porque no me gusta, no me genera esa magia...
Su respuesta me hizo acordar a ¨Me importa un pito¨de Oliverio Girondo.
Gracias maestro.
Shaianti:Quién sabe...son cosas que le pasan a los monstruos que viven en las letras... o a los locos que viven en nuestros espejos.
GRACIAs!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Abrazo!!