El sabor de sus lágrimas
La besé. Sin importar el sabor salado de sus lágrimas, quise seguir sintiendo sus suaves labios y su lengua alborotada. La tomé con fuerza entre mis brazos para sentir como nuestros cuerpos se fundían. Me gustaba sentir su respiración agitada y como ésta variaba al mismo ritmo de mis besos y caricias. Yo era el director de la orquesta de sus sensaciones. Mis manos dirigían el son de sus suspiros, mientras mis labios provocaban en ella intensos gemidos. Pero yo no provocaba únicamente eso, sino también las lágrimas que me llevaron a besarla.
La encontré en su habitación, sentada junto a un insípido haz de luz solar que entraba por la ventana. Su rostro estaba recorrido por pequeños ríos de lágrimas, resaltando aun más sus rasgos tan hermosos. Se percató de mi presencia y al acercarme a ella volvió su rostro hacia una de las fotos que estaban regadas por su cama. Aunque apenas observé lo que la foto mostraba, noté que estaba cubierta de una fugaz llovizna esparcida por sus manos. Me coloqué en cuclillas a su lado y tomé sus manos entre las mías. Le pedí perdón, a lo que ella respondió con un apretón fuerte de una de mis manos y una mirada intensa. Sus ojos estaban más hermosos que nunca. Las lágrimas acumuladas en ellos los hacían brillar como el reflejo de las estrellas en la superficie de un lago. Recordé, entonces, el momento en que nos conocimos y nos dimos nuestro primer beso.
Sucedió justamente en el lago que sus ojos azules evocan en mi memoria. A la entrada del muelle, la encontré sentada sosteniendo entre sus manos un montón de papeles. Los iba arrugando uno por uno y los dejaba a un lado, donde el agua del lago se encargaba de llevarlos por siempre al olvido. Me senté a su lado, nuestras miradas se cruzaron y sentí como el tiempo a nuestro alrededor se detenía. Intenté consolarla. Mis palabras parecían haber sosegado su dolor por un momento y ella apoyó su cabeza sobre mi hombro. La abracé. Nuestros cuerpos cayeron sobre la arena. No cruzamos ni una sola palabra más. Nuestra comunicación se basó por unos minutos en sencillos apretones de mano y penetrantes abrazos. A medida que las nubes ocultaban las estrellas a lo alto, nuestros cuerpos adormilados sucumbieron al dolor y al cansancio.
Al empezar del nuevo día, despertamos abrazados. Ella me miró y yo hice lo mismo. Percibí en su mirada y en una ligera sonrisa que sus labios dibujaron un tono de sincero agradecimiento y de pequeña felicidad. Se acercó a mí y me besó. Sentí en el beso su gratitud y el agradable sabor salado de sus lágrimas secas.
Comentarios
Pues hoy tu has sido el director de las mias, las que he sentido al leer tus preciosas palabras, cuando me ha parecido sentir ese sabor salado de las lágrimas, cuando el tiempo se ha detenido al sumergirme en la historia...
felicidades!!!
Me ha gustado el estilo con que has escrito esta historia, plmp86, y los giros para que las lágrimas no se desintegren en la atmósfera del relato.
Hasta pronto.
Gracias angelita. Es un gran honor para mí haber sido el director de tus sensaciones. Me agrada saber mi relato te haya gustado.
Gracias Ariel. Sí, lo escribí desde el fondo de mi corazón, tratando de darle sentido a algo tan sublime como son las lágrimas.
Saludos