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Mi vida como película

plmp86plmp86 Pedro Abad s.XII
editado noviembre 2009 en Narrativa
MI VIDA COMO PELÍCULA

Me desperté desconcertado. Me sentía perdido. ¿Dónde estoy? Mis brazos no respondían a mis órdenes. Mis ojos apenas podían distinguir los colores. Otra vez no, me dije. Comencé a diferenciar las cosas y caí en cuenta de que estaba ahí de nuevo. A menudo, la fuerza de mis párpados era mayor a la de mi cuello y me transportaba al mundo de los sueños. Pero no cualquier tipo de sueños, sino esas fantasías horribles en los que nada tiene lógica, donde un primo lejano conoce a aquella muchacha que viste por única vez pasar por la calle desde la ventana de un hotel, y donde es común esa sensación de querer despertar y no poder, o no querer hacerlo.

Las hileras de libros, los anaqueles marrones y los rostros de hombres y mujeres me recordaron que la realidad es eso: la realidad; y que debía volver a ella. Una sensación similar a la que ocurre cuando uno recuerda que tenía que hacer algo, pero no lo logra traer flote ese algo. Eso me sucedía frecuentemente. Estando frente al televisor o al ordenador, recordaba ingratamente que no podía seguir viviendo otra vida, sino que debía regresar a la mía, a la que llaman verdadera.

Quisiera abrir los ojos y no ver nada. Distinguir apenas un telón oscuro que se agita levemente y una música incidental que aumenta de volumen poco a poco. Simultáneamente, descubrir que también estoy al otro lado del telón. Repasar un diálogo y componer mis movimientos en mi mente. Como espectador, observar la aparición inesperada de una serie de letras, mayúsculas y minúsculas, de color blanco y rojo alternadamente, que describen a los personajes de mi vida. Desde los productores hasta el director de mi vida. Súbitamente, como cuando el rollo de la película se traba en el proyector, mi personaje siente un pequeño temblor al mismo tiempo que el telón negro se abre y cae bruscamente sobre el suelo. Al levantarse se ve rodeado de individuos que no dejan de mirarlo fijamente, unos lo siguen con cámaras mientras otros no se percatan siquiera de su presencia. Dentro de sí, mi personaje conoce ya qué hacer, a dónde ir y qué decir. Todo está escrito en unas cuantas hojas plegadas y arrugadas que el director de mi vida estrecha con sus manos. No espera nada porque sabe cómo su historia terminará. Sabe que al término de su trajín encontrará una chica. La conocerá, la encontrará cada día más hermosa, se estremecerá con el olor de su cabello, sentirá la suavidad de su piel, discutirá con ella sobre banalidades, se reconciliará con ella después de un beso, le pedirá matrimonio, ella aceptará, tendrá una hija igual de bella que su madre, encontrarán un gato en la calle y lo criarán hasta su muerte, envejecerán juntos amándose al ritmo de un vals y, como colofón de su existencia, surgirán las últimas cinco letras bicolores de su vida de dos horas: EL FIN.

Comentarios

  • angel sin almaangel sin alma Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado noviembre 2009
    Cuantas veces he sentido esa misma sensación que tu describes tan bien.
    Me gusta la frase de "ser espectador de tu vida"...
    buen texto
    un saludo
  • provincianitaprovincianita Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2009
    qué idea más interesante, y sí, coincido con angel: ¡buen texto!

    saludos
  • plmp86plmp86 Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2009
    Muchas gracias por sus comentarios. Que placentero saber que les haya gustado mi primer texto. Me sirven para seguir mejorando jeje. He detectado algunos errores que corregiré para los próximos relatos.

    De nuevo, gracias.

    Saludos
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