Este es el primer relato que escribo.. continuaré con él a medida que el implacable tiempo me de un respiro. Espero que guste y confío en que si lo leeis, me deis vuestra más sabia y sincera opinión. Un saludo..
PD: Lo tengo que dividir en dos posts, por que no me deja escribir más de 10.000 caracteres. Disculpad las molestias.
Anakiam golpeó la estructura que soportaba el extenso mapa tridimensional donde en estos momentos estaba siendo marcada la ruta que debería tomar para cumplir con su nueva misión. La estación espacial abandonada de Lukapor, a no más de 1 día de viaje si conseguía solucionar los problemas técnicos que en estos momentos sufría su nave, la Spirit, a consecuencia de su último mandato.
- ¿Acaso han perdido el juicio en el Concilio? La Spirit no es ninguna nave de reconocimiento, no está preparada para ello y menos ahora, después de que los propulsores principales se encuentren estropeados a causa de mi última misión, que sino recuerdo mal, me fue asignada por el Concilio.. ¿Quién va a pagar los desperfectos Anabel?.-
Una voz suave aunque autoritaria surgió a través de una pantalla desde donde parecía, les habían sido transmitido las ordenes a Anakiam.
- El Concilio estima que la posición de tu nave es perfecta para acercarte y reconocer el terreno de la estación. Además, la Spirit es la única nave en varias distancias a la redonda que dispone de la tecnología de infiltración necesaria para llevar a cabo la misión. Son las órdenes.
- No me hables de infiltración, el Manto Blanco jamás ha sido probado en mi nave desde que fue instalado, por no hablar de que no sabemos que podemos encontrarnos allí. Es posible que los Cáragan hayan tomado la estación, que la hayan hecho suya y no encontremos allí más que la muerte.
- Ese es precisamente uno de los motivos por los que el Concilio envía una nave de reconocimiento. Vuestra misión es reconocer el terreno, con el Manto Blanco podréis acercaros sin ningún problema. Una vez que os hayáis acercado lo suficiente, deberéis atracar la nave en uno de los puertos que aún conserva la estación, y realizar una inspección a fondo de la misma. ¿Aún sigue Kam a los mandos de vuestro pájaro?.-
Anakiam no hizo caso a la última pregunta que le había dicho aquella voz a través de la pantalla, estaba demasiado absorto en sus propios pensamientos como para poder seguir con aquella conversación. Sabía que no tenía otra elección, debería ir allí y jugarse el tipo para reconocer el terreno. Todos las naves expedidas por el Concilio tenían la obligación de atender la llamada de éste en caso de necesidad, y la Spirit no era una excepción. Anakiam lo sabía, discutir con Anabel a través de la pantalla era una batalla perdida de ante mano, a no ser claro, que quisiera convertirse en un proscrito. Ya había oído historias de naves que habían desobedecido las órdenes del Concilio, y las consecuencias no eran nada agradables.
- .. Anakiam, ¿me recibes?.. ¿Sigue Kam a los mandos de la Spirit?
- Kam es mi suboficial más experimentado, ¿cómo demonios no iba a estarlo? Lo sabes de sobra.
- Bien, pues entonces no creo que tengas ningún problema en atravesar el cerco y colarte en la estación.
- Un momento, ¿qué cerco?.. ¿Acaso la estación está protegida?
- Es solo una suposición del Concilio, se cree que las huestes Cáragan se han establecido en los alrededores de Lukapor estableciendo allí posiciones defensivas... Aunque es solo una suposición.
- Una suposición... ya.- dijo malhumorado Anakiam. El Concilio siempre sabía más de lo que parecía. La certeza de saber si la estación estaba protegida o no era una información demasiado valiosa como para ser divulgada entre la flota. Al fin y al cabo, si el Concilio ya sabía que los Cáragan se habían establecido allí, por qué enviaban una nave de reconocimiento en lugar de un batallón acorazado.
Anakiam levantó la vista y miró a la pantalla desde donde salía la voz.
- Recuerda Anakiam, deberéis entrar en la estación y recabar toda la información que podáis conseguir: Estado de las instalaciones, su inventario, si es que queda algo, y las posibles.. digamos, amenazas, de los alrededores. ¿Has entendido las órdenes?
- Sí Anabel sí, las he entendido perfectamente.
- Bien, el Concilio espera resultados lo antes posible. Seguiremos en contacto.- el piloto verde que indicaba el estado de las comunicaciones se apagó, como también lo hizo la voz de Anabel.
Anakiam seguía mirando aquel punto rojo que parpadeaba en el mapa tridimensional de la Spirit, la estación de Lukapor.. pero qué estaría tramando el Concilio. Apretó el botón que comunicaba con los transmisores de cada uno de los oficiales de su tripulación y comenzó a hablar.
- Hemos recibido una transmisión del Concilio. Reunión urgente en el puente en quince minutos.
- ¿A Lukapor?.- preguntó de forma sorprendida Kam, el suboficial y piloto de la Spirit.- Nadie ha entrado allí desde hace varias eras. ¿Es que acaso el Concilio se ha vuelto loco?
- Delirios a parte del Concilio, son nuestras órdenes y debemos cumplirlas, a no ser claro que queráis que la Spirit se convierta en objetivo de los Perquisitores.-
Todos los allí presentes habían oído hablar de los Perquisitores, de cómo daban caza a los proscritos que desobedecían las órdenes del Concilio, y de su extremo sigilo y eficiencia. Eran como fantasmas, nadie de los allí presentes había conocido nunca a ninguno, pero su reputación les precedía. Anakiam observó las reacciones de los allí reunidos al mentar a aquellos fantasmas y se recostó contra su asiento con gesto preocupado. Nadie habló.
- Con todo respeto al Concilio, el atomizador de iones de la Spirit está estropeado, hay que regresar a la estación más cercana para repararlo. De no hacerlo, la nave no podría ir a más del 50 o 60 por ciento de su capacidad, por no hablar de que los motores podrían fallar en cualquier momento y podríamos correr el peligro de ser asaltados por los Cáragan sin capacidad de defendernos.- comentó Kam, después de un tenso silencio.
- Ya sé que el atomizador de iones está estropeado, y sé las consecuencias que ello acarrea, el Concilio también lo sabe y aún así ha dispuesto nuestra nave para esta misión. Usaremos los motores de propulsión al 50 por ciento, una vez que hayamos llegado a una distancia prudencial, el Manto Blanco nos proporcionará el sigilo que necesitamos para poder acercarnos a la estación sin ser vistos.- contestó Anakiam
- ¿El Manto Blanco? Eso obligará a desviar energía de los motores al casco, por lo que no podremos ir a más del 20 por ciento de capacidad. Es una autentica locura. Si somos atacados no tendremos capacidad para reaccionar, quedaremos a merced de los Cárag..
- No vamos a ser atacados, ni si quiera vamos a ser vistos. Llegaremos, reconoceremos el terreno y nos iremos. Ya lo hemos hecho otras veces y volveremos a hacerlo.- dijo rápidamente Anakiam antes de que otro de sus oficiales terminara lo que estaba diciendo. Era algo que no podía asegurar, pero en lo más profundo de su interior deseó que lo que había asegurado se cumpliera. Ser asaltado por los Cáragan supondría la más horrible de las muertes. Su crueldad era famosa en toda la galaxia. Anakiam los miró a todos y continuó hablando.
- Eso es todo, disponéos en vuestros puestos. Kam pondrá rumbo a Lukapor y se asegurará de que no seamos vistos ni oídos mientras viajamos hasta allí.- Todo el mundo se levantó de sus asientos y empezó a salir del puente. Anakiam cogió suavemente del brazo a Kam y se acercó a su oído. – Cuento contigo.
Habían transcurrido 3 jornadas de viaje rumbo a Lukapor. La preocupación iba creciendo en Anakiam a medida que la distancia con la estación era menor. Kam le mantenía en todo momento al corriente de los pormenores del viaje en el que no había ocurrido ningún accidente de gravedad.
- Anakiam, aquí Kam. Debes venir a ver esto.- espetó el comunicador del puente. Anakiam se pasaba allí la mayor parte del tiempo, intentando trazar el plan que seguirían una vez hubieran atracado en la estación, si atracaban claro. Hizo un ligero aspaviento con la cabeza, intentando hacer que aquellos pensamientos se esfumaran de su mente y se dirigió a la cabina de control de la Spirit. Había captado el tono de tensión en la voz de Kam.
Anakiam llegó a la cabina y se sentó junto a su piloto y amigo.
- ¿Qué demonios ocurre?.- le espetó a éste.
- Compruébalo por ti mismo.
Anakiam alzó la vista en dirección a la inmensidad del espacio, y allí estaba. La estación de Lukapor, medio derruida y con muy mal aspecto.
- A simple vista parece una estación fantasma, no hay ni rastro de presencia Cáragan, ni de ninguna otra nave o estación que pudiera suponernos ningún problema. No puede ser tan fácil.. Mmm.- dijo pensativo Kam.
- En cualquier caso, no nos arriesgaremos. Activaremos el Manto Blanco.
Continua en el siguiente post...
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- Protocolo de activación del Manto Blanco. Activad energía primaria del atomizador de iones, potencia 60 por ciento.- La nave se sacudió ligeramente mientras los motores de energía intentaban satisfacer las necesidades del capitán. Anakiam sabía que eso supondría una fuerte sobrecarga en el sistema, pero debía de obtener la energía suficiente para activar las partículas fotodispersoras que se extendían por todo el casco de la nave. Un indicador luminoso fue creciendo en el panel de control que tenía enfrente hasta llegar al 60 por ciento. Kam lo miró preocupado. Anakiam, tenía un nudo en la garganta. Todo podía fallar y no tendrían modo de volver a casa. – Desviad energía necesaria al casco.- Otro indicador confirmó las órdenes de Anakiam. “Vamos bien” pensó. Colocó el dedo en el pulsador que debía activar la alimentación de la energía de las partículas fotodispersoras. Si todo iba bien, la nave desaparecería de la vista de cuantos estuvieran mirando.
– Cuenta atrás para la activación del Manto Blanco. 3, 2, 1..- pulsó el botón y esperó.
Kam sostenía con tensión los mandos de la nave, y con gestos de preocupación miraba el cuadro de mandos que debía confirmar que el Manto Blanco estaba activado. Anakiam a su lado, había pulsado el botón de activación hacía un momento, pero a él le estaban pareciendo años. Al cabo de unos instantes, el indicador que representaba a la nave en el cuadro de mandos cambió de color, ahora era azul. Las luces se apagaron en la cabina y en su lugar se encendieron unas tenues luces de color azul oscuro para completar el camuflaje de la nave. El Manto Blanco estaba activado. Anakiam se recostó sobre el asiento lanzando un pequeño suspiro, y miró a Kam, el cual estaba ya mucho más relajado y miraba al horizonte con la vista puesta en Lukapor.
– Kam, llévanos al interior de esa condenada estación.