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Viaje al infierno

AzothAzoth Pedro Abad s.XII
editado agosto 2009 en Terror
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Viaje al infierno
Capítulo 1
La vieja carretera N92. Kilómetros y kilómetros llenos de… nada. Ni árboles, ni montañas… absolutamente nada, solo tierra. Lo único que se puede encontrar en ese fantasmagórico desierto es un bar de carretera conocido como “Inferno”. En dicho bar, solo entran camioneros, fulanas y una banda de motoristas llamada “los Blackers”.

Aquí es donde entra nuestro protagonista, Kevin Bewick. Kevin es miembro de los Blackers, nunca se despega de su moto, una Harley Davidson Fat Boy, y siempre lleva la misma indumentaria: Botas negras, vaqueros negros, camiseta blanca con las mangas arrancadas y la chupa de la banda (una chaqueta de cuero con la insignia de los Blackers en la espalda, una calavera con una bandana negra en la frente), sin olvidarme de sus grandes gafas de Sol y sus guantes de cuero sin dedos. Kevin tiene 31 años, el pelo no muy corto y castaño, al estilo de los `80. Es bastante corpulento, y no por que se pase las horas en el gimnasio, simplemente tiene un trabajo que implica mucho esfuerzo físico.
Y allí se encontraba él, conduciendo su maravillosa moto por la vieja carretera. Había quedado con su banda en Inferno, llegaba un par de horas tarde, aunque eso a él no le importaba, “que me esperen los muy cerdos” pensaba. Cada vez que Kevin va sentado en su moto, siente como la adrenalina recorre su cuerpo, y esta vez no era una excepción. Adora tanto a su moto que una vez mandó a otros tres moteros al hospital por una pequeña disputa sobre quién tenía la mejor Harley, pero eso es otra historia.

Nuestro motero llegó a Inferno. El bar se distingue por su peculiar acabado, todo de madera, ventanas grandes, un letrero gigantesco sobre la fachada donde se aprecian las palabras “Darius Joe, bar Inferno”, la última palabra en grande. En lugar de tener faros, los exteriores del bar se iluminan con largas antorchas clavadas en el suelo.
Kevin llegó a Inferno, aparcando su adorada Harley entre las otras motos, justo a la derecha de los grandes camiones cisterna.
-Tranquila.-Le dijo Kevin a su moto mientras la acariciaba.-Solo serán unas horas, luego volveré.
El motorista atravesó las puertas de Inferno, contemplando el bar en todo su esplendor. Después de estar unos segundos estancado en la puerta, notó que le hacían señales con el brazo, era su banda. Kevin se acercó a ellos y empezó a estrechar la mano con todos, luego se acercó a la barra a pedir una cerveza.
-¡Joe!...¡Eh, Joe!
-¡Joder, si es Bewick! ¡¿Qué se te ofrece?!-Darius Joe, el dueño del local, era también el barman.
-¡Mierda Joe, te he dicho cientos de veces que no me llames así! ¡Soy Kevin!
Norma número dos del Inferno, si quieres que te oigan, grita. En el bar siempre hay el suficiente jaleo para que te obliguen a levantar la voz.
-¡A la mierda Joe! ¡Dame una birra!
-¡Y una mierda! ¡Este sitio no es una birria!-Pobre Joe, la edad hizo mella en sus oídos, y el ruido y la música no ayudaban mucho.
-¡Joder! ¡¡Que me des una jodida birra!!
-¡Aaaaa! ¡Haber empezado por ahí!-Joe fue a por una cerveza.
De mientras Kevin se volvió a acercar a los chicos.
-¡Hey colegas! ¡¿Dónde están Mike y Jack?!
-¡Se han picado con no sequé y dijeron que lo resolverían con una partida de billar!-Le contestó uno de los Blackers.
-¡Esta bien, voy a verlos!-Gritó Kevin a carcajadas.
Por el camino, nuestro hombre chocó con una mujer que estaba borracha, tirándole a éste un cubata sin querer.
-¡Será zorra! ¡Me ha empapado entero!... ¡Ala, y ahora se pone a vomitar!
Kevin, cabreado, se fue a los aseos a limpiarse. Una vez dentro, se dirigió a los lavabos, y al no ver un pequeño charco de agua que había en el suelo, se resbaló, impactando su cabeza contra el suelo y quedándose inconsciente.

Pasaron horas hasta que se despertara. Al fin, Kevin abrió los ojos, y de un fuerte impulso se levantó, cosa que provocó en él un pequeño mareo.
-Joder, ¿Qué mierda ha pasado?-Se tocó la cabeza y se dio cuenta que tenía una pequeña herida.-¿Cuánto tiempo habré estado inconsciente?... Mierda, se me ha quedado impregnado el olor a whiskey.
Salió del aseo y se encontró con el bar completamente vacío.
-¿Pero que coño…?.-Dijo Kevin dando unos pasos hacia la barra.-¡Joe! ¡Jooooe!-Joe no contestaba.-¿Donde mierda se ha metido la gente?
Kevin notó un fuerte olor.
-¿Qué es este olor?... y no he sido yo. ¡Joe! ¡Deja de hacer lo que estés haciendo y ven a traerme una puta cerveza! ¡Por cierto Joe, haber si limpiamos esto un poquito, que huele que alimenta!
Pero Joe no aparecía. Nuestro protagonista se fijó que el interior del bar estaba más desordenado de lo normal, y el olor era cada vez mas fuerte. De repente, unos fuertes golpes le alertaron, y justo cuando se levantó para inspeccionar la procedencia de dichos golpes, apareció Joe de detrás de la barra, muy despacio.
-Coño Joe, llevo un rato llamándote.-Dijo alegremente Kevin.- ¿Por qué se ha ido todo el mundo? ¿Y esta peste? Creo que has descuidado demasiado el Inferno tío.
Joe se abalanzó hacia Kevin, extendiendo sus brazos y soltando un grito fantasmagórico. Kevin, de puro instinto, lo agarró y lo lanzó hacia el centro del local, sacándolo obviamente de la barra.
-¿Qué coño haces? Me has dado un susto de muerte, siento haberte lanzado de esa manera.-Se disculpó Kevin, acercándose a Joe para ayudar a levantarlo.
Pero antes de que le estrechara la mano para impulsar a Joe, vio que el viejo estaba algo cambiado… demasiado cambiado. El rostro de Joe asustaba, le faltaba un gran trozo de la mandíbula y la oreja derecha, aparte de que sus pupilas eran grises.
-Coño, ¿Qué demonios te ha pasado Joe?
El viejo se levantó lentamente a la vez que Kevin se separaba de él a la misma velocidad.
-Un momento Joe, para, no te acerques.-Raras veces se puede ver a Kevin Bewick asustado.
Joe, una vez en pie, empezó a acercarse a Kevin arrastrando ligeramente la pierna izquierda, con su escalofriante grito fantasmagórico.
-Joe, te hablo en serio, como sigas acercándote te estampo una silla en la cara.
El pálido y desfigurado rostro de Joe mostraba indiferencia ante las palabras de Kevin, así que éste agarró una silla del bar y como bien dijo, se la estampó en la cara. El fuerte impacto abrió literalmente la cabeza de Joe, esparciendo su cerebro por todo el suelo.
[FONT=&quot]Los fuertes golpes se volvieron a oír, y Kevin se acercó a donde provenían. Al lado de la barra había una puerta cerrada a cal y canto, y del otro lado de la puerta se oían susurrantes voces, y de vez en cuando golpeaban la puerta.[/FONT]

Comentarios

  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2009
    -¡Hey!-Kevin golpeó también la puerta.-¿Quién hay ahí? Esto debe ser la despensa.
    Se separó unos centímetros y se quedó quieto, parecía que fuese quien fuese el que estuviera al otro lado de la puerta, cesó de golpearla. De pronto, un brazo en estado de descomposición atravesó la puerta creando un agujero en ella, y se agarró a la camiseta de Kevin.
    -¡Me cago en Dios!-No se lo creía, era como estar en una pesadilla.
    Cogió el brazo que le tenía agarrado y lo arrancó sin esfuerzo, tirándolo al suelo posteriormente. Los golpeas en la puerta volvieron a empezar, y esta vez mas fuertes, así que Kevin optó por poner una de las mesas del bar para hacer palanca. No sabía lo que había en el otro lado, pero tampoco se moría de curiosidad, prefirió no saberlo.
    Se separó de la puerta andando hacia atrás hasta que se tropezó con el cuerpo caído de Joe, y al caer intentó apoyarse con las manos al suelo; pero al hacerlo se resbaló con los pedacitos de sesos y la sangre que esparció antes.
    -¡Mierda! ¡Joder! ¡Lo que faltaba! ¡Otra vez sucio!
    Al levantarse, se restregó las manos en el pantalón y se encaminó a la salida del bar. Al salir, vio algo que le hizo pararse al instante, con la mano aun pegada en el pomo de la puerta… decenas de personas de dudosa confianza que se encontraban a unos quince metros de distancia. Todos estaban echándole el ojo, y ninguno traía buenas intenciones.
    -Ahí va la ostia…-Típica frase de Kevin cuando se sorprende.
    En ese corto pero intenso momento, pudo reconocer a aquellas personas, eran ni mas ni menos que la clientela que había dentro hace unas horas, aunque estaban algo cambiados ¿qué digo? muy cambiados. Algunos tenían miembros amputados y a otros les faltaban trozos de la cabeza, pero todos estaban pálidos y manchados de sangre.
    -¿Pero esto qué es? ¿Un puto sueño?
    Tan pronto como aquellos seres empezaron a acercarse a Kevin, él se metió otra vez al bar con un fuerte portazo y cogiendo un palo de billar para defenderse. Cerrar la puerta no sirvió de nada, aquella extraña gente iba entrando rompiendo las ventanas.
    -¿Y ahora que hago?-Se preguntó a sí mismo Kevin, echando un vistazo desesperadamente por todo el bar, quedándose con la puerta que bloqueó hace apenas unos instantes.-A la mierda, que pase lo que tenga que pasar, pero esos hijos de puta no van a pillarme.
    Quitó la mesa que hacía palanca y de una fuerte patada echó la puerta abajo. Entró y se encontró con el que le agarró con el brazo antes. Sin pensárselo dos veces le metió el palo de billar por la boca hasta atravesarle la cabeza. Aquel desconocido cayó lentamente mientras se soltaba del palo de billar, haciendo gargajos con la sangre de la garganta. Una vez en el suelo, comenzó a patalear, y Kevin puso fin a eso incrustándole de nuevo el palo, esta vez directo al cerebro, volviendo a ensuciar la estancia con los sesos repartidos por toda la pequeña despensa.
    -Ala, que asquerosidad.-Soltó Kevin con desprecio.-¡Mierda, ya están aquí!
    El motorista vio unas escaleras de mano que subían al tejado del Inferno y no dudó en subirlas. Al hacerlo, tiró de una patada las escaleras al suelo, justo cuando sus perseguidores entraron a la despensa.
    -¡Siiii!-Gritó eufóricamente.-¡Jodeos desgraciados! ¡Ninguno de vosotros, infectos mal nacidos, va a alcanzarme!
    Kevin se puso de pies y dio unos pasos en dirección a la fachada, dejó caer el palo de billar al suelo, luego se sentó y se puso a hablar solo.
    -¿Cómo ha empezado todo esto? No me puedo creer que haya matado a Joe.-Después empezó a recapacitar.-Un momento. No…no puede ser… ¿Pero y si lo fuera? ¿Y si fuera cierto? Podría ser como en las pelis, esa gente podría estar ya muerta. ¡Oh mierda, son zombies!-Se echó las manos a la cabeza, olvidándose de que aun estaban un poco impregnadas de sangre.-Joder, manchado otra vez, ahora huelo peor. La gente debe saber lo que acaba de ocurrir, debo salir de aquí.
    Kevin se levantó y dirigió su mirada a su querida moto. “Ahora que esos apestosos zombies están entretenidos intentando subir inútilmente al tejado, es mi oportunidad para escapar” pensó descabelladamente. Se asomó al borde del tejado y empezó a bajar lentamente, agarrándose al saliente.
    -Venga, a la de tres salto. Una… Dos… Dos y medio… Dos y tres cuartos…-Extrañamente, Kevin puede ser en ocasiones un cagado.- …¡y tres!
    Soltó las manos y el mamporro que se dio fue bueno. Después de quejarse un poco de la reciente caída, se levantó y montó en su Harley.
    -¡Que os zurzan a todos!-Arrancó la moto y se largó de aquel lugar.

    Hacía horas que el Sol ya cayó, desde su posición, manejando la moto, no veía nada en el horizonte. “Todos muertos” volvió a pensar Kevin, “todos estaban muertos”.
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2009
    Viaje al infierno
    Capítulo 2
    La noche empezó a reinar, y aun estando lejos del Inferno y de cualquier otra parte, Kevin seguía oyendo los agonizantes alaridos de los zombies. Innumerables flashbacks inundaban su mente.
    Un acontecimiento hizo al Blacker detener su moto, al parecer, la carretera estaba cerrada por obras.
    -¿Aquí? ¿En mitad de este estúpido desierto? Hay que joderse.
    La carretera estaba levantada en adelante, así que tomó un desvío provisional, por mitad de la tierra, girando casi noventa grados a la derecha, ya que el pueblo mas próximo se encontraba en esa dirección.
    -Mierda, espero no perderme.-Que optimista fue Kevin.
    Al cabo de un rato, Kevin notó que la moto empezó a fallar, hasta que se percató bien del percance.
    -¡No1 ¡La gasolina!-Cuando la moto paró del todo, tardó poco en bajarse de ella y sin soltar las manos de los manillares, seguir el camino empujándola.-Pues no pienso abandonarte aquí, antes muerto que olvidarte en mitad de la nada.

    Pasaron unos pocos kilómetros mas de camino hasta que Kevin encontrara el pueblo, solo que no era el que él pensaba.
    -¿Ronwerick town?-Dijo extrañado al leer el letrero de bienvenida de dicho pueblo.-Esto no debería ser Ronwerick, de hecho nunca había oído hablar de este pueblo. En fin, ya que estoy aquí, buscaré alguna gasolinera.
    Kevin siguió empujando su moto sin alejar mucho la vista del suelo hasta encontrar una, a unos pocos metros de la entrada del pueblo. La dejó al lado de uno de los depósitos y se adentró en la tienda de la gasolinera. Estando dentro, cogió una bolsa de patatas de una estantería y se dirigió al mostrador.
    -¡Ey!-Gritó intentando llamar la atención del dependiente, ya que no lo veía.-¡Una bolsa pequeña de patatas y quince dólares de gasolina!-Siguió sin ver al dependiente, por lo que optó curiosear la gasolinera para encontrarlo.
    -¡Ey! ¡Tengo prisa!... Jodido negligente… ¡Te estoy diciendo que no tengo mucho tiempo!- Encontró una puerta y decidió mirar si ahí estaría el dependiente.
    Agarró el pomo muy despacio y con suavidad, lo giró con la misma delicadeza y abrió un poco la puerta, lo suficiente para ver que a un metro de distancia se encontraba el dependiente… comiéndose vivo a un cliente. La víctima, tirada en el suelo, sin fuerzas para hablar, miró a los ojos a Kevin, gastando sus últimas fuerzas en estirar el brazo para llegar a él; pero éste optó por quedarse quieto, inmóvil, al ver que el zombie no se había percatado de su presencia. “Vaya, he gritado y no me ha oído” pensó, “siento lo del hombre, pero está acabado, no voy a arriesgar mi vida por un fiambre”. El dependiente había abierto literalmente a su víctima, milagrosamente aun moribunda, y le estaba hurgando dentro del cuerpo, cogiendo y comiéndose sus órganos. Al final la víctima dejó de respirar. Kevin siguió sin moverse, observando como el zombie hincaba los dientes a los intestinos con desesperación, como si tuviese muy hambriento, llenándose de sangre los brazos y prácticamente toda la cara. Con solo unos mordiscos, el no muerto dejó caer los intestinos, como si los despreciara, y se interesó por la cabeza de su víctima, agarrándola con furia por las orejas, y abriendo la boca se acercó con intenciones de dar un mordisco en la frente. Justo cuando los dientes se rozaron con la piel del cadáver, Kevin se apartó unos metros a vomitar, no lo aguantó mas, fue demasiado para él.
    -No…-Dijo mientras corría afuera de la gasolinera, hasta llegar al centro de la carretera que daba a la entrada del pueblo.-Noooo…-Y una vez en el centro, pudo observar toda la calle central, mirando coches volcados e incluso algunos en llamas, escaparates rotos, ventanas ensangrentadas… y todo bajo unas nubes oscuras que acompañaban a la fría noche.
    Kevin se arrodilló y contempló el desastroso cielo, dejando una mirada triste. Luego se echó la mano derecha a la cara y se empezó a reír a carcajadas.
    -¡Jajajajajajaja! ¡Claro! ¡Todo esto es un sueño! ¡Jajajajajajajaja! ¡Un maldito sueño! ¡Jajajajaja!-La risa era desconcertante.
    En un repentino cambio de humor, se puso serio y lanzó un fuerte puñetazo al suelo, dejándole la mano izquierda echa trizas.
    “¿Cómo es posible que en tan poco tiempo haya ocurrido todo esto?” lógicamente no tenía respuestas, así que no las buscó. Se levantó y volvió a por su moto, intentando llenar el depósito, pero se dio cuenta de que la gasolinera estaba vacía.
    -¡¿Qué?! ¡¿Una gasolinera sin gasolina?! ¡Puta mierda!-Dijo con furia.-Lo siento nena, volveré en unos minutos.-Se despidió de la Harley y se dirigió a la calle principal del pueblo.
    Estaba dispuesto a recorrerse la calle entera solo por conseguir alguna forma de salir del pueblo. Empezó a andar, mirando a su alrededor, viendo solo caos y destrucción, escuchando alaridos, chillidos y gruñidos suaves de algunas de las tiendas de la calle principal. Kevin estaba indefenso de cualquier ataque, por lo que procuró ser lo mas sigiloso posible, intentando controlar los nervios en todo momento, y aunque quería mantener la vista al frente, no dejaba de fijarse en los sangrientos detalles de su alrededor.
    Llegó a un tramo donde parecía que hubo un accidente, cuatro vehículos en llamas bloqueando la calle y un autobús en medio, de tal forma que cada salida del autobús daba a una punta opuesta del accidente. El único camino disponible para seguir era cruzando dicho autobús. Kevin tuvo que abrir las puertas traseras manualmente y al entrar notó un olor muy fuerte, quizá fuese de la putrefacción e los cadáveres, pues habían unos cuantos repartidos por las sillas y el suelo del autobús. Andaba con cuidado, tapándose la nariz con la mano y esquivando algunos miembros amputados. Apenas podía agarrase a los barrotes de seguridad por la cantidad de sangre que había en ellos, y la porquería del suelo le hacía resbalar levemente. Yendo por la mitad del autobús escuchó un fuerte sonido procedente de atrás, de apenas unos metros, por lo que se quedó inmóvil, los nervios le invadieron en apenas unos segundos. Giró su cabeza y vio un cadáver mas en el suelo, al parecer se cayó de la silla, por lo visto le habían devorado las piernas. Kevin siguió caminando, y sin saberlo, el cadáver sin piernas empezó a arrastrarse hacia él. Al llegar a la parte delantera intentó abrir la puerta, pero parecía estar bloqueada, como alternativa empezó a buscar en el asiento del conductor, que estaba vacío, por si encontraba algún botón o mecanismo que la hiciera abrir, y de mientras, el zombie seguía arrastrándose sin descanso.
    -No encuentro nada.-Dijo Kevin angustiado, metiéndose cada vez mas en el asiento.-Igual si toco todos los botones…
    El zombie llegó a él y le atrapó la pierna, con afán de morderle.
    -¿Pero que…?-Se asomó para ver que era lo que sentía en la pierna y vio al zombie que le tenía agarrado.-¡Joder, aparta! ¡Fuera!
    Kevin zarandeaba la pierna pero el zombie no se despegaba de él. Poco a poco se acercó al lateral derecho del autobús y lo estampó contra la pared.
    -¡Que te quites! ¡Aparta!-Cada vez gritaba mas alto.-¡¡¡A la mierda!!!
    Kevin levantó la otra pierna y le aplastó la cabeza contra el suelo, reventándosela con facilidad, manchándose la suela más, con trocitos de carne y sesos, salpicándole bastante los pantalones.
    -¡Si joder! ¡Esto te enseñará a no tocarme los huevos!
    Los constantes gritos de Kevin alertaron a una horda de zombies hacia el autobús. El Blacker se asomó por una de las ventanas y contempló a decenas de no muertos acercándose al autobús por todas direcciones.
    -No… esto se pone cada vez mas interesante.-Dijo dirigiéndose a la puerta trasera.
    La cerró y se dirigió de nuevo a la parte delantera, sin dejar la vista en la puerta que acababa de cerrar.
    “La abrirán… debería utilizar los cadáveres para bloquearla, pero cualquiera toca uno” pensaba con miedo. Un grupo de zombies alcanzó la puerta delantera, pero no podían abrirla. Otro puñado mas se subió a los coches volcados para llegar a las ventanas, y un último grupo abrió la puerta trasera, peleándose por entrar.
    -Joder, estoy atrapado.-Habló para sí mismo Kevin, angustiado por la situación, aparentemente sin salida.
    Los zombies le rodearon con facilidad, y los que entraron por la puerta trasera ya estaban a punto de alcanzarle. Éste optó por salir por una de las ventanas y subirse al techo del autobús.
    -Ahí va la ostia…
    Al ponerse de pie arriba del autobús, vio como los zombies pasaron de ser decenas a ser centenas, inundando la calle, sin dejarle una vía de escape. Si bajase del techo, los no muertos le devorarían. Miró a su alrededor y solo hallaba muerte, pero ninguna salida.
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2009
    Viaje al infierno
    Capítulo 3
    Atrapado encima del autobús, exaltado y aterrado con la idea de no poder salir vivo. Los gritos fantasmagóricos de los no muertos le ponían aun mas nervioso, que seguía sin encontrar una salida. A pesar de los gritos se podía apreciar el incesante ruido que hacían los zombies al intentar subir al techo, golpeando sin cesar las paredes del autobús. La imagen que tenía Kevin sobre esa escena era impresionante a la vez que espeluznante, cientos de brazos levantados por toda la calle creando una ola de carne putrefacta.
    -¡No me cogeréis!-Gritó Kevin a los zombies.-¡No podéis alcanzarme! ¡Yo estoy arriba y vosotros abajo!-Decía señalando a sus amigos los no muertos.
    Entonces, unas sombras en movimiento se le aparecieron en el oscuro cielo.
    -¿Qué…?-Levantó la mirada.-¿Son… cuervos? Parecen mas grandes.
    Aquellas sombras empezaron a bajar en círculos. Kevin, al tener la mirada al cielo, se fijó en el cable de la luz que se pasea de edificio en edificio, por lo que pensó que igual podría llegar a alguna parte si se colgaba de él. Dio un salto y se agarró con las dos manos, la cubierta de plástico impedía que se electrocutara. Con un fuerte impulso alzó sus piernas para engancharse con ellas, pero el esfuerzo fue inútil.
    -¡Joder! ¡Cada vez están mas cerca! ¡Vamos Kevin, tu puedes!-Intentó darse ánimos, pues aquellas aves estaban acercándose.
    Volvió a impulsarse, y otra vez falló, no conseguía alzar sus piernas lo suficiente. Las aves le alcanzaron y le hicieron caer, aterrizando en el techo del autobús.
    -¡No! ¡Dejadme en paz!-Intentaba quitárselas de encima moviendo los brazos de un lado a otro.-¡Alejaos de mí! ¡Desgraciados mal nacidos!
    Se tumbó en el techo y empezó a rodar para quitarse a los pájaros que conseguían agarrarse a su ropa. En un pequeño descuido de las aves, Kevin se levantó y corrió hacia el cable, dando un gran salto con carrerilla y balanceándose hasta agarrarse con las manos y los pies.
    -¡Yijaaaaaa!-Un grito eufórico salió de su boca, sin descuidarse de los pájaros.
    Se cubrió la cabeza y se movió velozmente hasta uno de los extremos, llegando a un balcón. Saltó hasta el balcón y entró, luego lo cerró con rapidez, escuchando como las aves chocaban contra la puerta intentando alcanzarle.
    -Fiuuu… -Resoplaba con tranquilidad, creyó que iba a morir ahí fuera.
    Esa tranquilidad fue perturbada al pensar que si el balcón estaba abierto es porque aun había alguien dentro, y volvió a subir la guardia. El apartamento estaba oscuro y olía a carne en descomposición, nada agradable para el olfato. Al parecer se encontraba en el salón, ya que había un gran mueble con un televisor en el centro, un sofá, una mesa rectangular algo grande y con un mantel manchado de sangre y unas cuantas sillas tiradas por el suelo. Se acercó a la mesa y observó que la sangre estaba seca. Kevin volvió a preguntarse cuando ocurrió este holocausto, aunque cada vez le daba menos importancia, al fin y al cabo la respuesta no le ayudaría a escapar. Le dio al interruptor pero el salón no se encendió, por lo visto no había electricidad en el apartamento. Desde su posición vio una puerta entornada y el pasillo, tan oscuro que no podía distinguir nada mas. Optó por pasar por la puerta, no entraría al pasillo a ciegas. Al entrar se encontró con la cocina, a penas veía algo, la oscuridad reinaba en el apartamento. Tenía hambre, pero según se acercaba a la nevera, mas fuerte era el olor, hasta tal punto de tener nauseas.
    -Bufff, creo que no voy a abrir la nevera, a saber lo que me voy a encontrar.-Dijo en voz baja.
    Se fijó mas en la cocina y encontró unos cuchillos esparcidos por una pequeña mesa plegable en la pared. Se acercó y vio que todos los cuchillos también estaban manchados de sangre y al lado había un trozo de carne en un plato mugriento. El trozo de carne no tenía precisamente una pinta para chuparse los dedos. Kevin optó por coger un hacha de cocina, agarrándolo con la mano derecha, luego abrió los cajones del mueble de la cocina en busca de algo útil hasta encontrar un mechero de cocina, que milagrosamente funcionaba, aunque no quería fastidiar el momento y no lo malgastó con comprobaciones. Volvió al salón, andando con cuidado y sigilosamente, miró el pasillo, encendió el mechero, aguantándolo en alto con la mano izquierda y se precipitó. En el suelo del pasillo se apreciaba una tira de sangre que conducía a una de las tres puertas nuevas que podía ver, la única cerrada es a donde conducía la sangre. Como una mosca que se dirige hacia la luz, Kevin se vio obligado a entrar en dicha puerta, aun sabiendo el riesgo que había. Según fue caminando, se encontró con las otras dos puertas, que al estar abiertas pudo echar una ojeada rápida sin dejar de caminar. La primera parecía ser de una habitación algo pequeña y muy descuidada, la segunda era el aseo, que desprendía un olor casi tan fuerte como la nevera.
    Al fin llegó a la puerta cerrada, giró lentamente el pomo y la empezó a abrir. La puerta chirriaba y eso le incomodaba. Cuando estuvo medio abierta pasó adentro, mirando lo que había y se percató que era la habitación de matrimonio, con una cama y dos mesitas de noche, una en cada lado de la cama. Encima de ella se encontraba una pareja de ancianos muerta, los dos estaban abrazados, pasaron sus últimos momentos juntos. Él tenía gusanos por todo el cuerpo, especialmente en la cara y ella heridas de mordedura en el cuello.
    -Creo… creo que tengo que salir de aquí.-Dijo Kevin angustiado, no aguantaba estar un minuto mas en aquella estancia.
    Cada segundo que se encontraba en ese apartamento su corazón palpitaba a mas velocidad. Decidió irse de allí, salió otra vez al pasillo dando un portazo y se dirigió a la puerta que llevaba a las escaleras de la comunidad, y se sorprendió al encontrarse dicha puerta entornada.
    -Mierda.-Otra palabra mal sonante volvió a salir de sus labios.-Ahora si tengo que salir de aquí.
    Abrió del todo la puerta y llegó a las escaleras, escuchando un gran murmullo abajo. Se asomó por el hueco de éstas y vio subir un número incontable de zombies.
    -¿Es que acaso me podéis oler, pedazos de carne podrida?-Soltó molesto Kevin.
    Empezó a subir las escaleras, subiendo un par de pisos, hasta que observó otro grupo de zombies que venían del ático.
    -Bien, ¿y ahora que hago? ¿Me pego un tiro? A no, que no tengo pistola.-A veces es difícil pillar el humor de Kevin.
    Tanto los no muertos de arriba como los de abajo estaban a punto de alcanzarle.
    -Joder, no se me ocurre nada… venga Kevin, piensa algo, piensa, piensa por tu vida.-Sufría un momento muy angustioso.
    Se puso de espaldas a una puerta que daba a otro apartamento y decidió defenderse hasta morir.
    El grupo de abajo ya le alcanzó y Kevin empezó a atacarles a hachazos, mutilándoles. Los zombies le agarraban con fuerza e intentaban morderle, no tenía escapatoria, eran demasiados.
    -¡¿Esto es lo que queríais verdad?! ¡Pues os vais a tener que ganar la comida, miserables!
    Uno de los zombies se acercó demasiado, abriendo la boca a punto de morderle en la yugular, pero Kevin consiguió darle un hachazo en la boca, partiéndole la cabeza en dos. La sangre salía a presión, ensuciando por completo la cara a Kevin. La sangre no dejaba de salir y éste no podía ver nada, se quedó totalmente indefenso, a merced de los cuerpos sin alma, que ya no le dejaban espacio ni para patalear. Acorralado, con decenas de zombies en la escalera, Kevin no tuvo remedio que dejarse dominar. Los no muertos consiguieron agarrarle bien y estuvieron dispuestos a comerle definitivamente, y justo cuando uno de ellos iba a asestar el primer bocado, la puerta que se encontraba a espaldas de Kevin se abrió, saliendo de ella una mano que agarró la chaqueta del Blacker y estiró de ella, metiéndolo dentro de solo un estirón, luego se mostró el hombre que salvó a Kevin, llevaba una escopeta, gastó un tiro para alejar a los zombies y cerró la puerta echando el cerrojo.
    -Gracias.-Le agradeció al hombre por haberle ayudado.
    El hombre le dio un culetazo en la cara a Kevin, dejándolo en el suelo y luego le apuntó a la cabeza.
    -¡No te muevas!-Gritó nervioso el hombre.
    -Pero si yo…
    -¡He dicho que no te muevas!-Volvió a repetir el hombre.
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