Proyecto relato
La historia relata el descubrimiento de un planeta fuera del sistema solar llamado vain sima, a hora en el año 2078 el ser humano puede viajar a otros planetas de la galaxia. El ser humano no ha avanzado mucho, viviendo en ciudades tremendamente pobladas y con una gran tecnología para la guerra. Con la obsesión de seguir apropiándose de colonias en otros planetas. Grupo de científicos son los que se encargan en poblar el planeta con ayuda del ejército, la extraña atmosfera del planeta solo la hace habitable por mujeres y por una extraña y peligrosa raza que quiere acabar con la colonia en el planeta. El ejército contacta con un joven marine con excelente carrera para que colabore en el proyecto. El perdió a su novia en los últimos atentados en la ciudad, no tiene muchas cosas que vivir. El es convencido para que baya ayudar a la colonia, por eso tendrá de cambiar de sexo (en el futuro ya no se hacen complicadas operaciones con solo una eyección la transformación es perfecta, como muchas razas de animales que cambian de sexo). Viajara a la colonia donde comenzara la batalla por el planeta, allí conocerá a una joven informática de la que se enamorara y a otro soldado. Ese soldado es un sicótico que quiere vender la colonia a los monstruos. Viajo al planeta para no acabar en el siquiátrico y el cambiar de sexo le daba totalmente igual. El duro enfrentamiento contra los seres del planeta y contra su compañero. Ara que todo aquello le haga pensar si volver a la tierra ser un hombre o quedarse ser una mujer para siempre y quedarse con la mujer que ama.
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Eric respiro con fuerza para poder combatir la última batalla, a sus 28 años ya había visto tanto dolor entre cientos de charcos de sangre , desde que se alisto en los marines todos los días eran iguales. Desde hace unos años la defensa de las colonias de la tierra eran su única prioridad, cientos de marines perdían la vida en las guerras, nuestro joven amigo ya no tenía nada que perder ni en la tierra ni en los confines del espacio. Los soldados corrían por las trincheras disparando contra el primer blanco humano que se pusiera delante de ellos. Eric antes de saltar al campo de batalla miraba un pequeño colgante que tenía en su mano. Respiraba con fuerza mientras cientos de recuerdos pasaban por su mente. Los gritos de sus compañeros se fueron apagando en su mente al recordar a la mujer que un día pudo amar, al disparar con su fusil pudo ver otra vez los ojos verdes de aquella maravillosa mujer que marco su vida. Se atasco su arma quedándose totalmente inmóvil en la batalla, el joven esperaba su muerte inminente, sus ojos se cerraron lentamente para poder sentir el disparo que acabara con su vida. Sintió un gran golpe que le empujo contra el suelo, abrió los ojos pudiendo ver a uno de sus compañeros agarrándole fuertemente entre gritos:
-maldita sea, si has venido a suicidarte, hazlo en tu campo de maíz paleto, no quiero que por tu culpa muera alguien.
La última imagen que pudo ver fue en una tienda de campaña, sentado en su litera y entre sus manos tenia la foto que le había dado fuerza hasta hoy. Esos ojos verdes le desterraron fuera del campo de batalla. Respiro profundamente para salir al campamento, tenía que hablar con el sargento de lo que había sucedido, sinceramente lo que le pasara en las próximas horas no le importaba nada. Miraba a su alrededor solo podía ver como sus compañeros estaban bajos de moral o como algunos le miraban con asco por ser un renegado. Al entrar en la tienda de su sargento lo vio leyendo un dosier. Levanto su mirada pudiendo ver el rostro de su soldado:
-puedo, leer que perdió a alguien, en los atentados de 18 de febrero.
Eric enfadado contesto a su superior:
-perder, perder a alguien, Sara era mi novia y nos íbamos a casar.
Su sargento se lleno un vaso de whiskies, bebiéndoselo de un trago, pensando en la respuesta que le daría:
-Ágamos una cosa, le voy a mandar otra vez a la tierra, quiero que descanse y aga unas cuantas visitas a psiquiatra militar.
-pero?
-Amigo mío se lo que puede doler, se lo que significa una depresión o perder a un ser querido. Hazme un favor vuelva a la tierra e intente descansar.
Entro en la nave que le trasladaría otra vez a la tierra, se sentó en uno de los asientos y perdió su mente en las cientas de estrellas. Cerró los ojos intentado dormir un par de horas, hasta que otro militar se sentó a su lado. Se despertó recibiendo el saludo de su compañero de viaje.
-hola, que suerte volvemos a la tierra, yo vuelvo para ver a mi mujer, hemos sido padres hace poco. Usted por qué?
Eric respiro profundamente:
-Me han dado un permiso.
Eric prefirió darle una contestación corta para poder seguir durmiendo, su compañero le toco el hombro y le señalo a su espalda. Al fondo de la nave había un hombre joven atado al asiento. No dejaba de gritar hasta que un enfermero le puso una inyección.
-Fíjate, ese se llama John Rebort y le mandan a la tierra para meterlo en un siquiátrico, a matado a un compañero.
Eric se le quedo mirando un instante, era un chico joven de su edad, con la cara pálida y los ojos pinchados en sangre, con la barba de tres días, era extraño ver como se había quedado de relajado. Un ser delgaducho y frágil. No parecía un monstruo que pudiera matar a un compañero. Se giro al ver a ese monstruo y prefirió seguir durmiendo otra vez.
Al llegar a la tierra cogió su mochila y comenzó a andar por las calles de la gran ciudad, pocas cosas habían cambiado, hasta que dio una pausa en su camino, al ver un gran edificio donde antes había un pequeño parque. El podía recordar el nombre de la chica de la que se enamoro y seguiría enamorado hasta la muerte. Era en ese desaparecido parque donde ellos dos pasaron horas sentados en un pequeño banco viendo lo que quedaba de la puesta de sol. Su nombre era Sara la mujer de su vida, podía pasar horas escuchándola hablar sin cesar, hablando de los verdes que fueron los bosque o los azules que eran los mares, sentada en aquel banco entre caricias y besos intercambiaron su amor. Sara entre caricias era capaz de cautivarle con sus palabras:
-Sabes Eric, quiero estar a tu lado para siempre, no hay nada en este mundo que nos puedan separar.
Esas fueron sus palabras antes del atentado, El joven siguió andando por las calles casi perdido sin ningún sitio a donde llegar, su casa estaba tan vacía a hora.
En su camino miro hacia un edifico donde había una gran pantalla. En sus imágenes podía observar como las cadenas de televisión a un recordaban el atentado del 18 de febrero, la mejor forma para ganar audiencia, en una de las imágenes aparecía una explosión y fotos de los terroristas.
Días después, pasaba las horas encerrado en su solitaria casa, cuna botella de alcohol era su mejor amigo. Pero no podían parar los recuerdos recurrentes que volvía a su mente.
A un recordaba como el sueño se acabo para siempre, despertó viendo que Sara ya no estaba a su lado. Ella se fue a trabajar mientras el disfrutaba de las pocas horas que le quedaban del permiso. Cogió el mando a distancia, puso la televisión para ir despertándose poco a poco. Pero una imagen le quito el sueño, los grandes almacenes donde trabajaba su novia había sido víctima de un atentado. Eric cogió su móvil e intento llamarla desesperado, respiro aliviado al escucharla al otro lado:
-Eric, Eric estoy en el parque aquí me quedare para siempre…
Algo le pasó por la mente, sabía que para ella lo mejor en esta vida era ver el anochecer sentada en el banco. Siempre decía que quisiera que fuera su última imagen antes de morir. El joven fue hacia el parque, temiéndose lo peor, temiendo el final de todo.
Miro al suelo del parque y pudo ver un rastro de sangre que llevaba hasta uno de los bancos del parque. Fue andando lentamente siguiendo el rastro hasta llegar donde estaba sentada la lúgubre figura. Eric cayó de rodillas al ver el estado de Sara totalmente ensangrentado, tenía un trozo de acero clavado en su cuello donde iba saliendo la sangre. Ella le miro con una débil sonrisa en sus labios. El comenzó a acariciar su fría piel, su mano temblaba al ver que ella se estaba muriendo ante sus ojos:
-Sara, Sara vámonos al hospital podrán ayudarte.
Sara le cogió la mano y se la paso por su rostro, Eric prefería engañarse a sí mismo con la idea que ella podría vivir, sabiendo que jamás volverá a su lado.
-No quiero irme de aquí, quiero ver el último rayo de luz. Si me quieres déjame ver este pequeño espectáculo.
Allí se quedo para siempre, cautiva para siempre en su mente, la vio morir lentamente, la vio respirar por última vez.
Eric preparo su arma meticulosamente, preparando una bala en el cargador poniéndose en la sien. A hora podría ser feliz si se reuniría otra vez con la mujer amada. Apretó los dientes para volarse los sesos cuando sonó el teléfono. Bajo su arma y la lanzo lejos de él, en un segundo pensó en todo y le dio una oportunidad a aquella llamada. Podría aceptar la petición de un extraño o volver a intentar suicidarse, no tenía muchas elecciones.
Apretó un botón de la pequeña maquina abriéndose una pequeña pantalla, al otro lado había un hombre de mediana edad con gafas de pasta y el pelo plagado de canas.
-Hola hablo con Eric Rodríguez?
Eric se encendió un cigarro echando el humo a la pequeña pantalla:
-Soy del ejército, tengo un pequeño trabajo para usted en una de las colonias.
Comenzó a pensar en pocos momentos las cosas que podría hacer y acabar como un colador en el otro lado de la galaxia era una bonita opción.
-donde tengo que ir?
-vain sima.
Al pronunciar esas cortas palabras se corto la llamada, dejándolo pensativo sin saber dónde estaría aquel lugar o a quien tendría de quitarles las tierras esta vez
Eric entro en el despacho del laboratorio, miro a su alrededor pudo ver cientos de cuadros entre matriculas de universidades o fotos de pequeños planetas. Sonrió mirando ese espectáculo de sabiduría. La puerta del despacho se abrió lentamente allí ante sus ojos apareció el doctor con el que había hablado. ¿Le gustan esas matriculas? Le pregunto.
¡Es espectacular yo a duras penas acabe el colegio esto me deja sin palabras! Con pocas palabras el joven contesto al doctor. Danny se sentó en su sillón y con gesto ofreció a Eric que se sentara en la silla que estaba delante suya. EL doctor saco unos dosieres comenzó a revisarlos lentamente. Se preguntara en qué consiste la misión?
Desde que me llamo ayer no e podido pensar en otra cosa, porque he sido elegido yo ? Respondió Eric, doctor s sonrió al ver su desconcertado compañero y su sed de conocimiento.
“Hace un par de meses la nave solaris 101 aterrizo en un planeta que hace poco fue descubierto, seis astronautas, tres hombres y tres mujeres fueron enviados. Pero algo paso. Los tres hombres murieron, las tres mujeres desaparecieron nadie supo el porqué de su desapareció. El que porque usted fue elegido es por su carrera, es usted joven y una carrera en el ejercito envidiable…”
Eric escucho la historia en silencio, esa historia se lleno lentamente de preguntas que el joven estaba deseando hacer. Que quieren que haga? Pregunto. El doctor le respondió. “Querido amigo solo queremos que usted valla a buscar a esas mujeres”
podría ser una sencilla misión de rescate, como otras que Eric ya había hecho anteriormente, pero algo no le olía bien de todo aquello. Que le paso a los 3 hombres? Esa era la pregunta que se le paso por la cabeza.
El doctor cogió aire para contarle la parte más complicada de todo aquello.
“porque murieron los tres astronautas? Le voy a contar un pequeño secreto que poca gente fuera de estas paredes sabes, antes de aterrizar nos mandaron un análisis nos dimos cuenta que algo en esa atmosfera es letal para los hombres. Pero no para las mujeres. Solo queremos traer de vuelta a nuestra gente y contamos con usted Eric.”
Eric sonrió un buen rato al escuchar esa extraña historia “si es letal para los hombres, que coño quiere que agá allí, si como usted cuenta al pisar el planeta moriré a los pocos minutos” El doctor se preparo para contarle la segunda parte de la misión, la parte que mas posiblemente
Eric se levanto de la silla sabiendo que eso no era para el y que un simple “no” seria lo único que iba a decir.”Sabe, doctor ir parecerá increíble pero yo no soy un trozo de carne para sus experimentos. Me da igual la vida de esas mujeres, pero yo no voy a transformar mi cuerpo”
Estaba bastante enfadado, abrió la puerta y miro a su espalda a la espera que el doctor le dijera las últimas palabras. “por favor Eric, piense en esas tres vidas que puede salvar, piénselo y en 48 horas por favor de nos una respuesta”