Caminaba por caminar
por los callejones oscurecidos de odio
edificados por un amor platónico,
el amor a uno mismo,
propiciado por esas sombras de los suburbios
empeñadas en buscar un sentido a todo,
pero me tropecé con tus pasos
Y desperté en un portal del centro
donde despistamos a la realidad
y quedamos los dos solos;
yo arropado entre tu pelo
y tú mordiéndome en el pecho,
Como dos perros callejeros.
Mi pasividad ha quedado diluida
en las discusiones, en los besos,
fruto de tu inquietud
que aflora en tu retina con mi reflejo,
mientras esto cada vez va más deprisa.
En días de exámenes
inventamos otro mundo,
desde una habitación,
con ansias de los dos,
descansamos en un rincón
entre cervezas y cafés;
nuestras calles, nuestro argot
el de nuestras miradas
Desde entonces quemamos Zaragoza,
despertamos a sus amaneceres,
inundamos de tontadas los parques,
destrozamos nuestros escaparates
y ya ves, quedo un rato para entendernos.
Por eso te enseño un pedazo de los dos
de este insaciable corazón,
desde nuestro rincón,
donde escribo este inevitable pasteleo
en el que entre lineas se lee:
"Todo es nuestro, mi rincón es tuyo".
Comentarios
Estupendo.. qué bonita historia! Gran riqueza descriptiva y gran inspiración.