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Sobre una de las formas de la cursilería…

KuXXoKuXXo Pedro Abad s.XII
editado diciembre 2008 en Literatura
Lo que voy a explicar aquí es lo siguiente: es cursi, y patético, encontrar en el arte, y especialmente en la literatura, una mera y vulgar forma de manifestar sentimientos y no de erigir excelsas combinaciones que demuestren la calidad de un pensamiento, la elaboración de una lucubración bien lucubrada.

Como es obvio, me ceñiré a temas de índole literaria.

¿Qué, en un ambiente que se supone plasma al hombre, a sus pensamientos, a sus sentimientos y a sus obsesiones puede llamarse cursilería? Bueno, sí, obviamente el típico ejemplo del atardecer que Dios creó en un ataque de mal gusto, la sangre a borbotones que mana en los relatos de los escritores sensacionalistas y las frasecitas de autoayuda que no logran depurar los mediocres. Sí, todo eso, pero también algo mucho más común e imperceptible es cursi en igual medida: la inspiración o, mejor dicho, el mito de la inspiración.
¿Y por qué? Dirán, y saltarán y gritarán y vociferarán los cándidos y trémulos artistas incapaces de concebir el arte más allá de una maraña de vísceras. ¿Cómo se atreve este fulano a decir semejantes disparates, a rebajar de manera tan villana el sentimiento, a pasar por alto la estética elemental del arte y, más concretamente, la estética del romanticismo literario? Pues precisamente porque no lo hago es que lo digo, precisamente porque comprendo muy bien que el arte, siendo algo tan elaborado, no se restringe al grito herido de la verdulera que acaba de extraviar dos cebollas o al del hombre cornudo que es pateado en la entrepierna por su contrincante. Me atrevo a decir, entonces, que los invidentes son los ciegos, o más bien, que son los viscerales de la inspiración los que pasan por alto la magnificencia de la rama artística. ¿Y cómo? Pues de manera tan sencilla que hasta pena habría de darles si se enteran.
Es muy ingenuo pensar que un buen día con sol de mayo da Vinci se levantó eufórico, que después de bañarse agarró un lienzo, tintura, leche de cabra y un par de claras de huevo, las mezcló hasta formar un pintarrajo de mil tonalidades, se sentó entre un hatajo de pinceles y brochas de las más variopintas clases y a la buena de Dios fue fraguando la Virgen de las rocas en un temple burdo que hasta llegó a ser similar a un sfumato. No tendría por qué decirlo, pero resulta evidente que no sucedió de tal manera, aunque algunos, que vuelvo a llamar ingenuos, continúan pensando que sí en sus disque cultos magines.
En literatura la cosa es más grave, porque al menos en pintura y en escultura es complicado disfrazar la mediocridad, casi igual lo es en música o en arquitectura (yo considero esta última una manifestación artística de gran nivel), pero con las letras, que hoy en día casi nadie domina, el público debe formarse un criterio basado en su percepción primeriza de la realidad literaria, lo que hace extremadamente común que saltimbanquis llorosos pasen por iluminados genios. Y no, repito y vocifero y salto y grito: la cosa no es así, porque el arte ha sido grande porque ha sido meticuloso, porque da Vinci midió cada palmo del lienzo, porque escogió cuidadosamente los colores, porque calculó el tiempo exacto (en años, o cuando menos en meses) entre una capa y otra del sfumato, porque si lanzó una pincelada pensó mil otras posibles pero eligió una más correcta, la única correcta, la única verdaderamente artística, que le permitió al final conjurar a base de tinturas una virgen rodeada de niños y de acantilados con una pulcritud que una foto le envidiaría. ¿Y qué fue la inspiración en todo esto? No otra cosa distinta a la capacidad excelsa de da Vinci para elegir una escena que valiera la pena retratar, que valiera la pena conservar en el recuerdo, en el anverso al iris del ojo. Eso, y no una fuerza extraña y mercantilista y medio orate fue la inspiración en la obra de da Vinci, y asimismo en las obras de todos los demás grandes (los verdaderamente grandes, no los grandes a medias, no los que Wikipedia dice que son grandes) artistas.
Entonces entra en juego otro concepto: el de la exactitud, que para la corriente lírica de la literatura lleva dos nombres: simetría y armonía. La simetría como la separación correcta y minuciosa de las palabras y la armonía como la dulzura fonética en que van encasilladas estas palabras.
Allí es donde siempre ha residido la grandeza de una manifestación artística, en ese pico encumbrado que separa al pensador del vagabundo y del infante, que le permite al pensador entrar en el vagabundo y en el infante sin percudirse, sin mancharse de tontería la ropa, y volver a salir a voluntad. Y claro que se cumple para todas las otras ramas, la simetría es un concepto fundamental de cualquier arte, e incluso de cualquier cosa agradable a la vista (o al oído o al tacto o al olfato). Que hay corrientes que propugnan por una asimetría, o más bien dicho: por una rebeldía frente a las formas canónigas de lo simétrico es cierto, pero las mejores, las decentes nunca logran escindirse una esencia de regularidad. ¿Dónde vemos esto? Digamos por ejemplo en la arquitectura, que durante milenios ha sido simétrica (o ha intentado serlo) y por esto mismo hermosa. Hoy, sí, es apenas discutible, existen bellas manifestaciones vanguardistas que no instalan una esfera al lado izquierdo sólo porque la pusieron al derecho, pero sin embargo crean estructuras bien proporcionadas, que guardan armonía y un ritmo propio de la simetría pues aún no es bello para el ojo crítico (y espero yo que nunca lo sea) la vivienda edificada simulando un túmulo de mazamorra mal disuelta. No se puede negar que haya quienes lo intentan (construir túmulos de mazamorra mal disueltos), y que hasta tengan sus adeptos, pero la sensatez, la que entiende de armonía y simetría, no los acoge en su seno.
Así como para la arquitectura en todas las artes, en la música Schönberg nunca ha sido (y ojalá no lo sea) considerado un gran maestro; nunca al nivel de Mozart ni de Chopin. En pintura los enteros abstractos que ven una teoría filosófica sobre una mancha de tinta encuentran siempre el ridículo, no Seurat ni Léger, pero sí Uccello y Redón, que cuando no tropiezan con una carcajada que corresponde a sus lágrimas tropiezan con la frustración de ver lejano el espectro, de contemplar el abismo que los separa de Fouquet y de van Eyck. En escultura un montoncillo de cemento nunca es igual a un botero, y en literatura nunca los anarquistas del verso que agarran un pedacito fútil de prosa (de una prosa que siempre versa acerca de besos y de lágrimas y demás tonterías anodinas), lo dividen en renglones y pretenden que sea una poesía pueden tan siquiera limpiarle los botines a Borges, a Lope de Vega o a Machado. Que existen se acepta, que sean útiles se pone en duda. Existen, sí, pero por el mero carácter abstracto de la inspiración.
¿Qué habría escrito Neruda, y qué habría pintado Piccasso si no existieran musas? Seguramente lo mismo, o incluso algo más profundo, porque ni Picasso ni Neruda ni Monet ni Manet ni Cézanne ni Dostoievski fueron grandes por lo inspirados que estaban sino por lo bien que hacían lo que hacían. ¿Y si cuando lo hacían lo hacían bajo un estado febricitante, de profunda tristeza, de euforia o de júbilo? Pues bien por ellos, pero el arte nunca nació del estado, a lo mucho –y eso que creo estar exagerando-, fue quien le dio paso; como el portero que considera trascendente la labor de su mano al abrir la puerta al vicecónsul que por otro lado podría haberla abierto por sí solo.
Tampoco se quiere dar a entender que el arte sea una cuestión cognoscitiva, o meramente cognoscitiva, pues a punta de mucho léxico no se puede ir zurciendo palabrería como si fueran retazos, no basta una lengua docta para conjurar un arte. Se quiere decir, simplemente, que el arte es mucho más que una expresión, mucho más que un pensamiento, y es una forma depurada, decantada y vuelta a depurar del conocimiento, que es hijo de la práctica y del orden, que se rige por la armonía y la simetría y que estas sólo se dominan siendo constantes y rigurosos en el aprendizaje de la técnica.
Con esto concluyo: la inspiración no es una fuerza loca, no es un advenimiento ni una epifanía. Es cursi, y patético, encontrar en el arte, y especialmente en la literatura, una mera y vulgar forma de manifestar sentimientos y no de erigir excelsas combinaciones que demuestren la calidad de un pensamiento, la elaboración de una lucubración bien lucubrada.

Comentarios

  • KuXXoKuXXo Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2008
    También con esto concluyo mi opinión sobre la lírica que dejé pendiente en la discusión anterior.

    Agradezco a todos quienes tuvieron la cortesía de leerla y comentarla.
  • roberto carlosroberto carlos Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado noviembre 2008
    cuando uno lee a dostoiesvki , lo primero que se imagina es que para construir sus obras ha debido de tomarse un buen tiempo ,meses quiza , o tal vez años , porq esa clarividente filosofia del alma que con tanta maestria despliega en sus obras, no podria haberse desarrollado (pensamos)sin una reconcentrada y prolongada meditacion .pero enterarse de que el tio dosto (con todo respeto ,por supuesto) solo haya necesitado apenas unos cuantos dias para escribir , apremiado por sus editores y la necesidad de dinero , varias de sus novelas , refuerza el romantico mito del genio y la inspiracion .porq de otra manera seria imposible concebir, que un tipo en tales circunstancias (aun suponiendo que ningun secreto de la literatura le fuera ajeno) sea capaz de fabricar obras tan explosivas ,cuya retumbante detonacion alcance y estremezca , no ya a sus contemporaneos y compatriotas ,sino a todas las generaciones futuras y de diversas partes del mundo, que unanimente lo han proclamado como uno de los pocos y verdaderos genios de la literatura.
  • LupyLupy Anónimo s.XI
    editado noviembre 2008
    En este caso sería necesario definir inspiracion; el dicicionario de la Real Academia de la Lengua Española la define de la forma siguiente:

    "Infundir o hacer nacer en el ánimo o la mente afectos, ideas, designios, etc."

    "Enardecerse y avivarse el genio del orador, del literato o del artista con el recuerdo o la presencia de alguien o algo, o con el estudio de obras ajenas."

    Desde el punto de vista de estas definiciones, la inspiración podría ser equivalente a lo que en psicología se llama motivación, es una idea, un sentimiento, un empuje, una atracción... provocada por un hecho, un objeto, un sentimiento... determinado. Sin embargo, opino que la inspiración no determina el tiempo ni el nivel de dificultad que tendrán los artistas para llevar a cabo su obra, lo que sí detemina es la persistencia y el interés que mostrarán en ella.

  • rosaritorosarito Anónimo s.XI
    editado noviembre 2008
    Me resultó de sumo interés leer su comentario KuXXo.
    Vivimos en un mundo que nos propone la inmediatez como forma de vida. Escasamente se propicia en nuestros hogares y sistemas escolares, la reflexión sobre la importancia del esfuerzo, de la minuciosidad, de las tareas metódicamente realizadas. La palabra se ha vaciado de contenido, la estructura lingüistica va volviéndose obsoleta para las nuevas generaciones, los marcos de referencia han cambiado y me temo que no para bien.
    Usted nombra por ejemplo a Borges y leerlo no significa necesariamente que nos toque alguna fibra íntima pero, de seguro, reconoceremos en sus obras la perfección hecha palabra.
    Hoy todo entra en la categoría de "arte", nos invitan a expresarnos desde la espontaneidad absoluta, se promueve el libertinaje literario, tres pinceladas sobre un lienzo son consideradas valiosas por los eclécticos. Ni hablar de las manifestaciones musicales, plagadas de sonidos inconexos, carentes de armonía, de complejidad, de tal simpleza que hasta un niño poco dotado de cuatro años podría reproducirlas con más gracia.
    Como usted, creo que las obras artísticas más grandes de la historia no han salido de mentes improvisadas. Hay habilidades de base, como bien dice Lupy, motivación e impulso creativo, pero de seguro lo que finalmente las han convertido en clásicos es la labor ardua de quienes les dieron origen.
    Hay autores que editan libros como bollos de panadería. Uno siente la fuerte tentación de ponerse a dieta.
    El verdadero talento no emerge sin esfuerzo y sin un trabajo concienzudo y metódico.
    En definitiva, totalmente de acuerdo con usted.
  • roberto carlosroberto carlos Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado noviembre 2008
    "observo que el articulo va firmado por "el copista" . ni me censura ni me elogia ,de lo que me alegro mucho .pero "el copista" afirma ,entre otras cosas , que mis obras "huelen a sudor" , es decir, que sudo y trabajo tanto con ellas , que las rehago y las retoco tanto , que resultan premiosas .
    el editor y yo nos reimos . le comunico que mi anterior novela me llevo solo dos noches , y que ahora , en dos dias y dos noches , he escrito tres pliegos y medio . ¡si lo supiera "el copista" , que me acusa de premiosidad y lentitud en el trabajo¡ "

    fedor dostoievski
  • KuXXoKuXXo Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2008
    Agradezco todos los comentarios. Me gustaría ahondar un poco en la cuestión de Dostoievski. Hasta donde yo conozco la historia de cómo escribió Dostoievski sus novelas fue escribiendo El jugador cuando un editor inescrupuloso le fijó como tiempo límite un año. Tomemos, pues, este lapso de tiempo para analizar y no los dos días que la señorita Vania transcribe en su novela (aunque no pongo en duda la calidad autobiográfica de la cita).
    Siendo que El jugador, así como Crimen y castigo o Los hermanos Karamazov, es una obra extremadamente ordenada y en cierto sentido homogénea (Dostoievski a veces cansa porque su escritura, aunque muy pulcra y muy bien pensada, es bastante plana, tomando como referente la literatura contemporánea), el sugerir que su sentido, o sus reflexiones o su historia fueron construidos por una fuerza incorpórea que visita de tanto en tanto a los genios sería, implícitamente, sugerir que esta fuerza, esta suerte de revelación, es también algo homogéneo, algo que durante todo un año tuvo el mismo cariz, la misma intensidad y forma (o sea que siempre, además se dirigió hacia lo mismo).
    La pregunta es sencilla: ¿qué es lo más creíble, que los genios tienen epifanías eternas, o que, después de haber tomado una decisión inicial acertada, la trabajen con tezón, lentamente, pulidamente, con inteligencia, hasta lograr que la construcción fuera homogénea (la inteligencia es una fuerza en constante crecimiento) y elaborada?
    No sé, confieso que la cita de Humillados y ofendidos me pone a pensar bastante, pero yo sigo siendo un defensor acérrimo de la técnica porque para mí el arte es patrimonio de la maestría y la maestría es, por definición, algo que no todo el mundo puede hacer, algo que no puede producirse en masa, algo diferente a las cartas de colegio.
  • rocinanterocinante Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2008
    Kuxxo, te agrdecemos tu vuelta, foreros tan validos como tu no pueden faltar en este foro.

    Un abrazo
  • roberto carlosroberto carlos Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado noviembre 2008
    cofrade kuxxo , no es la srta vania , pues vania vendria a ser en rusia como una especie de hipocoristico de ivan , que en este particular caso de la novela "humillados y ofendidos" designa a ivan petrovich , protagonista de la historia , que se supone representa a dostoievski ,por el caracter autobiografico de la novela .

    y sobre lo que ud dice acerca de la tecnica , de la preparacion , creo que tiene toda la razon .porq el dominio casi perfecto de todas las herramientas de la literatura , al menos ,al comun de los mortales, los capacita para fabricar obras tecnicamente impecables .pero cofrade kuxxo , a mi entender , la tecnica no basta para llegar al nivel de un dostoievski , sabato , garcia marquez , vargas llosa , tolstoi , kafka .pues si asi fuera ,todos los egresados de literatura de todas las universidades serian dostoievski , sabato , garcia marquez etc .no le parece valido preguntar ¿ por que estos brillantes ingenieros de la tecnica literaria no producen obras tan brillantes como su erudiccion literaria nos haria esperar de ellos?.

    creo cofrade kuxxo que la tecnica a lo mucho te garantiza llegar a ser escritor , pero no artista .disculpe el atrevimiento pero escritor me parece que es cualquiera , basta con escribir y publicar aunq solo te lea tu familia.

    si desde pequeño a un niño lo pones en manos de los mejores entrenadores de futbol,para adiestrarlo en el dominio de la pelota, inexorablemente devendra ,cuando sea mayor, en un maradona o un pele , o siquiera en alguien del nivel de rumenigge o johan cruyff? evidentemente no . y si bien es cierto que gracias a una sacrificada preparacion aquellos genios del fultbol pudieron desarrollar su maximo potencial ,nunca , si hubieran carecido de aquel talento en estado larvario ,hubieran llegado a ser lo que fueron .y del mismo modo ocurre con los genios de la literatura ; si las condiciones se dan (aprender algo o mucho de la tecnica de la literatura ,tener tiempo para escribir , tomarte el trabajo de escribir , animarte a publicar , o en todo caso no destruir lo inedito para que algun amigo traidor como el caso de kafka , con la mas baja deslealtad contravenga tus deseos)el mundo podra contemplar su arte .
  • KuXXoKuXXo Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2008
    huuuuuuuuuuyy, qué señor error. Y debería haberlo recordado, qué vergüenza.

    Ya entrando en materia, lamento sin embargo decir que, igual que la cita no rebate el argumento (dice que le tomó poco tiempo, no que lo invadió un opio invisible), la respuesta no contesta la pregunta; no mitifica nuevamente la inspiración ni demuestra que el pensamiento homogéneo que Dostoievski (e insisto: Balzac y Sthendal y Flaubert...) tuvo que haber tenido para componer sus obras haya sido una epifanía perenne que se pueda llamar inspiración. La respuesta refuta algo que no he dicho: que el sudor basta. Desde luego que no, por eso yo incluyo en mi tesis la inteligencia (una fuerza en constante crecimiento), creo en las predisposiciones intelectuales de las personas, en la torpeza involuntaria y en la torpeza genética, más no en la genialidad espontánea. Supongo que no se entiende demasiado, a lo mejor debería tomarme un nuevo artículo para aclarar este punto.
    (Implícitamente también incluyo otro punto: el buen gusto, tan difícil de adquirir. La capacidad de elegir entre mil palabras la única correcta).
    Con el fútbol no me meto, no me gusta.
  • roberto carlosroberto carlos Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2008
    sabe , cofrade kuxxo , para mi la inspiracion (destilar arte aun en las situaciones mas apremiantes) o la falta de ella en la literatura , es el factor decisivo , que sobre la base de parecidas materias primas (experiencias similares en distintos escritores , como una especie de primigenio carbono ), hace de una obra un diamante o un simple carbon.

    y otra vez me remito a dostoievski ,quien para ganarse unos sencillos acepto la propuesta de su editor de entregarle una obra en el plazo de tres semanas , a la cual solo se dedicaria en las noches , porq durante el dia ya tenia el tiempo empeñado en la redaccion de "crimen y castigo" , cuya primera parte tambien tenia que entregar a otro editor , en un tiempo no mucho mayor que el que se le exigia para la culminacion de su obra nocturna(el jugador) .como se ve ,hasta crimen y castigo , que es considerado casi por unanimidad como un autentico patrimonio cultural de la humanidad , lo hizo apurado .pero segun se va conociendo toda la produccion literaria de este iluminado ,nos damos con la grata sorpresa de que su genio e inspiracion no se agotaron en sus obras mas "importantes", sino que continua en ebullicion aun en aquellas, que por no contar con la misma fama de crimen y castigo o los hermanos karamazov ,las creemos como parte de las inevitablemente mediocres , que todo autor de renombre cuenta entre sus filas .por increible que parezca, todas sus obras brillan con luz propia .

    en el futbol se suele medir el talento y la capacidad de un player, cuando estando con la pelota en sus pies en una circunstancia comprometida ,digamos , rodeado por varios adversarios que buscan despojarle del balon ,resuelve de la mejor manera , es decir , conserva el balon o hace que este llegue a posesion de un compañero suyo .mas o menos asi se me figura dostoiesvki, que recibe "la redonda" (el encargo o el reto de crear no una, sino dos historias, ¡y que historias¡, en un plazo imposible) en una situacion complicada , de la que sale con una prestancia totalmente inusitada por el caracter extremo de la coyuntura; lo que vuelve todavia mas meritoria su proeza .

    sobre aquello que escribi y que ud interpreto como una intencion de dejar entrever ,en un supuesto segundo sentido del escrito, una acusacion degradante contra su persona , le dire que no tendria porq hacer eso .simplemente procuro escribir lo mas honestamente posible , tratando de no apostrofar a nadie ( algunas veces me dirijo directamente a determinados cofrades, es cierto , porq la situacion asi lo amerita , pero esto no significa que cuando ello ocurra me valga de insultos para darles a conocer mis desacuerdos). y hasta el momento creo que , de acuerdo a mis posibilidades , he cumplido con lo que acabo de decir , no teniendo , sobre todo ,que guardar lealtades ,por un mal entendido espiritu de cuerpo ,con determinados grupos o camarillas ,cuyos integrantes pareciera que no siguen la voz de su propia consciencia ,sino consignas que no tienen mas efecto que el de despersonalizar sus comentarios.
  • KuXXoKuXXo Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2008
    No escribir nada porque aguardas a que te llegue la inspiración es un truco que siempre funciona, lo utilizó el mismísimo Stendhal, que dice en su autobiografía: «Si hacia 1795 hubiese comentado a alguien mi proyecto de escribir, cualquier hombre sensato me habría dicho que escribiera dos horas todos los días, con o sin inspiración. Estas palabras me hubiesen permitido aprovechar los diez años de mi vida que malgasté totalmente aguardando la inspiración.»
    Hay muchos trucos para decir que no. Si algún día se escribe la historia del arte de la negativa en general (no sólo el de la negativa a la escritura), habrá de tenerse en cuenta un delicioso libro que acaba de publicar Giovanni Albertocchi, Disagi e malesseri di un mitente, donde se estudian con suma gracia las argucias que en su epistolario inventaba Manzoni para decir que no
    Pensar en la argucia de Stendhal me ha recordado a una que para no escribir utilizaba, en su exilio mexicano, ese poeta extraño y turbador que fue Pedro Garfias, a quien Luis Buñuel, en sus memorias, describe como un hombre que podía pasar una gran infinidad de tiempo sin escribir ni una sola línea, porque buscaba un adjetivo. Cuando Buñuel le veía, le preguntaba:
    —¿Encontraste ya ese adjetivo?
    -No, sigo buscando —respondía Pedro Garfias, alejándose pensativo.

    Enrique Vila-Matas, Bartleby y compañía
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