Gime, viento, gime;
por tu grito me quejo y libero mis penas.
Mi voz es tu rugido en la mañana.
Mi llanto es tu alarido en las montañas.
Arranca con tu fuerza de mi alma
el árbol arraigado de mi pena,
y llévalo volando donde yo,
por más que me esforzase, no lo viera.
No descanses ni un minuto,
que tu eres mi estandarte y mi bandera,
llevando a todas partes el lamento
que yo quise gritar por que me oyeran.
Díselo tu a todo el mundo,
que lo oigan en los rascacielos y en las callejuelas,
que lo entiendan las cumbres más altas
y retumbe en la más honda cueva.
Díselo tú a todo el mundo,
que todo el mundo lo sepa,
pues mi alma, ya vencida,
ni para hablar tiene fuerza.
Comentarios
te felicito amiga, es un gran poema.
Eso pretende ser una carita sonrojada, de vergüenza por tus palabras que creo inmerecidas.
Gracias Amando.
Cuando yo pinte como lo haces tú.
Un saludo
Cuenta, visita al oculista. No quiero pavo para Navidad.
Un saludo a ambas.
Un saludo y gracias anticipadas a los lectores.
Asi que se entere todo el mundo,que carajos,yo soy la primera en leer antiguedadades,son las mejores;):)