Hola, amigos.
No creo que nadie se acuerde de mí. Hace mucho que no me paso por aquí. Pero bueno, soy el tío que casi muere por hemorroides en navidad (no me acuerdo navidad de qué año, lo siento).
Antes de nada, una aclaración. No soy Nacho Chevarría (qué desastre, ni sé si he escrito bien su apellido. Vamos a suponer que sí). Nacho Chevarría es un grandísimo amigo que ya no está aquí. Yo soy Nacho, pero otro Nacho que nació de alguna circunvolución cerebral polvorienta en la cabeza de una loca. Nacho el macho. Nacho el chacho, como dicen los canarios. El CHACHOCHACHOCHACHOOOOOOOOOO!!!! que te raya el coche. Ese. Nacho el cacho. Nacho-man. Un superhéroe, no me escondo.
En fin. Y vosotros qué tal. Cómo os ha tratado la vida.
¿Habéis instalado placas solares en el tejado? ¿Os habéis teñido el pelo de verde? ¿Habéis asistido a alguna fiesta para recoger pollas en una cesta? Yo no. Ninguna de esas cosas. Mi vida es una mierda. Nada interesante.
Bueno, sí. Hace dos días me rompieron una uña en un hospital. Esta frase no tiene sentido sin contexto, lo sé... y creedme que casi mejor que se quedara así, pero ahora, una vez lo he soltado, siento que sería muy poco ético dejarlo ahí sin más explicaciones. En realidad soy un cobarde y he empezado por el final; todo puede resumirse (dos puntos y redoble de tambor) en que soy una mala persona, ya veréis por qué lo digo. Nada nuevo bajo el sol por otra parte, muchos lo somos, no me creo un ser único por eso, tampoco le llego al nivel a satán. Soy una mala persona del montón que hace dos días terminó en urgencias.
Me había pintado las uñas de negro para parecerme a Marilyn Mason en su máximo prime, así que me la rompieron. No sé cómo lo hicieron, pero debió de ser el enfermero más bestia del mundo con un martillo, o el mismísimo Thor, porque joder, no había necesidad de dejarme el dedo negro, hijo de puta. Solo quitar el esmalte para que saturímetro leyera las pulsaciones y -valga la redundancia- la saturación de oxígeno habría bastando. Pero no, tenía que arrancarlo todo, en fin, dramas del primer mundo.
Me ataron a una cama porque quien me llevó a urgencias no fue precisamente Monano y su banda, sino la policía. Bueno, en realidad fueron: la policía, la guardia civil y el operativo local de protección civil (el tío que conducía la ambulancia; majísimo. Juan Carlos me dijo que se llamaba, "como el rey" -el emérito, claro-). No exagero, de verdad. Todos esos. Diría que malditos cabrones pero fueron muy amables. No os penséis que me sacaron a la fuerza de mi domicilio ni nada de eso.
Rogué por que no me pusieran "contención mecánica" -es como llaman suavemente a atarle a uno de pies y manos-, pero no me sirvió de nada. Lloré como la rata cobarde y chepuda que soy. Como Cristo, con los brazos en cruz. Ahora que, también os digo, esas sujeciones son una mierda; no hay que ser Houdini para escaparse, la de la muñeca izquierda se me salió sola y tuve que disimular. Lo exhibí luego como prueba de mi honradez, para que vieran que yo no era como la tipa que estaba tratando todo el tiempo de escaparse del box psiquiátrico (pobre mujer); Stark es mi apellido (no, pero hubiera sido muy tonto jugar a ser un Lanister y pensar que era buena idea salir huyendo en pijama).
Bueno, queridos amigos. Esta historia sigue, pero yo voy a parar aquí. Más que nada porque no recuerdo cuál era el limite de caracteres de la cajita, y a ver si me van a joder y he escrito toda esta mierda para nada. Os seguiré contando, no os preocupéis. Os puedo contar lo que queráis (y hasta lo que no queráis!). Seguramente no pare de escribir hasta que caiga dormido o drogado (todo legal, agente) por dos razones: la primera, que lo necesito; la segunda, que encima necesito que alguien me escuche y a lo peor me diga algo. Bueno, aunque no diga nadie nada, sobre todo escuchar. Ya sabéis, soy el típico egocéntrico que se siente solo.
Hasta ahora, pues, y a partir de aquí ya en lugar de amigos os llamaré hermanos.
Comentarios
Estoy en mi casa, el el sofá, con mi bendición felina de ocho kilos encima de mis piernas. Común europea, atigrada gris, BUENA.
En una tele de chorricientas pulgadas (cero euros me costó, a cambio de vender mi alma a la compañía telefónica) está hablando una youtuber que se llama Ángela y parece un encanto; no tengo pajolera idea de lo que dice pero su voz tiene una textura entre la seda y la miel, y escucharla de fondo me tranquiliza.
Voy a coger el mando a distancia porque me da terror que el vídeo se acabe y Ángela deje de hablar.
Estupendo. Ahora he seleccionado a un tal Jolelus (criterio increíble, lo sé) que parece que va de farlopa y se dispone a contar un chisme sobre una influencer que en realidad no se pone hasta el culo de comer, o sea que sí lo hace pero luego vomita. Madre mía, cómo hemos normalizado la desgracia. Qué nos pasa en la cabeza para llamarle "chisme" a esto. "Chisme", "polémica", "a little bit creisi" dice el tío. Que no pase un día sin que des tu opinión de mierda, Llorelus (y que yo lo consuma).
Bueno, siguiendo con el rollo de mi visita a urgencias y todo eso. Me ataron, me rompieron una uña, lloré, pero lo mejor de todo fue que gané un amigo. Las mejores amistades se fraguan en la adversidad. Había un señor mayor en la cama junto a la mía quien, asustado, descorrió la cortinilla entre ambos espacios imagino que para ver qué tipo de bicho le habían puesto al lado.
Él no estaba atado, pero pobre señor. Me contó que le dio un amago de infarto a media mañana mientras se estaba comiendo un bocadillo -"la vida es así"-. Le pregunté de qué era el bocadillo, me dijo que de jamón serrano -"la vida es así de puta"-. El hombre estaba hasta los cojones porque cada dos por tres venía la misma enfermera a tratar de encarrilarle una vena para sacarle sangre sin conseguirlo. Yo soy la hostia pinchando (no por dios, no piensen en heroína), de verdad, soy un puto ninja, pero en ese momento era paciente y no me convenía salirme de mi rol. De hecho, el abuelo se aburría y estaba empeñado en vigilar a la pobre tía que trataba que escaparse del box psiquiátrico... como para hacer yo ahí alguna cosa rara. Como buen falso que soy, me apunté en seguida a su misión policial de vigilancia, aunque seamos francos, no hacía mucha falta porque la mujer trastabillaba, gritaba y bueno, armar escándalo no es lo que más ayuda a uno a fugarse.
Estuve ahí haciéndome el honrado como si fuera una persona cuerda lo suficiente para que me tomaran el serio. Me dieron el alta voluntaria sin tener que amenazar con quemar el edificio ni nada, todo negociación. "No te vuelvas a intentar cortar el cuello". "No debes tratar de reventarte el corazón con un destornillador de estrella y un martillo, aunque en tu cabeza suene a idea genial". Vale. Gracias, doctora. En realidad no sé cómo he podido hacerlo. No, no soy ese ser superior que pone una denuncia en comisaria porque un sicario le ha estafado, pero podría serlo. No sirvo ni para matarme. ¿Quiero hacerlo? Sí. Pero para eso hay que valer. O sea, no solo tener huevos, que no sé si los tengo, creo que sí, pero VALER. Saber hacerlo. Si un sicario se presta a hacerlo por ti, te aconsejo que no te lo creas y no le pagues por adelantado.
Lo dejo aquí de nuevo, hermanos. Ahora sigo con la de-función de circo.
Le habría contado al señor de urgencias la historia de un transformer amarillo que habilitó la radio del coche porque se quedó sin voz (un superviviente), pero a dios gracias no se me ocurrió. No estaba inspirado, supongo. Se me fue todo, se me deshizo la creatividad en lágrimas, pero seamos realistas, es lo mejor que puede pasarte cuando solo puedes crear una mierda. Mejor silencio y agua biológica, asentimientos cordiales y lo friki pa'dentro.
Me dieron el alta voluntaria a las 3 de la mañana porque tenía que alimentar a mi preciosa Pusa. Es mi gata (creo que no dije como se llama). No era una chorrada, estaba sufriendo por eso, fui completamente honesto y la doctora me dijo: "pero Nacho, los animales pueden pasar muchas horas sin comer". Discúlpeme señora pero NoO, aparte, ¿qué tipo de respuesta es esa? Pero lo siento, no es así, los gatos no, LOS GATOS NO, señora, si un gato no come ocurre un desastre en su organismo, todo gatuista lo sabe. Y mi Pusa desayuna, come, meriencia, cena cuatro veces y luego recena. Es un ser de luz que me lo da todo sin pedirme nada a cambio; lo mínimo que puedo hacer es alimentarla como necesita.
Como la policía me sacó de casa, no llevaba encima ni la cartera ni el teléfono. No podía pedir un uber y no tenía pasta para pagarlo, genial. Casi vuelvo a mi casa andando desde el pueblo de al lado. Las llaves sí las llevaba, menos mal... se ve que porque hay un ángel de guarda cuidando de mí por ahí arriba.
Tampoco podía avisar en el trabajo de que al día siguiente iba a faltar. Soy un flojo, lo reconozco, no tenía fuerzas. Trabajo en un hospital para la desgracia de mis pacientes. No era plan de ir con una uña rota y un fortísimo (y frustrado) deseo de morir.
Llegué a casa y escribí a mi jefa. Qué huevos, verdad? Bueno, pensé que tendría el wassap en silencio, o más bien imploré al cielo que lo tuviera. A mí me gustaría, desde primera hora de la mañana, saber que uno de los enfermeros del turno de tarde no acudirá a su puesto.
Y sabéis qué. Después de tanto justificar, de tanto inventar y fingir cordura, siento ganas de subirme a una colina y gritar muy fuerte que NO FUE ENAJENACIÓN TRANSITORIA, que estoy loco, completamente loco, que soy mercancía dañada, una persona que parece normal pero es peligrosa, un individuo al que nadie debería acercarse si tan solo porque no se le pegue mi energía de mierda ("el mal"?). Os he mentido, no soy vuestro amigo, NO SOY VUESTRO HERMANO, soy la persona que ha abusado de vuestro tiempo, soy vuestro enemigo de confianza.
Lo mejor de todo es que no existo del todo. No soy más que la radio de un coche amarillo que se transforma en autobot.
Sea como sea, gracias por escuchar.
-Nacho el mamarracho. Nacho el borracho.
No he entendido ni papa de lo que has escrito, Reyes, y tampoco sé si eres Bumblebee (Reyes) la que ha escrito todo eso
Un saludo
un saludo.