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Introducción

No recuerdo el momento exacto en el que dejé de ser un nombre y me convertí en un umbral. Tal vez fue gradual, como el agua que sube sin que uno lo note, o tal vez fue un instante preciso, una grieta que se abrió en mi vida y me obligó a cruzarla sin mirar atrás. Lo cierto es que, desde hace años, ya no me pienso como “Alejandra”. Me pienso como frontera. Como borde. Como tránsito.
Soy la línea invisible entre lo que alguien cree ser y lo que realmente es. Lo sé porque lo veo en sus ojos cuando entran a una habitación donde estoy, ese segundo en el que algo se acomoda, en el que el aire cambia de densidad, en el que el silencio se vuelve más nítido. No hago nada. No necesito hacerlo. Mi presencia ordena. Mi calma incomoda. Mi voz, incluso cuando no la uso, se siente.
No llego. Aparezco. No pido permiso. Tampoco lo exijo. Simplemente existo, y esa existencia altera el ritmo de los demás.
He aprendido a caminar entre dos mundos, el visible y el oculto, el cotidiano y el ritual, lo que se dice y lo que jamás debe pronunciarse. No es un talento. Es una consecuencia. Una forma de sobrevivir. Una forma de sostenerme sin perderme. En mí conviven ambas realidades, y cada una reclama su espacio, su tiempo, su verdad.
No prometo respuestas fáciles. Nunca lo hice. Las respuestas fáciles son para quienes temen mirar de frente. Yo no trabajo con certezas. Trabajo con revelaciones.

Comentarios

  • Me gustaría saber si voy por buen camino o donde encaja mi escritura 
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    celestez dijo:
    No recuerdo el momento exacto en el que dejé de ser un nombre y me convertí en un umbral. Tal vez fue gradual, como el agua que sube sin que uno lo note, o tal vez fue un instante preciso, una grieta que se abrió en mi vida y me obligó a cruzarla sin mirar atrás. Lo cierto es que, desde hace años, ya no me pienso como “Alejandra”. Me pienso como frontera. Como borde. Como tránsito.
    Soy la línea invisible entre lo que alguien cree ser y lo que realmente es. Lo sé porque lo veo en sus ojos cuando entran a una habitación donde estoy, ese segundo en el que algo se acomoda, en el que el aire cambia de densidad, en el que el silencio se vuelve más nítido. No hago nada. No necesito hacerlo. Mi presencia ordena. Mi calma incomoda. Mi voz, incluso cuando no la uso, se siente.
    No llego. Aparezco. No pido permiso. Tampoco lo exijo. Simplemente existo, y esa existencia altera el ritmo de los demás.
    He aprendido a caminar entre dos mundos, el visible y el oculto, el cotidiano y el ritual, lo que se dice y lo que jamás debe pronunciarse. No es un talento. Es una consecuencia. Una forma de sobrevivir. Una forma de sostenerme sin perderme. En mí conviven ambas realidades, y cada una reclama su espacio, su tiempo, su verdad.
    No prometo respuestas fáciles. Nunca lo hice. Las respuestas fáciles son para quienes temen mirar de frente. Yo no trabajo con certezas. Trabajo con revelaciones.

    Bien redactado pero complejo el texto que has plasmado; pero, en realidad, no te has presentado al foro, que es de lo que trata este apartado de "presentémonos" .

    Un saludo

     :) 
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