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A pesar de que anoche hubo una gran tormenta, los sonidos de la lluvia cayendo en los tejados y por las canales de las azoteas, me ayudaron a dormir mejor. Después de una noche larga y lluviosa, los primeros rayos del sol se asoman por aquel cerro, hay un amanecer hermoso, con un cielo un tanto despejado, yo siempre he pensado que los mejores amaneceres los tiene mi ciudad, mi Lagos de Moreno. Apenas se asoma la luz del sol y se ameniza la mañana con el canto de las golondrinas, que desde temprano buscan lodo fresco para construir sus nidos, y que parecen platicar de que tan dura fue la noche. Las calles que lucían desiertas, se van llenando de gente trabajadora, gente que despierta temprano porque deben sustentar una familia, estudiantes, obreros, oficinistas, amas de casa, todos salieron temprano para alcanzar a apreciar el aroma de tierra mojada, ese rico aroma que nos causa tanto placer al percibirlo, acompañado de un clima tan fresco que no es necesario llevar chamarra puesta, con una taza de café o chocolate caliente antes de salir es suficiente, acompañado claro de una pieza de pan. Se apresuran madres con sus hijos para llegar a tiempo a la escuela. Ya pasado el arrebol, las calles vuelven a lucir vacías, aunque no por tanto tiempo, a los pocos minutos salen viejitas a barrer sus banquetas, llegan los panaderos a surtir pan caliente, abren las tienditas para recibir a las señoras que ya no tienen leche para el desayuno, y aprovechan la vuelta para comprar huevos para el almuerzo, y las golondrinas siguen aprovechando el lodo fresco antes de que el sol lo reseque, los perros de la colonia que no son de nadie pero a la vez son de todos, salen a buscar a su panadero favorito, menean sus colas con tanta emoción que pareciera que se les zafara la cadera, ese ritual tan simpático y tierno para que les regalen un pan de ayer, pero, hay quienes son más bondadosos y los premian con pan de hoy.
Se llega el momento en el que vuelve a verse sola la calle, solo un señor algo mayor sale a regar su jardín, pasan pocas personas, los niños ya están en las escuelas, los padres ya están en sus trabajos, y las madres ya están en sus casas, los perros ya desayunaron, y después de rondar la colonia un rato, se echan a dormir un poco, las golondrinas ya terminaron de recolectar lo necesario para sus nidos, y después de estar practicando toda la mañana en la recolecta, ahora se posan sobre el cableado de luz a interpretar hermosas canciones, en ocasiones alguna de ellas se equivoca y parece que discuten entre sí, son solo ruido para quienes no saben apreciar lo bonito de la vida, pero pocas son las personas que toman un buen lugar para disfrutar del concierto, el señor que dejo de regar hace media hora, la viejita que dejo de barrer su banqueta, y yo. Un concierto privado para tres personas.
El director de orquesta es aquel gran pino, que con su rama simulando una batuta, empieza a menearse suavemente guiando a las golondrinas en su canto, suenan las cuerdas, los viento-metales y los viento-maderas, seguidos de las percusiones, la golondrina más pequeña sale de ritmo, pero es casi imperceptible, el concierto dura horas y ni se nota que pasa el tiempo, el señor que regaba saco un banquito para estar más cómodo, la viejita que barría se sentó en su silla mecedora a tejer mientras escucha el concierto con la puerta abierta de par en par, yo, me senté en la banqueta y pude apreciar tantas emociones que por un momento olvide que estaba en plena calle.
Después de un buen rato, las golondrinas cierran el concierto con la mejor pieza que tienen, un perro que descansa bajo un carro estacionado, mueve sus orejas como si fuesen antenas tratando de sintonizar la frecuencia de aquel hermoso canto, de pronto, y como si estuviera bien planeado, el viento que soplaba ligeramente, deja de menear las ramas de aquel gran pino, las golondrinas callan de golpe, se aprecia un silencio que otorga tanta paz y tranquilidad que hasta el señor que regaba se quedó dormido en su banquito, recargado en la pared de su casa, después de unos segundos, las golondrinas hacen un escándalo enorme, como cuando termina una obra de trato o una función en el cine, parecen platicar de lo bien que les fue esta vez y que es lo que harán después. La viejita se mete a su casa, casi es tiempo de preparar el almuerzo, aquel perro bajo el carro, se fue sin que nadie lo notara, el señor que se quedó dormido, despierta confundido y apenado, sin saber cuántas personas lo vieron, yo, me levanto un poco tullido de estar tanto tiempo sentado en el concreto, entro a mi casa y es imposible seguir escuchando el desmadre que las golondrinas traen, es algo así como un salón de clases cuando la maestra no está.
Cae la tarde y aparentemente hoy no habrá lluvias, pero sin duda alguna, hoy fue mejor día que ayer, hoy me sentí más vivo, hoy pude ser feliz con algo tan sencillo como lo es; el canto de las golondrinas.
Comentarios
Un relato entrañable, realmente entrañable. Lo bien que has iniciado y has guiado una cotidianidad cualquiera. Bien redactado y mejor conjuntado sintácticamente.
Sólo un apunte, que en nada desmerece tu excelente texto:
ahora se posan sobre el cableado de luz a interpretar hermosas canciones,
Quizás suene mejor (nunca mejor dicho) cambiar canciones por melodías.
Te felicito, Diego, sabes manejar bien tu péñola.
Por cierto, tal vez sea de tu interés unirte al hilo "Os propongo un juego", seguro que nos enriquecemos con tu ingenio.
Saludos cordiales
Gracias!