
(the human research, Meditated: Il silenzio dell´esaurimento
By Gilbert Kruft-)
He dirigido el panóptico de tu cotidiana y súbdita realidad, me he resguardado en tus penas para fortalecer tus brazos que solo abrazaban almohadas, te he pedido que me olvides y detrás del sobre que envolvían con tu nombre las rosas de caracoles que comprabas en el puerto, hoy, revolviendo sin corazón las pelusas de aquel viaje, encuentro una carta.
Me río y disimulo como si nada aconteciera, la dejo un lado por soberano respeto a mi alma rota, teatralizando un olvido, que a pasos tu ausencia me recuerda. La casa esta vacía y mi figura se esfuma entre cajas y paquetes de la última mudanza, debería resistirlo, pero me miento a mi misma y desordenando el aire que descansa en la habitación la tomo como pócima de cuentos, esperando que al beberla, sin arrepentimientos, provoques el milagro de volver a matarme.
Me río, y como siempre, vuelve tu voz a mi pecho leyéndome las líneas que encuentro tras la luz de las ocho de la tarde.
Un espasmo y el final, grita te amo. Imágenes que violentas se caen de mi cabeza y mueren al esfuerzo de seguir tu lontana, ahora, compañía. Me has contado todo, tan secretamente que se ha ocultado por más de dos años y yo sin saberlo, sin jamás percatarme de que lo habías hecho, que razón había de enamorarme.
Un absorber del silencio que va cortando mis entrañas y hace de mi soledad, mi hastío, mi secuela de tus besos nonatos, e infarta mi alma en llanto. Ahogada, desparramada en la madera, equivocada, releo cada frase y detrás de cada una, tu muerta –quizás- concupiscencia.
Y ahora te odio y te sufro, congelando el momento, azotando la ironía de que por fin piso Bologna, mi nuevo trabajo, donde se criaron tus risas…Un impulso desordenado enreda mis pies y tropiezo y levanto, y corro, y bajo estrujando cada escalón con tiros secos de mis tacos. El taxi. La casa de Kruft.
Son las diez de la noche en tu cielo italiano, la puerta que me has contado y junto a ella el timbre que tanta risa nos provocó cuando Gilbert contó que había roto para que solo los perseverantes entren a su taller. Golpeo y me alejo unos pasos, espero y me muero, y revivo, y golpeo…La puerta se habré y Gilbert dibuja una sonrisa del barrio latino de paris, que hacia rato no encontraba, después un abrazo de insoportable necesidad y mi boca que lo escupe todo sin el 2/4 de mi tango natal.
Gilbert me mira y en vez de darme el ansiado consejo, evitando la vulgar tontería de tirar las palabras me dice:
-Esta es la última pieza de mis obras preferidas…Il silenzio dell´esaurimiento, ¿sabes lo que significa?-mientras se sienta en una sillita vieja que calza con su barba alemana y sus ojos que copian al bronce que trabaja-
-Si- me siento junto a el observando los brazos cansados del metal al que le dio, con sus manos arrogante tristeza y cansancio.
-Ahora dime…Todavía lo amas?, con sus manías, lo amas? Cabe en tu corazón su ego y el tuyo?- y sabiendo la respuesta alimenta la pipa que se hace extensión de sus labios, después una mueca, y el fin, una sonrisa por donde se escapa el humo.
Uso el silencio desencriptando mis pensamientos porteños en palabras italianas para poder decirle con seguridad:- Si.
-sabes por qué es mi pieza favorita?
Lo observo y espero, después de un momento, me mira diciendo:
-porque después de sentirse exhausto, después de terminar de caer en el pozo de lo inerte y rutinario, después de saborear tu alma casi muerta del cansancio, haces los cambios necesarios para sentirte eternamente vivo. Esta es tu familia también, y así lo has demostrado tocándome la puerta; tu no tienes nuestra sangre, pero tus ojos tienen el alma de mi segundo hijo…Ahora, ahora es tarde para mi, pero tu tienes tiempo de llegar al aeropuerto.
Veintitres horas más tarde estoy debajo de un letrero que reza: Welcome to Los Angeles, frente a mi su figura y en su abrazo, mi alma.
Chema.
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