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El baúl

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado abril 2025 en Narrativa

El baúl

En el rincón más polvoriento del desván de la vieja casa de la abuela, justo debajo una ventana que apenas dejaba entrar la luz, había un baúl de madera. Era grande, oscuro, con herrajes oxidados y una cerradura que ya no cerraba. Aquel baúl había estado allí siempre, o al menos desde que Andrea tenía uso de razón. Nadie le prestaba atención, como si fuera un objeto más entre muebles rotos, cajas apiladas, trastos inservibles y telarañas.

Pero un sábado por la tarde, mientras la lluvia golpeaba el techo de la casa con furia y el viento ululaba entre las rendijas, Andrea subió al desván en busca de objetos olvidados. Su abuela había fallecido hacía un mes; y, desde entonces, la casa parecía guardar secretos en cada uno de sus rincones más recónditos. Andrea sentía una extraña atracción por ese baúl desde niña, una especie de intuición que hoy, por fin, decidió descubrir.

Se agachó frente al baúl y pasó suavemente una de sus manos por la tapa de cierre. El polvo levantado la hizo toser, pero no se detuvo. Abrió con esfuerzo la gruesa y pesada tapa y, al hacer eso, el crujido de la madera pareció romper el silencio del desván, como una exhalación contenida durante años.

Lo primero que vio eran papeles amarillentos, atados con cintas descoloridas: cartas, periódicos, fotos en blanco y negro… Había también un vestido blanco de encaje cuidadosamente doblado, una muñeca de porcelana con una grieta en el rostro, una caja de música que, al girarla, emitió una melodía dulce y melancólica. Cada objeto que descubría parecía contar una historia, como si el baúl fuera un santuario de memorias.

Andrea cogió una carta al azar. La caligrafía era de calidad, pero la tinta estaba desvaída por el tiempo. Estaba dirigida a un tal Adolfo, y firmada por Carmen, el nombre de su abuela. La leyó con el corazón encogido:

Amado Adolfo. Han pasado ya dos semanas desde que partiste, y mi corazón se siente vacío sin tu sonrisa. Te estoy escribiendo desde el jardín, bajo el cerezo que tanto te gusta. Floreció temprano este año, como si supiera que lo esperabas. Te echo mucho de menos. Vuelve pronto. Siempre tuya, Carmen.

Andrea sintió que el mundo se detenía por unos momentos. Jamás había oído hablar de ese Adolfo. Su abuelo se llamaba Luis, y según le había informado su madre, sus abuelos se habían conocido de jóvenes y se habían casado al poco tiempo de conocerse. ¿Quién era entonces Adolfo? ¿Quizás un Amor secreto? ¿Quizás un primer Amor perdido?

Siguió leyendo carta tras carta, y los fragmentos de historia se iban completando como piezas de un rompecabezas. Adolfo había sido el Amor de juventud de su abuela: un joven y apuesto músico que tocaba el violín en una cafetería del centro. Se conocieron en el verano del 1943, cuando Carmen tenía apenas diecisiete años. Se amaron con la intensidad de quienes creen que el tiempo es eterno. Pero él fue llamado a servir a su patria en el extranjero, y nunca regresó. La última carta que Carmen le escribió estaba manchada de lágrimas. En ella, le decía adiós.

Andrea se quedó un rato en silencio, sosteniendo la caja de música entre las manos. ¿Cuántas veces habría su abuela abierto ese baúl para revivir ese Amor? ¿Cuántas veces había llorado en secreto por aquel joven que nunca volvió?

Entre las cartas, encontró también un cuaderno con las tapas desgastadas. ¡Era un diario! En sus páginas, su abuela relataba no sólo su Amor por Adolfo, también su decisión de seguir adelante. Contaba cómo conoció a Luis y cómo aprendió a quererlo con ternura, aunque sin el fuego de su primer Amor, cómo formaron una familia, cómo eligió la estabilidad y el cariño sobre la pasión desbordada. Era un testimonio profundamente humano, honesto, sin máscara.

Andrea se sintió conmovida hasta lo más profundo de su corazón. Su abuela, a la que siempre había visto como una mujer fuerte y sabia, se le revelaba ahora en su más pura humanidad: frágil, enamorada, rota y reconstruida.

En el fondo del baúl halló un sobre cerrado, con el nombre de Andrea escrito en letras mayúsculas: "Este sobre es para mi única nieta, Andrea, que lo abra cuando yo ya me haya ido de este mundo".

Con manos temblorosas, lo abrió. El papel que había dentro decía:

Queridísima nieta. Si estás leyendo esto, es porque has abierto el baúl. Siempre imaginé que serías tú quien lo haría. Eres curiosa, intensa, valiente. Este baúl guarda mi pasado, mis recuerdos más íntimos, mis verdades. No fue fácil vivir con ellos, pero aprendí a atesorarlos sin dejar que me dolieran. Te informo que la vida no siempre se trata de elegir lo perfecto, sino de construir algo bello con lo posible. He amado profundamente, y también he sufrido. Pero no cambiaría nada. Ese baúl es tuyo ahora. Llénalo con tus propios recuerdos, tus cartas, tus errores, tus aciertos, tus divertimentos, tus amores. Porque al final, eso es lo único que queda: lo que recordamos, y lo que dejamos atrás para que otros lo recuerden. Te quiero. Tu abuela, Carmen.

A Andrea se le paró el tiempo, no atinaba a saber cuánto pasó allí, sentada sobre el suelo del desván, rodeada de cartas, fotos y emociones. Cuando recuperó la normalidad y volvió a cerrar el baúl, no lo hizo con tristeza, sino con una bella sonrisa. No lo vio más como un baúl de nostalgias, sino como un puente entre generaciones.

A partir de entonces, cada día subía al desván, no sólo a leer las diferentes historias de su abuela, sino a escribir las suyas propias. Celosamente guardaba cartas, fotografías y pequeños objetos con significado. Porque comprendió que cada vida está hecha de momentos que merecen ser recordados, y que el Amor, aunque cambie de forma, nunca muere.


A Chávez López
Sevilla abril 2025

 :)

 

Comentarios

  • ¡¡Una verdadera joyita literaria!!
    Van mis felicitaciones, poeta.
    Shalom javer
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    betobrom dijo:
    ¡¡Una verdadera joyita literaria!!
    Van mis felicitaciones, poeta.
    Shalom javer

    Gracias, Beto. Te leo en LIteranoicos, aunque a veces no comento.

    Saludos

     :)
     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado abril 2025
    betobrom dijo:


    Significativa imagen. Desde ahora, todo lo que lea tuyo haré mis comentarios, que, en realidad, siempre lo he hecho con todos los compañeros, más que nada por cortesía, pero reconozco que a veces se me pasa, no por desgana sino por despiste u olvido.

    Saludos

     :) 

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    Que bonito encontrar cosas tan significativas ,un baúl es algo mágico  :)
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado abril 2025

    Que bonito encontrar cosas tan significativas ,un baúl es algo mágico  :)

    ¿Qué familia no ha tenido o tiene aún un baúl con recuerdos o una simple caja de cartón para los zapatos con fotos antiguas? Creo que esto es de las pocas cosas universales que conservamos.

    Un saludo para ti y para tu Sevilla colombiana, jefa

     :)
     
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