ManuelaManuela era una mujer corriente, de acuerdo, pero una mujer extraordinaria. Y yo no debía descalificarla y pensar que era justo lo que hacía.
Se había casado quince años atrás: siete hijos y dos abortos.
Entre sonrisas ribeteadas de amargura, contaba que, aprovechando las contadas veces que no estaba en cinta, su marido quería llevarla a la ciudad, a echar el día. Pero ella se negaba a ir sin su patulea de hijos. El marido se enojaba, pero pronto sonreía y le decía: “vale, arréglalos”.
Y entonces se entregaba a la tarea, y era encomiable acicalar a tantos críos en tan poco tiempo. Y cuando, por fin, llegaban a la parada, el autobús había partido. “Otra día será”, decía, resignada. Pero su marido cogía un cabreo descomunal. Y siempre que se presentaba una oportunidad así, los resultados eran los mismos.
A Chávez LópezSevilla mar 2015
Comentarios
Van mis FELICITACIONES.
Cosas, absurdas quizás, que se me ocurren o que he visto en la calle y enseguida las plasmo en papel.
Gracias y saludos afectuosos