La humanidad se está yendo a piquePocos después de que me diesen la Primera Hostia, y de esto hace ya la tira, me daba cuenta de quién era el amo del mundo: S.A.R. El Dinero; constructor y destructor, decisorio e irrisorio, malo y bueno. Y me gustaría, ¡sí, me gustaría muchísimo! que se le diese una oportunidad al Romanticismo. Peor no nos iría. Convencido estoy de ello. Pero no, al Romanticismo ni agua, ni calva. ¡Qué pena!, y qué pena porque vamos condenándonos irremediablemente a la condenación. Cada vez estamos más en guardia, más a la defensiva. Y así nos va: renqueantes, cortos de caletre, sin oxígeno apenas, al límite, mal, fatal, mortal de necesidad… y lo peor de todo es que no se vislumbra un cambio.
Con los años hemos ido construyendo, quizá ingenuamente o quizá deliberadamente, un muro como aquél alemán, el que ya cayó. Pero este nuevo nuestro es impertérrito, de acero y cáustica, infranqueable e inaccesible a toda concordia.
Ha mucho ya que no vamos de ley, que pasamos los unos de los otros, que no hablamos, sólo preguntamos y respondemos, pero con monosílabos y por pura fórmula. Y no todos. Y no siempre. Y regreso a lo mismo, al Dinero, el enemigo universal número uno. Y por culpa del Satanás Dinero nos trabamos, nos herimos, física y moralmente, incluso nos matamos. ¡Y qué bueno sería que no fuera así!
No hay que ser demasiado inteligente para saber que no hay nada mejor en la vida que la vida misma, pero no siempre la valoramos. Los palos que vamos recibiendo, en el difícil caminar, nos van trastornando, hasta el extremo de odiarla. Craso error. Y esto nos pasa por no saber ubicar nuestros propios avatares en su sitio justo. Arrestos (ovarios y testículos) en la sabiduría para llevar a cabo lo que se debe hacer en cada momento, no está a tiro del necio, como tampoco el Amor, y sólo amando y amándonos los unos a los otros es cómo únicamente podríamos disfrutar de una buena convivencia, en usufructo común.
Pero somos indolentes, y esta indolencia es tan compulsiva que evita que nos entreguemos a una gimnasia espiritual. Y, claro, después pasa lo que pasa, que olímpicamente le endosamos el marrón al azar, pero éste, carámbano es, y para la humanidad un hielo así es letal. Pero si buena parte de…no, rectifico, si la humanidad entera obrase por y con Amor, cabría esperar un milagro del Dios Imponente, Señor de los ejércitos y Juez inflexible: milagro contagio le podríamos llamar, como un bálsamo divino. Consecuentemente, el mundo iría a más justo, más bondadoso, más humanitario... ¿Utopía? Es probable, pero se me antoja que utopía es el principio de un progreso, el marketing de un futuro mejor.
¿Se imaginan un mundo sin guerras, sin egoísmos, sin maldades, sin enemistades; por contra, un mundo con Amor, Paz, concordia, y todo lo bueno que El Dador puso al alcance del humano, que nadie ignora, pero insensatos somos y desidiosos habemos?
No obstante, hay quienes pagan con su vida el haber hecho el bien. Por contra, quienes son el mal en persona, que además se creen que el desiderátum de sus “heroicidades” está en su pernicioso récord, y a más peyorativos, más pus para seguir, ufanos y afanosos, con sus crueldades. Impunemente actúan, amparados en el coercitivo de presunción de inocencia. Son la ESCORIA (Estiércol-Saña-Cáncer-Odio-Ralea-Impudicia-Asco) de la humanidad.
Conseguir una humanidad mejor nos obliga, necesariamente, a ser generosos con los demás. Dar gustosamente todo lo que esté en nuestras manos con tal de alcanzar este fin; que, sin duda alguna, es el mayor jubileo que jamás podría soñar el más humanitario de los humanos.
Antonio ChávezSevilla dic 2023
Comentarios
Hay qué acabar con todo el dinero, foreros, para vivir libres.
Deposítenlo en mi cuenta bancaria y yo me encargo de deshacerme de ese engendro del mal.
Lo lógico es que lo ingresen en mi cuenta
Gracias por tu requiebro hacia mi texto, Paula.
Aprovecho para decir que lo que se hace necesario es que las grandes fortunas del mundo cedan gratuitamente parte de su dinero a los más necesitados, y así se iría estableciendo más equidad entre todos los seres humanos.
Saludos
Un abrazo
Lo más alaramente, Paula, es que cada vez es menos minoría; sí, que cada vez hay más ricos. Lo que es una mayoría absoluta es la pobreza. El rico quiere más por día y el pobre se está resignando más por día. Y es más que sabido que cuando te derrumbas, te pisan más; es decir; el título de este hilo: "la humanidad se está yendo a pique", y actualmente más que nunca. ¿Solución? No lo sé, quizás un curso intensivo de fraternidad, pero un curso de esos que zamarree los citoplasmas sensibles.
Saludos
Saludos
Mucho tendría que cambiar todo. No tengo vocación de Madre Calcuta y mucho menos de Dios, pero sí de filántropo, y hago lo que puedo hacia la gente vulnerable.
¿Utopía? Es probable, pero se me antoja que utopía es el principio de un progreso, el marketing de un futuro mejor.
Yo también lo creo: y comparto que no dejar morir el romanticismo, lo que se considera romanticismo, a menudo con un sentido desdeñoso, es necesario.
Creo, además, que una utopía realista es posible, porque la humanidad no es intrínsecamente buena ni mala; y cambiar y mejorar no es sólo un deseo moral romántico, es también (ahora más que nunca) una necesidad.
Eso sí, para llegar al cambio me temo que antes tendrán que obligarnos a abrir los ojos y admitir su necesidad las propias circinstancias; por poner sólo un ejemplo que nos atañe a todos, la emergencia climática a la que estamos haciendo oídos sordos. El romanticismo no basta.
Con los años hemos ido construyendo, quizá ingenuamente o quizá deliberadamente, un muro como aquél alemán, el que ya cayó. Pero este nuevo nuestro es impertérrito, de acero y cáustica, infranqueable e inaccesible a toda concordia.
Uno de los muros, de los muchos muros actuales, más infranqueable es interior: el de la la indiferencia ensimismada y el individualismo absoluto. No sentimos que nos toque nada fuera de nuestra inmediatez, no nos conmueve nada que no nos concierna personal o directamente; estamos tecnológicamente interconectados con todos y cada uno de los puntos del globo, podemos ver lo que pasa en el último resquicio del planeta, más informados que nunca y a la vez más aislados que nunca. Pero ni entendemos ni nos apela nada de lo que vemos.
No hay que ser demasiado inteligente para saber que no hay nada mejor en la vida que la vida misma, pero no siempre la valoramos
Pero no lo somos. Totalmente de acuerdo.
Un saludo y un abrazo fuerte, Antonio
En definitiva, amiga Sarasvati, la humanidad es un desastre.
Más fuerte para ti