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Jano
Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
La planta 13
El Hotel Diamante no hacía honor a su nombre, un diamante es algo brillante y hermoso y que agrada a todo el mundo, pero el Diamante estaba viejo y destartalado y solo había podido conservar una de las cuatro estrellas que tuvo cien años atrás. Aún así, clientes no le faltaban ya que se encontraba en pleno centro de Barcelona. Tenía ciento cincuenta habitaciones repartidas en quince plantas, 10 por planta. Los clientes eran en su mayoría turistas de mochila y alpargata o familias numerosas en viaje vacacional cargadas de niños gritones y maleducados, vamos, que estaban en concordancia con la decadencia del hotel. En las paredes del salón podían verse fotografías en color sepia o en blanco y negro de celebridades que se habían alojado en el Hotel Diamante en sus tiempos de máximo esplendor. Podían verse las caras sonrientes de Rodolfo Valentino, Mary Pickford y Douglas Fairbaks entre otros famosos de la misma época fotografiados en la entrada o en el salón del hotel.
Ramón Ramirez era el recepcionista de noche en el Hotel Diamante y en ese momento se encontraba ejerciendo sus funciones detrás del mostrador. A Ramón poco le importaban los famosos retratados en el salón, formaban parte de un pasado que le resultaba tan lejano como el antiguo esplendor del hotel. A Ramón le gustaba el turno de noche, era muy tranquilo, había poco movimiento y eso le permitía dedicarse a una de sus actividades favoritas, la lectura. Esa noche había empezado la lectura de “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens. Se la había recomendado su cuñado que, a pesar de que era un pedante insoportable, sabía escoger sus lecturas.
“Es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos...”
Le interrumpió el sonido de la campanilla al abrirse la puerta de entrada. Cerró el libro,lo guardó bajo el mostrador y dirigió su mirada a los visitantes. Estos formaban la pareja mas dispar y estrambótica que Ramón había visto entrar en los ocho años que llevaba tras ese mostrador.
Eran dos hombres y cada uno de ellos llevaba una maleta, pero no era eso lo que los hacía tan particulares, sino el aspecto de los mismos.
El primero era el hombre más alto que Ramón había visto nunca, si exceptuamos algunos jugadores de baloncesto, pero a esos solo los había visto por televisión, así que no contaban. Debía medir unos dos metros diez y todo lo que tenía de alto lo tenía de delgado, era de una delgadez extrema, parecía que solo tuviera la piel y los huesos. Iba vestido con un traje gris, camisa blanca y corbata negra, calzaba unos zapatos negros y se sujetaba los pantalones con un cinturón negro a juego con los zapatos. Sobre su cabeza llevaba un enorme sombrero tejano de color blanco.
El segundo hombre era el opuesto de su compañero, ya que era un enano, debía medir poco más de un metro y Ramón pensó que si pudiese medir su cintura esta sería mayor que su altura. Vestía exactamente igual que el alto, a excepción del sombrero. El hombre bajo llevaba un sombrero cordobés.
Ramón pensó que debía de haber llegado un circo a la ciudad: “Pasen y vean al hombre más alto y delgado del mundo y a su hermano gemelo, el hombre más bajo de la Tierra.”
Dejó de divagar y sonrió a los visitantes.
-¿Puedo ayudarles en algo, señores?
-En efecto- dijo el alto. - Nos gustaría alquilar por tiempo indefinido toda una planta del hotel.
-¿Toda una planta?
-Eso he dicho. Dentro de veinticuatro horas llegarán varios colegas nuestros y queremos disponer de toda la planta.
Ramón volvió a pensar en un circo y se imaginó el hotel lleno de acróbatas y payasos.
-No se si eso será posible, caballeros, aunque no estamos llenos, tenemos clientes en todas las plantas.
-Vera...Nos consta que la planta que queremos alquilar esta vacía y nos gustaría echarle un vistazo antes de hacer la reserva.
-¿Una planta vacía?
-Si. Concretamente la planta 13.
Ramón quedó estupefacto al oír esa respuesta. El Diamante, al igual que otros muchos hoteles, no tenia planta 13. Pasaba directamente de la 12 a la 14. Es una costumbre de muchos establecimientos para evitar conflictos con clientes supersticiosos.
-Querrá usted decir la planta 14, señor.
-No. Queremos la planta 13.
-Pero la planta 13 no existe, esto es para evitar...
-Se a lo que se refiere. Pero le aseguro que la planta 13 estará ahí para nosotros. Si no le importa, podemos coger el ascensor y lo comprobará.
Comentarios
Ramón siguiendo aquella máxima que dice que el cliente siempre tiene la razón, ordenó al botones que cargara con las maletas y llamó al ascensor. Cuando este llegó a la planta baja el hombre alto y el hombre bajo entraron en él seguidos del botones y finalmente de Ramón, que al mirar la botonera, abrió tanto la boca por la sorpresa, que casi se desencaja la mandíbula. Allí estaba el botón que llevaba a la planta 13, justo entre el 12 y el 14, del mismo tamaño que estos y a la misma distancia de ambos, como si siempre hubiese estado ahí. Pero él había subido a ese ascensor miles de veces y nunca había visto el botón número 13, después del 12 siempre había estado el 14.
Pulsó el botón sin poder salir completamente de su estupor y el ascensor se puso en marcha. Uno a uno los botones se fueron iluminando y apagando, 1, 2, 3..., 11, 12, 13.
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-Ramón,¿ha estado usted bebiendo?
-No don Anselmo, ya sabe usted que soy abstemio.
-Entonces, ¿qué son todas esas tonterías de la planta 13?
-Le aseguro, don Anselmo, que estoy tan sorprendido como usted, pero esa gente acaba de alquilar toda la planta 13 y se han instalado en la habitación 133.
Don Anselmo Rius era el bisnieto de Anselmo Rius, fundador del Hotel Diamante. A través de cuatro generaciones, los primogénitos de la familia habían heredado tanto el hotel como el nombre de su fundador. Tanto el padre como el abuelo del señor Rius también se habían llamado Anselmo. También su hijo se llamaba así y algún día, heredaría el Diamante.
Don Anselmo se acercó al mostrador de recepción y echó un vistazo al libro de registro donde pudo ver lo siguiente:
Mr. Jhon Robertson, hab. 133.
Mr. Robert Jhonson, hab. 133.
-Curioso parentesco el de esos dos. ¿No cree?
-No diga tonterías Ramón. Así que están en la 133. Eso les ubicaría, efectivamente, en la planta 13. Lo malo, es que el Diamante nunca ha tenido una planta 13. ¿Quiere usted explicarme cómo los ha llevado ahí y cómo les ha abierto la puerta? Una puerta que no existe y para la que nunca hemos tenido llave.
Ramón contó a don Anselmo lo sucedido.
-...Sencillamente la planta y las habitaciones estaban allí, y también las llaves en el llavero de recepción. Solo que parecen existir solo cuando ellos están cerca.
-Venga conmigo.
Don Anselmo se encaminó al ascensor seguido por Ramón, entraron en él y examinaron la botonera. Después del 12 estaba el 14, ni rastro del botón número 13. Don Anselmo pulsó el 14 y cuando llegaron a esa planta bajaron por las escaleras que les condujeron directamente a la planta 12.
-Ramón, ¿seguro que no sufrió usted algún tipo de alucinación?
-Ya ha visto usted el libro de registro, don Anselmo. Además pagaron por adelantado el alquiler de una semana de toda la planta.
-Seguro que tiene que haber una explicación lógica para todo esto- dijo el señor Rius mientras llamaba al ascensor para volver a la planta baja. El ascensor tardo un poco más de lo esperado, ya que solo tenía que bajar una planta. Ese retraso quedó explicado cuando se abrió la puerta y pudieron ver a dos hombres en el interior. Anselmo Rius los reconoció en el acto gracias a la descripción que le había hecho Ramón. Eran Jhonson y Robertson.
Es señor Rius y Ramón entraron en el ascensor y pudieron comprobar que en la botonera figuraba el número 13.
-Buenas noches, caballeros.-dijo el señor Rius
sobreponiéndose a su estupor.- Soy Anselmo Rius, propietario y gerente de este establecimiento.
Jhonson y Robertson se presentaron y estrecharon la mano del señor Rius.
-Señores, no quisiera parecer indiscreto, pero comprenderán que todo este asunto necesita una explicación. ¿Pueden ustedes darme alguna?
Jhonson y Robertson se consultaron con la mirada y parecieron llegar a un entendimiento silencioso.
-Ciertamente, creemos que se merecen ustedes una explicación Mr. Rius.- dijo el hombre alto, que se había identificado como Jhonson.- Pero deberíamos buscar un lugar más privado donde estuviéramos a salvo de interrupciones indiscretas.
-¿Les parece bien mi despacho?
-Será perfecto. Por favor ¿No le importa que Ramón también asista a esta reunión? Esto también le afecta como podrán comprobar.
-No tengo ningún inconveniente.
Curioso pero corto texto el de esta primera parte de tu "La Planta 13" (no podría ser otro número, para que concuerde con supuestas supersticiones). Espero con ganas las otras partes de las que hablas.
La sencillez con la que dejas correr la pluma es digna de un escritor consagrado. Desde luego, esto se acerca un poco o un mucho, según se considere, a películas de Hitchcock.
El pobre Ramón, mientras "ese dúo especial estaba cerca de él, tendría todo el tiempo salida del cuello la camisa unos cuantos centímetros. Y el Sr Rius no salía de su asombro.
Si me permites, Jano, me gustaría añadir algunas sugerencias.
- El Hotel Diamante no hacía honor a su nombre, un diamante es algo brillante y hermoso y que agrada a todo el mundo, pero el hotel Diamante estaba viejo y...
No es que se preste a confusión, porque lo explicas bien, pero quizás debas incluir, para matizar, de nuevo la palabra "hotel".
-Don Anselmo Rius era el bisnieto de Don Anselmo Rius, fundador del Hotel Diamante....
Al referirte al parentesco, por cortesía y por más edad y también por ser el fundador del hotel, el tratamiento de "Don" al bisabuelo es casi obligado.
- Jhonson y Robertson se consultaron con la mirada y parecieron llegar a un entendimiento tácito y silencioso.
Añadiéndole "tácito" complementa eso de "se consultaron con la mirada".
A ver que más intrigas nos entregas en adelante, amigo Jano.
Mis felicitaciones. Un saludo afectuoso.
—Vera... Nos consta que la planta que queremos alquilar esta vacía y nos gustaría echarle un vistazo antes de hacer la reserva.
Respecto a la historia, aún está sin terminar pero es intrigante y eso es un punto positivo porque engancha al lector. Tiene una ligera comicidad eso de que se llamen John Robertson y Robert Johnson.
La lectura me ha parecido amena. No se me ha hecho tediosa y ese es un punto muy positivo.
Celebro que la historia os haya enganchado. Para los impacientes, podeis ver el final en mi blog aquí:
https://ventanaaotrosmundos.blogspot.com/2010/12/la-planta-13.html#more
Iramesoj
Tampoco yo encuentro esa raya en mi portátil, por más que la he buscado con pruebas inverosímiles. Recuerdo que una vez me recomendaste hacer algo al respecto, pero nada, Mi portátil es un LENOVO. Si pudieras ayudarme de nuevo, te lo agradecería.
Abro tu blog y no veo nada sobre "La planta 13"
Espero que os ayude esto:
http://www.novelaencurso.es/tecnica/guion-raya-1/
Un saludo
Guión largo (I): ¿Dónde encontrarlo?
Cuando estamos escribiendo diálogos tenemos que utilizar el guión largo.
Primero vamos a definirlo. Según la wikipedia un guión largo o raya es lo siguiente:
Aquí no voy a hablar de la manera en la que hay que colocarlos, eso vendrá en un próximo artículo, sino de cómo facilitar su utilización en dos de los editores de texto más utilizados: Word (Office) y Writer (LibreOffice/OpenOffice).
En ambos casos queremos utilizar el guión largo o raya, con código 2014 o 0151 en ASCII… pero no voy a complicaros con tantos números.
Guión largo en Word
En Word es relativamente sencillo y hay varias opciones.
La primera opción es utilizar Alt+0151 cada vez que queramos poner el guión largo (—), lo cual es un pequeño engorro.
La segunda opción genera algo más de trabajo la primera vez, pero luego te ahorra bastante tiempo.
Guión largo en Writer
En Writer no es más complicado.
Hay otra opción que necesitaría de macros y es más complicada, pero lo sencillo es bonito y así lo dejamos.Por la forma en que distribuyes la información, con un inicio completamente pasivo describiendo un edificio sin vida y luego agregando poco a poco los detalles, uno fácilmente puede identificarse con Ramón cuando empiezan a ocurrir los eventos inusuales.
Y justo es el tipo de historia que llama mi atención, así que me alegra saber que pronto veremos el resto.
Te dejo algunos apuntes sobre forma (en negrita los cambios que yo haría):
De hecho, lo que mencionas en esa frase es sumamente común: viajeros con maletas; así que sobra aclarar que no es lo que los hace particulares.
También yo observé algún que otro lapsus de signos ortográficos (tilde, coma, punto y coma, punto y seguido) además de los que señalas
- Aún así, clientes no le faltaban ya que se encontraba en pleno centro de Barcelona.
Ese aun no lleva tilde (como aún o todavía). Se podría cambiar por: "a pesar de eso..."
- Tenía ciento cincuenta habitaciones, (coma) repartidas en quince plantas, 10 por planta.
Y algunas más, pero siempre hay que saber interpretar el sentido de las sintagmas dentro de las frases, que nos lleva a una sintaxis perfecta.
No sigo citando porque, habidas cuentas, aquí de lo que se trata es de exponer nuestras opiniones sobre el texto y su argumento.
Tampoco soy yo un académico de la lengua.
Antes que nada, muy buen relato. La lectura es fluida y amena. Veo que esto va pintando a ser una historia de terror, al estilo de American Horror Story, así que voy a andar enganchado para ver como se desenvuelve la trama.
Otra cosa, veo que no te enganchas en un solo género. Vi que aquí subiste una historia de fantasía prehistórica, y aquí nos muestras una totalmente distinta. No todos los escritores logran hacer eso.
Ahora bien, yo también tengo problemas con los guiones largos, ya que mi computador no los carga programados, así que me he inventado el truquillo que buscarlos en Google o Bing, los copio y los pego en mi escrito.
Hay otra observación: el tamaño de la letra. A muchos lectores les resulta incómodo leer letras tan grandes. Yo mismo lo comprobé con el último capítulo de la precuela de mi libro (Competencia, del cual subí un fragmento en este foro que lleva directamente al blog), el cual vi que tenía muy pocas visitas. Hablé con algunos de mis lectores y me preguntaron ¿por qué las letras eran tan grandes? y me mencionaron que no se veían bien y que les "pateaba" leerlas. Atendí la solicitud y reduje el tamaño de las letras. ¿Qué crees que pasó? ¡Las visitas subieron como las espuma! Un capítulo que tenía 15 visitas, repentinamente llegó a tener 45 en solo una semana. A menos que haya una razón de peso, sugiero que pongas las letras más pequeñas, para que la lectura se disfrute más.
El otro detalle que se me escapó, es que esta historia me hizo recordar una película que vi hace muchos años (no recuerdo su nombre), en la que los trabajadores de un hotel habían organizado un culto satánico y su cuartel general era, precisamente, el piso 13 del hotel, al cual no se podía llegar, a menos que se supiera como.
Buenas Jano. Un relato entretenido y curioso. No te voy a señalar los errores de ortografía y gramaticales porque veo que los compañeros ya te los señalaron.
Tienes una prosa ágil, y se nota que sabes lo que quieres contar, y eso desemboca en que el texto se lea sin problemas.
La descripción de los visitantes, tan detallada, deja un poco huérfano lo demás.
Me explico:
No sabemos cómo es Ramón físicamente, ni Anselmo, y tampoco cómo están vestidos. En contrapartida dedicas un párrafo entero a contarnos la genealogía de Anselmo, algo que podrías explicar en una sola frase si quisieras.
No digo que lo cambies, pero siento que te centras en detalles que de pronto no son los más importantes.
Por ejemplo, sobre el hotel:
Creo que podrías describirlo más: la pintura de la sala principal, tal vez desgastada por el abandono; las lámparas antiguas o el olor a humedad, quizás.
Te lo comento porque me parece que, al no pasar mucho en este inicio, debes enganchar al lector de alguna manera, y la ambientación es muy efectiva, algo que trasmita la esencia del lugar.
De todos modos es pronto para saber qué nos depara esta historia, ya que el límite de palabras nos cortó en lo mejor, o sea, la explicación que iban a dar los visitantes.
Por lo pronto puedo decir que, si bien no terminó de engancharme del todo, entiendo que es poco lo que leímos aquí.
Me pasaré por tu blog a ver cómo continúa esto.
Saludos.
Por fin tuve acceso a tu enlace.
He leído con interés la segunda y última parte de tu "La Planta 13", y desde luego, iguala e incluso hasta supera en suspense a la primera parte.
El final, tan esperado por mí, me ha encantado. Maravillosamente ocurrente.
Y no añado más para no restar intriga a los restantes compañeros, a la hora de leer y de comentar la publicación de la segunda parte.
Por decir algo negativo, que, a los efectos finales, deteriora un poco el texto (según las normas de la gramática) deberías cuidar más el uso de las comas (,) y las tildes (´).
Mis felicitaciones
Un abrazo.
Hay pequeños detalles que, aunque no son esenciales a la trama (en principio), le agregan mucho color al texto, como por ejemplo la curiosa contraposición que existe entre los dos hombres misteriosos, tanto en sus nombres como en su apariencia. Ni que hablar de ese icónico extracto de la obra de Charles Dickens que has colocado ahí a la pasada. Los diálogos, por su parte, me resultaron totalmente naturales y bien estructurados.
Como recomendación, tal vez sería mejor que te explayaras un poco más el algunas descripciones o que quizás utilizaras un vocabulario un poco más amplio, principalmente a la hora de elegir adjetivos (tampoco es necesario que sea un gran cambio, eso va a gusto de cada uno)
"Iba vestido con un traje gris, camisa blanca y corbata negra, calzaba unos zapatos negros y se sujetaba los pantalones con un cinturón negro a juego con los zapatos. Sobre su cabeza llevaba un enorme sombrero tejano de color blanco"
Para ponerte un ejemplo, aquí utilizas palabras como "gris", "blanco", "negro" varias veces o, en otras ocasiones, utilizas en varias oportunidades palabras como "alto", "bajo", que no es que esten mal, pero no agregan demasiada información a aquello que estás intentando describir. Considero que deberías variar, buscar sinónimos o simplemente agregar ciertas tonalidades a lo que estás contando, tales como "era de color gris ceniza" o "la corbata era tan negra como la noche" (por nombrar algunos ejemplos sencillos). No lo considero un error, ya que esto va de la mano del estilo de cada escritor, pero tal vez podría enriquecer aún mas el relato, que ya de por sí esta muy bien escrito.
Una vez más, muchas gracias por vuestros comentarios.
Además la acción se desarrolla rápido y enseguida estamos introducidos en el misterio y el desconcierto, es una lectura muy ágil, que te deja con ganas de conocer el final.
Un saludo.